¿Cuál es tu ganadora de la historia de Eurovisión? ¡Cuéntanoslo en esta encuesta!
Lo intentamos año a año pero es imposible. El 31 de diciembre despedimos el año eurovisivo con el célebre ESC 250 de los compañeros de ESC Radio, y todos acaban de la misma manera. Al mismo tiempo que te metes doce uvas en la boca y casi te atragantas, en la radio suena Euphoria para despedir el curso. No hay manera de desbancarla como número uno indiscutible para el mundo eurofan.
Si bien desde el mismo año 2012, podemos pensar que Eurovisión no es igual gracias al terremoto que supone la canción de Loreen, nosotros, ni cortos ni perezosos, nos planteamos para este verano volver a preguntaros, esta vez vía Instagram, acerca del mejor ganador del festival, una vez más, no hubo sorpresas.
De manera que, partiendo de que la audiencia es soberana, nos era difícil asumir un resultado así, de manera que nos hemos juntado de nuevo en podcast para decidir el mejor ganador según nuestros pareceres. Sorpresivamente, tampoco nos hemos puesto de acuerdo, pero nos hemos echado unas risas y seguro que tú también podrás si te lo pones. Son todo ventajas, póntelo, anda.
Un King Of The Hill con sabor sueco
Si bien sería Loreen la vencedora del King Of The Hill, ABBA podría presumir de ser la candidatura en ganar más duelos con un total de doce. Salomé con 12, Lena en ocho, y Alexander Rybak y la turrita de su violín, vencieron siete. Empezando la andadura de este King Of The Hill avisando que temíamos que iba a ganar Euphoria, las predicciones se hicieron realidad, no porque seamos Sandro Rey (el vidente, no el chipriota), sino porque era evidente. Así que no habíamos dicho nuestra última palabra.
Una lista encabezada por Euphoria
Por último, os dejamos una playlist en Spotify en la que tenéis (casi) todos los temas que aparecieron el año pasado en el ESC 250. ¿Volverá a encabezarla el año que viene Euphoria? El tiempo lo dirá.
La historia habla de prácticamente sesenta años ininterrumpidos de España en el Festival de Eurovisión. RTVE desde 1961 es uno de los grandes de la esfera europea de radiodifusión, y con sus sombras y menos luces, su presencia en el festival ha sido un mantra inacabable, una cita ineludible.
Sin embargo, en 1994 la cosa pudo acabar con una desaparición al año siguiente y lo que es peor, anulando toda posibilidad de un gratísimo segundo puesto un año después también en Dublín. Esta es la historia del año de Alejandro Abad en Irlanda y de una salvación sobre la bocina.
Nuestras Movidas más recientes por escrito
Por escrito estamos muy bien, pero en podcast estamos incluso mejor
Hace unos días (el 25 del pasado mes) se cumplía un año del anuncio del regreso de España a Eurovisión Junior. Y casi un mes después (el 24 de julio) se anunció que la joven Melani García, amiga de Abracitos, nos iba a representar en Gliwice. Estamos, por tanto, en fechas en las que se debería anunciar, al menos, la continuidad de España en el certamen. Sin embargo, y excluyendo rumores inventados (y desmentidos), de momento no sabemos nada.
Es cierto que el pasado año había una gran necesidad de generar la cortina de humo que iniciara una huida hacia el frente ante la lluvia de críticas que estaba recibiendo RTVE. Y otra muestra de ello fue la (acertadamente) temprana elección de Blas Cantó como representante en la edición senior del Eurofestival. Con un (¿decepcionante?) tercer puesto, un batacazo en audiencias, una pandemia que anuló Eurovisión 2020 y una crisis interna en RTVE de por medio, queda claro que, de seguir en el certamen, ha de darse un giro.
Aciertos de la primera etapa
En su primera etapa, Eurovisión Junior fue un auténtico fenómeno en España. Y gran parte del éxito reside en el formato de selección: Eurojunior. Un formato que incluso eclipsó al propio Festival, sirviendo además como cantera para la industria musical. Grandes compositores implicándose en las canciones, candidaturas pensadas por y para los niños, programas diseñados para el disfrute de los más pequeños de la casa… es decir, que las candidaturas giraban alrededor del “Junior”, y no de “Eurovisión”. Y todo ello se veía reflejado en el éxito comercial (el disco de Eurojunior se vendía como churros), social (tener a toda una generación recordando aún las canciones del programa) y, por supuesto, televisivo.
A ello hay que añadir cómo desde la cadena se hacía ver que Eurovisión Junior era todo un acontecimiento, con presencia en buena parte de los programas de la corporación. Y si a todo esto le sumamos detalles como el poner a Fernando Argenta a comentar o a Lucho de Los Lunnis como portavoz de los votos, se generaban los suficientes elementos como para que cualquier niño no se perdiera la gala de aquella noche.
Los errores de la segunda etapa
¿Qué falló, entonces, en el regreso de España? Todo. En primer lugar, que la decisión de emitirlo por La 1 en vez de en Clan te aleja totalmente de tu supuesto público potencial (los niños). La televisión ha cambiado, y los pequeños han abandonado La 1 o La 2, donde antaño se emitía la programación infantil (y que ahora tienen un perfil más… anciano), para refugiarse en Clan. Esa desconexión con La 1 se podría recuperar si se emitiera algún programa de enganche, como en su momento fue Eurojunior, pero al realizar una elección interna se pierde todo tipo de atractivo.
Melani García representó a España en Gliwice – Fuente: Eurovision.tv
Tampoco hubo una representante reconocida por el público infantil porque, no nos engañemos, “un conocido concurso de talentos” (a.k.a. La Voz Kids) no es precisamente un fenómeno de masas. La elección del tema tampoco fue lo que se definiría como “infantil” (otra cosa es el mensaje de la misma), y quienes principalmente consumieron la canción fueron los eurofans.
Y ni siquiera la cadena se volcó con el evento. El “volver por volver” se manifestó en la no existencia ni tan siquiera de un previo o un post (caramba, ¡que sabíamos que íbamos a quedar bien! ¡Monta algo!), y el tercer puesto se vivió casi como un velatorio. A ello hay que sumar que no se hizo promoción adecuada de la posibilidad del autovoto (como sí que pasó en Polonia), y en la práctica solamente votó el público eurofan.
El formato tampoco ayuda
Por último, hablemos de lo que no depende de RTVE: el propio Festival. Fue una gala terrible en lo televisivo y en lo musical, con candidaturas a medio camino entre lo que debería ser el Junior y la edición de adultos. El sistema de votación es terrorífico, el horario es terrorífico (perfecto para competir con las películas suecas de Antena 3) y el concepto del certamen en sí es terrorífico (¿por qué narices quitaron el 12 de regalo para todo el mundo?). La EBU debe replantearse todo si pretende que el programa sobreviva con decencia.
A día de hoy, tan solo 10 países han confirmado su presencia en el Plató de Leganés Varsovia, incluyendo el debut de Alemania. ¿Se unirá España a la próxima edición de Eurovisión Junior? Es probable. Pero, si quieren hacerlo bien, han de tomar nota de todos aquellos errores que han cometido. Servicio público no es contentar a tal o a Pascual: es hacer una programación para todos. Y eso incluye a los más jóvenes.
También en Euromovidas.com: «El futuro de España en el Festival de Eurovisión».
¿Qué podemos esperar del futuro de España en el Festival de Eurovisión? Con la cancelación de la edición 2020, y con Blas Cantó confirmado como representante en 2021, RTVE se ha encontrado con el futuro a corto plazo resuelto. Sin embargo, sabemos que el gran problema de España en Eurovisión es la inestabilidad: los continuos cambios de sistema lastran la capacidad de lograr mejores resultados.
A ello hemos de sumar que, con la excepción de la elección de Blas, los planes españoles suelen anunciarse tarde, mal y a prisa. Por su parte, los países más exitosos en el certamen normalmente anuncian sus intenciones con tiempo suficiente. Además, habitualmente cuentan con formatos estables en el tiempo, por lo que todo el mundo en la industria conoce perfectamente el reglamento y la estructura competitiva. No obstante, los problemas de España en Eurovisión no se limitan a una cuestión de falta de tiempo, por lo que hemos de ver qué aspectos inciden directamente en el éxito de una candidatura.
¿Cuáles son los problemas de España?
Comencemos por el principio: ¿qué falla en las candidaturas españolas? Para ello, haré un balance de los últimos diez años (desde “Destino Eurovisión” hasta la elección interna de Blas Cantó) para centrarme en los cuantiosos fallos y en los escasos aciertos. Con ello no busco un ánimo destructivo: se trata de señalar lo que está mal para poder corregirlo. Y, por no extenderme demasiado, me centraré estrictamente en el apartado musical.
España cuenta habitualmente con un buen pilar: los intérpretes. En estos diez años hemos llevado cantantes que, en mayor o menor grado, han mostrado solvencia escénica. El problema es que esto es el “Festival de la canción de Eurovisión”. Por tanto, sin canción no hay resultado. Para entenderlo bien, echemos un vistazo al perfil de los artífices de crear esas canciones.
Si cogemos la lista de compositores de las últimas preselecciones españolas, vemos unos patrones comunes: nombres que se repiten (algunos dos, tres e incluso cuatro veces en una misma preselección), de origen sueco o vinculados al mundo eurofan (es decir, compositores que generalmente desarrollan su carrera de forma ligada al festival) y que, en muchos casos, intentan vender que una vez hicieron una canción que quedó bien en el certamen.
Entrando ya propiamente en las canciones, nuevamente vemos similitudes: canciones prefabricadas “para Eurovisión”, que han pasado por decenas de preselecciones sin resultar seleccionadas, que necesitan ser “producidas de nuevo” cuarenta veces, a las que han metido guitarras españolas para hacerlas “más nuestras” y que ningún cantante serio querría en su repertorio.
¿Cuál fue la excepción? El año 2018. La presencia de canciones compuestas de cero y compositores de renombre explicó el buen nivel general de aquella preselección. Con mejor o peor resultado, pero la mayoría de los temas estaban pensados para un artista, para contar una historia, para ser un hit de ventas… tenían un objetivo fuera de “ser eurovisiva”. El éxito televisivo del programa, así como su buena prensa, provocó que esos compositores se acercaran al concurso: vieron un beneficio.
¿Qué nos puede servir? Buscando referentes
Recurrentemente, desde el sector eurofan se emplea aquello de “hay que hacer como los suecos”. Sin embargo, obviamos un detalle: poco o nada tenemos que ver con ellos. Cultural, social y económicamente, los tres países más similares a España son Francia, Italia y Portugal. Todos ellos tienen pros y contras a la hora de aplicar sus fórmulas en España, pero nos pueden ayudar a formar una visión de conjunto.
De Francia podemos aprender de los errores… y de los aciertos. Sigo pensando que la “Fórmula Grassi”, de base, era muy buena: dos años de transición para instaurar una preselección que, musicalmente, ha sido genial. ¿Problema? Que hicieron “un España”: cuando tienes las bases sentadas, te lo cargas todo y vuelves hacia atrás. Y ahí podemos aprender de los errores: Francia triunfa cuando hace un buen trabajo y son ellos en el Festival. En 2021 tendrán una oportunidad para recuperar su esencia, no vendiéndose a “carroñeros colocadescartes”.
Marta Carvalho escogió a Elisa para interpretar Medo de Sentir en el Festival da Cançao 2020.
Vamos con Italia. El país soñado a imitar: con un certamen más antiguo que la propia Eurovisión, los principales espadas del país participando, un evento que paraliza el país, Amadeus… y, en su ventaja, está el problema. En España no podemos aspirar a un Festival de San Remo, porque ese tren pasó hace décadas. Pero sí que podemos aprender algo: el respeto a los compositores, intérpretes y, especialmente, a las canciones. Por algo es el “Festival de la canción italiana”: porque lo importante es la canción.
Y llegamos a nuestros vecinos portugueses. El país luso ha encontrado en el Festival da Cançao su fórmula de éxito, con una selección musical sublime al dejar caer todo el peso de la participación en los compositores. Es un programa 100% portugués, con música que se reconoce como portuguesa y que, posiblemente, tiene la mejor línea gráfica de toda Europa. Al igual que en el caso italiano, el Festival da Cançao lleva años en marcha, y clonarlo no nos sirve. Pero siempre se pueden tomar notas: la purga del 2015, sumada a la pausa del 2016, han permitido a la final nacional lusa resurgir de sus cenizas. Compositores reputados trayendo canciones de calidad sustituyendo a compositores eurofans que llevaban el enésimo descarte.
Entonces… ¿qué hacemos?
Y ahora que tenemos la lección aprendida, vamos a desarrollarla. Obviaré intencionadamente hándicaps que hacen utópico este planteamiento (como la “excesiva burocracia” -lo denominaremos así- de RTVE o su nula capacidad de negocio con Eurovisión), por lo que parto de que algo tan sencillo es irrealizable. No obstante, creo que sería el momento de llevarlo a cabo: contamos con los suficientes condicionantes que harían posible su éxito.
Nuestro punto de partida es 2021. El hecho de que Blas Cantó tenga tanto tiempo por delante para planificar su candidatura nos permite a su vez comenzar a plantear una preselección para 2022. Una vez Blas tenga cerrados todos los detalles de su actuación (canción, escenografía) será el momento para que RTVE mueva ficha y comience a contactar a los principales compositores de España para pedirles un tema que participará directamente en la final nacional, sin filtro previo.
Alguno pensará: “bueno, pero es muy arriesgado porque no sabemos qué saldrá de ahí”. He ahí pros y contras: otorgas libertad creativa a un compositor, pero te puede presentar un churro. Igualmente es complicado que, si invitas a, por ejemplo, diez contrastados autores, ninguno sea capaz de hacer una canción buena. Y hablo de compositores porque en esto apuesto por la vía portuguesa: si en España nos sobran los buenos cantantes, y en RTVE no han estado “acertados” (siendo generoso) a la hora de elegir temas (en gran parte porque ni han formado comités de expertos, ni tan siquiera se han escuchado canciones), mejor será optar por el camino más sencillo y directo.
Teniendo los compositores, faltan otros dos elementos clave: el cantante y la canción. Para el cantante, libertad al compositor: que pueda decidir quién defiende su tema, pudiendo componerlo expresamente para él. Nos evitamos polémicas como las vividas en 2011, 2018 o 2019, con cantantes que puedan estar cómodos cantando algo que ellos han querido cantar.
Lo más importante, la canción
Nos queda la canción, el punto clave, para lo que necesitamos evitar caer en numerosos errores. Primero, hay que favorecer al máximo posible a los autores para que compongan un tema, dándoles todas las facilidades posibles. Ello nos lleva al segundo punto, el del tiempo para la composición. No se puede repetir el mismo caso que con Blas: desaprovechar tanto tiempo para forzar a tener algo de manera apresurada. Hay que establecer unos márgenes temporales amplios para tener una canción bien producida y terminada para que no tenga que ser modificada en ningún momento en el camino a Eurovisión.
Por último, nos falta el último elemento del pack: la puesta en escena. Necesitamos simular al máximo las mejores condiciones de actuación para poder llevar una actuación con las mínimas modificaciones al festival. Eurovisión es un programa de televisión, pero está más cerca de los MTV EMA que de Tu cara me suena: saquemos por tanto las preselecciones de un plató, y llevémoslas a un recinto más amplio. No hablo de hacer algo tipo Melodifestivalen, sino a llevar la gala a un teatro en el que sepamos que podemos tener una buena iluminación y una mejor acústica.
Es importante señalar algo: la crisis del coronavirus se va a ver especialmente reflejada en la música y el turismo. Aprovechemos esto en nuestro favor para crear un método de selección que sirva a su vez de promoción turística (como pasa con San Remo o con el Festival da Cançao) y de impulso de la industria musical (un programa de mayor calidad, con buenos temas, multiplicará su impacto).
Esta es una de las múltiples propuestas y visiones que se tienen sobre el futuro de España en el Festival de Eurovisión. ¿Qué te ha parecido? ¡Te leemos en los comentarios!