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  • El futuro de Eurovisión, coros pregrabados y pollaviejismo

    El futuro de Eurovisión, coros pregrabados y pollaviejismo

    Seguramente hayas escuchado la palabra eurodrama más de una vez. De lo contrario, sería improbable que hubieses acabado en nuestra página web. El eurodrama para el futuro de Eurovisión lo que el contrato de Messi al Barça: un comedero de cabeza recurrente.

    Las connotaciones que tiene el término eurodrama son, valga la redundancia, dramáticas. Sin embargo, en septiembre de 2019 ni se nos pasaba por la cabeza que el auténtico Eurodrama estaba por llegar. Tras la pandemia originada por la COVID-19, la UER canceló Eurovisión y los fans nos quedamos huérfanos por primera vez en 65 años.

    Podríamos haber tenido un verano silencioso, pero la cancelación supuso el inicio inmediato de la pretemporada 2021. Después de tres meses de descanso, vuelve el Movidas para analizar el futuro de Eurovisión y de las delegaciones. Hacemos especial hincapié en la primera decisión del nuevo Supervisor Ejecutivo, Martin Österdahl, de permitir los coros pregrabados. También repasamos la principal novedad del Junior 2020, que finalmente se celebrará por videoconferencia.  

    No prometemos que sea el repaso más informativo, pero sí uno bastante entretenido.

    Escucha el podcast de Euromovidas 2×01

    El futuro de Eurovisión, coros pregrabados y pollaviejismo

    ¡Por fin estrenamos la segunda temporada del Movidas!

    ¿Cuáles son los planes de las delegaciones para Rotterdam 2021?

    Mientras que muchas delegaciones han decidido apostar por los artistas que les representaban en 2020, lo cierto es que no todas lo han hecho. Esto se nota especialmente en los países cuyas preselecciones o métodos de elección son casi independientes a Eurovisión.

    Repasamos brevemente los planes que cada delegación ha anunciado de cara a la revancha de Rotterdam:

    Albania: El Festivali i Këngës regresará en diciembre con su 59ª edición.

    Alemania: Tras descartar la designación directa de Ben Dolic, el esloveno intentará ser elegido de nuevo por la televisión alemana. El formato de elección volverá a ser el mismo que en 2020.

    Armenia: La televisión caucásica ha anunciado su participación en 2021, aunque no se sabe si Athena Manoukian seguirá llevando su bandera.

    Australia: Montaigne repetirá como representante tras su victoria en el Australia Decides, que volverá en 2022. El retorno de Dami Im tendrá que esperar un año más.

    Austria: Vincent Bueno regresará al escenario eurovisivo, para desencanto de muchos que no vieron con buenos ojos su elección.

    Azerbaiyán: La Ictimai pone de nuevo su destino en manos de La Cleopatra. Habrá que ver si Samira Efendi vuelve a caer rendida en los brazos de un descarte de Senhit o no.

    Bélgica: El paraíso del paladar fino vuelve a confiar en los Hooverphonic, que decidirán su canción para Rotterdam entre un grupo de 21 temas.

    Bielorrusia: Están estos como para pensar en su representante, la verdad.

    Bulgaria: Tras los tira y afloja vividos entre la delegación patrocinada por iCard y la UER, finalmente los búlgaros mantienen el proyecto de Victoria Georgieva un año más.

    Chipre: El divorcio con Sandro fue más que evidente y comenzó el baile de rumores. Desde Eleni a Ivi Adamou, el futuro de la isla parece ligada al petardeo.

    Croacia: El Dora intentará sacar cabeza y quitarnos el mal sabor de boca tras dos años bastante flojos. El principal perjudicado es Damir Kedzo, que no será elegido internamente.

    Dinamarca: No parece que Ben & Tan vayan a disfrutar de un público en directo en ámbito eurovisivo. Los daneses siguen confiando en el Dansk Melodi Grand Prix, habrá que ver si el dúo se deja caer por allí.

    Eslovenia: Para sorpresa de muchos, el EMA no volverá en 2021. Al menos, no como hasta ahora. Los eslovenos siguen confiando en Ana Soklic que intentará llevar un tema que conecte mejor con el fandom. La búsqueda ha comenzado.

    España: Del tirón. Así confirmó RTVE que seguía contando con Blas Cantó para Rotterdam 2021. El ganador de Eurovisión Onlain 2020 defenderá título, esta vez sobre el escenario.

    Estonia: Uku Suviste tendrá que volver a ganarse su billete a Rotterdam, aunque ya está un pasito más cerca habiendo sido seleccionado para participar en las semifinales del Eesti Laul.

    Finlandia: Volverá el UMK, pero no sabemos si con Aksel.

    Francia: Au revoir Tom Leeb! La primera candidatura de la fábrica G:son elegida por los gabachos se va a la basura. En su lugar, el futuro de Eurovisión para la tele francesa pasa por una nueva preselección.

    Georgia: Tornike Kipiani dio una de las sorpresas lanzando «Take me as I am». A pesar de no ser un favorito en las apuestas, los georgianos siguen confiando en su personalidad y tendrá una segunda oportunidad.

    Grecia: Stefania sigue siendo la Superg!rl de los helenos y vuelve a confiar en el Dream Team, con el que ha puesto ya en marcha su proyecto para el futuro de Eurovisión.

    Irlanda: Aún no se sabe qué sucederá con el país más exitoso de la historia de Eurovisión, aunque Lesley Roy ya está manos a la obra componiendo con antiguos eurovisivos como JOWST y Norma John.

    Islandia: Favoritos para ganar, los islandeses se llevaron el cariño del público y una película de Netflix. Lo que está claro es que la elección es clara: o Dadi Freyr o Songvakeppnin.

    Israel: Eden Alene lloró en directo al conocerse la cancelación del festival, pero rápidamente sus lágrimas fueron de alegría al enterarse que seguía siendo la representante.

    Italia: Vuelve Sanremo, siempre y cuando le apetezca a Amadeus.

    Letonia: La Supernova letona se apagó. Samanta Tina, en un especial previo al Eurovision: Shine a Light se enteró que volvería a representar al país que tantas veces la dejó en la cuneta. Eso es tenacidad.

    Lituania: El drama con The Roop aún no ha terminado. El Patadón al nardo volverá en 2021 y los ganadores no sabemos aún si intentarán pegar otro bombazo que se lleve el festival al único báltico que falta por ganar.

    Malta: Destiny Chukunyere volverá a intentar superar el gafe del Junior y conseguir lo que nadie ha logrado hasta ahora: ganar ambos formatos. Habrá que ver si los malteses vuelven a confiar en la factoria búlgara.

    Moldavia: Natalia Gordienko firma su bio de Instagram como representante en 2021, así que lo damos por bueno en el futuro de Eurovisión.

    Noruega: Hashtags y lágrimas no han conseguido que la NRK designe a Ulrikke como candidata. Ante la oferta de participar en la final directamente, la artista declinó y dejó hueco para uno de los artistas que saldrán de las 7599 semifinales del Melodi Grand Prix.

    Países Bajos: Jeangu Macrooy seguirá siendo el anfitrión, manteniendo el perfil que ha caracterizado a los neerlandeses en los últimos años.

    Reino Unido: La BBC y James Newman no parecen haberse puesto de acuerdo aún. De hecho, no esperamos que la BBC decida nada hasta la última semana de marzo. Todo esto filtrado por redes sociales con el enésimo rumor de la vuelta de las Spice Girls.

    República Checa: No sabemos si lo hará de la mano del enésimo revamp de Kemama, lo que sí sabemos es que Benny Cristo tendrá la oportunidad de redimirse con el público eurofan después de una tibia acogida del tema checo.

    Rumanía: Roxen vuelve a ser la elegida. Habrá que ver si vuelve a autoboicotearse en la preselección Cherry Red style.

    Rusia: Ni idea de qué tiene previsto el país de Putin. Lo que sí está claro es que Kirkorov quiere volver con Sergey Lazarev y llevarse el festival de una puñetera vez.

    San Marino: El país con más porcentaje de repetidores de la historia de Eurovisión sigue confiando en Senhit, antes conocida como Senit. Habrá que ver si añade otra letra más a su nombre. Por ahora, lo que sí peligra es el récord de participaciones por el microestado, 3 de Senhit por 4 de Valentina Monetta.

    Serbia: Coronavirus is nothing… La estación de meteorología de Belgrado aún no ha dado parte: ¿volverán las Hurricane o los eurofans se pondrán en pie de guerra?

    Suecia: The Mamas se convirtieron en las primeras ganadoras del Melodifestivalen que no acudirán a Eurovisión. Y si lo hacen, no parece que sea con trato de favor de la SVT. Abierto el plazo de recepción de temas, lo único cierto es que Julia Alfrida quedará 6ª en la tercera semifinal.

    Suiza: El cantante por delante de la canción, justo al contrario que en 2020. Gjon’s Tears repetirá como representante en 2021.

    Ucrania: Go_A tendrán una preselección con cinco cánticos satánicos distintos. Serhat nos pille confesados.

    ¿Mucho texto? No te preocupes, porque tenemos un resumen fantástico con todos los representantes ya elegidos.

  • Supervisores de barra de bar: coros pregrabados en Eurovisión

    Supervisores de barra de bar: coros pregrabados en Eurovisión

    Todo eurofan se considera digno de ser representado por Paquita Salas. ¿Por qué? Porque cree que es un “perfil 360”. De hecho, nosotros mismos también lo pensamos muchas veces: nos creemos grandes compositores, productores, coreógrafos, estilistas… y la lista de cosas sobre las que “sabemos” no tiene fin. Por eso cuando ha saltado la noticia de la introducción de los coros pregrabados, no era de extrañar que sacáramos a relucir el supervisor ejecutivo que llevamos dentro.

    Aprovechando que el estado de alarma está a punto de terminar, abrimos nuestro bar particular. Y como abuelos que saben más de fútbol que el entrenador de un equipo, iniciamos esta nueva sección para comentar las noticias que vayan surgiendo.

    ¿Qué será: caña o vino? La tapa la pone la casa.

    Miguel Heras: Seamos sinceros, no deberíamos sorprendernos porque la UER haya decidido incorporar coros pregrabados en Eurovisión. El último gran cambio que el festival ha vivido para intentar elevar la calidad musical fue la vuelta del jurado. Desde entonces, todos los cambios han ido orientados a incrementar el impacto en el factor “espectáculo” del festival.

    Quizás lo que no esperábamos era que fuese justo cuando el nuevo Supervisor Ejecutivo ha tomado posesión del cargo. Menos aún como una solución para la situación generada por el coronavirus. Como otros cambios que ha vivido el festival durante las últimas décadas, incluida la libertad idiomática, esta nueva norma tiene el peligro de convertirse en una imposición no escrita. Es lo que sucede en la mayoría de candidaturas del Melodifestivalen. Entiendo casos concretos de matices que no pasaría nada por estar pregrabados, pero más allá de eso… La idea en principio mucha gracia no me hace. Máxime cuando tiene pinta de que usan la excusa para implementar algo con lo que no se habían atrevido hasta el momento, el tiempo dirá.

    Alberto Temprano: Llegó el «pogreso» (como diría Paco Martínez Soria) a la Eurovisión… si entendemos como progreso una cosa que ya introdujo Croacia hace 20 años. La excusa es lamentable: usar la pandemia para cumplir el sueño húmedo de Christer Björkman, con justificaciones ridículas del tipo «es para ahorrar costes» (como si fuera más caro llevar a dos coristas que montar un armatoste de medio millón de euros) o «es para que haya menos gente en el escenario» (como si no fueran a sustituir los coristas por bailarines, o no vaya a haber 10.000 personas entre la platea y el graderío). No cuela, queridos amigos de la EBU: primer año con un Supervisor Ejecutivo sueco, primera decisión para favorecer a Suecia.

    Como tampoco cuela la excusa de «es solo por un año». También era «solo por un año» la introducción de Australia como país participante… y ahí sigue. Al igual que previsiblemente seguirán los coros pregrabados, y al igual que es previsible que, dentro de unos años, se aumente el número de personas en el escenario de seis a ocho (esta decisión no es necesariamente negativa). Estamos ante la «melodifestivalización» de Eurovisión, un festival cada vez más alejado del concepto musical (sin música ni coros, tan solo quedan las voces principales en directo) y más próximo al fenómeno de show que algunos intentan vender como el camino del éxito. ¿Quién sabe? Lo mismo el último paso es cambiar las canciones originales por covers de hits internacionales.

    Luis Mesa: Al igual que la Covid-19 nos va a dejar sin poder pagar en los autobuses o sin dar abrazos durante mucho tiempo, nos ha quitado también los coros en la Eurovisión. O ha sido el coronavirus, o ha sido Martin Österdahl, el que se ha estrenado como Supervisor Ejecutivo con una bomba que hace tambalear cualquier cosa. Tomando como referencia siempre al totipotente Melodifestivalen y haciendo gala de su nacionalidad, en pos de la seguridad (de momento), 2021 será el primer año donde no será necesario el apoyo vocal, cambiando los coros por pistas .mp3, algo que parece que trae solo ventajas pero es todo lo contrario.

    Con los coros pregrabados, el festival se quita de un plumazo los car crushes, los gallos prácticamente y genera una corriente donde las versiones de estudio serán calcadas en escena. Pudiendo maquillar cualquier desatino del abanderado, si en 2019 Milli Vanilli se hubiera quedado en semis en Tel Aviv, en Rotterdam podrá optar a un top-5 si sabe ocultar sus vergüenzas. Sinceramente, a cambio de bopasos, bases electrónicas y coros gospel de cincuenta personas, no cambio el festival de siempre, el que cada vez se parece más a un talent show y menos a un festival de la canción al uso.

    Carlos Pecharromán: No me gusta la idea. No me gusta nada. De entrada, considero que es enmarañar innecesariamente las reglas a las que están sujetos los compositores de las canciones del festival, quienes van a presentar algo que por X razón luego no será válido pensando que sí, y vendrán los lloros. Y todo con una justificación pobre haciendo alusión a algo tan serio como es la crisis del coronavirus, vendiéndonos la moto con el desmesurado gasto que le supone a las delegaciones llevar coristas. Lo siento, no cuela.

    Con la aparición de los coros pregrabados en escena —medida que en principio será vigente únicamente en 2021 aunque cualquier eurofan es consciente de que que si llega, lo hace para quedarse— se pierde totalmente la esencia de Eurovisión, la música en directo. Para bien, los gorgoritos; para mal, los gallos. En definitiva, el derroche vocal de los artistas en ese preciso instante en el que se están jugando todo, ese factor riesgo que al fin y al cabo tiene defender cada propuesta en el certamen. Adiós magia.

    Dani Fernández: Se estrenó el nuevo supervisor de la UER emergiendo cual elefante en una cacharrería. Todavía no sé qué me parece más grotesco, si la inclusión de la nueva regla en sí o utilizar una pandemia y su contexto de crisis para justificarla. Tratándonos como imbéciles, cuando todos sabemos que esto viene para quedarse, como ya lo hiciera Australia en 2015. Una rastrera artimaña propia de la política gubernamental que mezcla el tocino con la velocidad, ya que para mayor contradicción, a su vez, se trabaja para que el Ahoy Rotterdam pueda estar lleno hasta la bandera. Perfecto.

    Como ya sucediera con otras modificaciones en el pasado, el Festival de Eurovisión da otro paso más en su desnaturalización. Pierde la música y con ello, se desmorona parte de su identidad, esencia e historia. Y no es drama, permítanme el derecho, con respeto, de sentirme cada vez menos identificado con aquel certamen que empecé a seguir hace casi veinte años. Mantener la fe entre tanta resignación empieza a convertirse en un ejercicio de superación. Tiempo habrá de analizar el peligro de esta barra libre y sus consecuencias, a medio o largo plazo. Mucha suerte, Martin Österdahl.

    ¿Y tú qué opinas sobre la decisión? Puedes compartirlo con nosotros en los comentarios.