Etiqueta: Eurovisión

  • Analizamos el ‘Shine a light’ y el ‘Free ESC’

    Analizamos el ‘Shine a light’ y el ‘Free ESC’

    Imagen actual: free esc europe shine a light

    La cancelación de Eurovisión 2020 ha dejado un ramillete de simulaciones de lo más variopinto, desde el #EurovisionOnlain de RTVE a especiales televisados como los de la ORF austriaca. Pero lo importante era saber cómo iba a ser el Europe shine a light, el formato creado por la UER para homenajear a las 41 canciones de este año… y en el que se homenajeó bastante poco.

    El equipo al completo nos hemos sentado para hablar del especial de la UER y del Free ESC, la alternativa que organizó la ProSieben alemana con Stefan Raab a la cabeza… ¡y que ganó España! La victoria de Nico Santos no fue la arrasada de Blas Cantó y sus 7599 puntos, pero también contó con dosis de épica al enfrentarse a competidores como el representante de la Luna o Ilse Delange.

    Esa no fue la única victoria de la tarde para España. Pero si quieres saber más, tendrás que escuchar el programa con el análisis más surrealista del Shine a light y del Free ESC. ¡Dale al play!

    https://open.spotify.com/episode/7wUiRQn4TWeU56mUvaG7SD

  • Europa no vivió una celebración

    Europa no vivió una celebración

    Podríamos decir que Eurovisión 2020 ha llegado a su fin, pero sabemos que esto no es un retrato fiel a la realidad. Desde que comenzó la crisis del coronavirus, todos éramos conscientes que esta herida abierta nunca llegaría a cerrarse del todo. 

    Lo que ninguno esperábamos era que el Europe shine a light sirviese para incrementar la desazón. Desde los primeros compases, el especial organizado por la UER dio la sensación de estar anclado en la narrativa de las primeras semanas de confinamiento.

    Europe shine a light: La victoria de la autocomplacencia 

    Eurovisión tiene dos almas: la ambiciosa y la autocomplaciente. La primera aspira a mantener el estatus de entretenimiento televisivo de primer nivel mundial; la segunda, en perpetuar clichés y no salirse de su zona de confort. 

    Estas dos almas compiten año tras año por dominar el festival. Pero en cuanto se trata de un evento no competitivo, la ambición desaparece por completo. En cuanto los douze points desaparecen, Eurovisión se convierte en algo exclusivo para los eurofans, centrado única y exclusivamente en un público que ya tienes cautivo durante 365 días al año. 

    El posible éxito del Europe shine a light dependía de conservar el espíritu de la noche del sábado. Y eso no se logró. 

    Pero no nos equivoquemos: no sólo se trataba de hacer votaciones ficticias en una app. A fin de cuentas hemos tenido simulaciones todas las del mundo, e incluso tres o cuatro más. El espíritu del festival reside en poder disfrutar durante cuatro horas de un espectáculo que aspira a divertir a 200 millones de espectadores, que no se toma a sí mismo demasiado en serio y del cual siempre puedes recordar algún momento.

    Llamar homenaje a la gala que organizó al UER es excederse en lo amable. Los artistas vieron cómo sus canciones se cortaban drásticamente a 30 segundos en favor de actuaciones de viejas glorias eurovisivas en el Europe shine a light. Esto en un evento como el Greatest Hits podría ser factible, pero el mensaje que Eurovisión debía trasladar anoche es que se encendía una luz y no se que apagaban miles. 

    La responsabilidad patria

    Escuchar las críticas es fundamental cuando quieres construir un proyecto duradero. Decir esto debería ser innecesario, pero en momentos como este se hace imprescindible. 

    Sobre los hombros de la UER recae la mayor parte de la responsabilidad, pero no podemos olvidarnos de RTVE. El espejo en el que nos debemos mirar es la RAI, una televisión para la que Eurovisión siempre ha sido un producto de tercera y que este año ha dedicado verdadero interés en hacerlo relucir dentro del contexto en el que nos encontramos.

    Mientras que en el festival conviven dos almas, en la corporación española parece que sólo existe una: la autocomplaciente. Toda la apuesta de una televisión pública por el festival no puede pasar por el área digital, porque de esa manera no crece la comunidad. 

    Eurovisión no sólo puede ser un producto para los eurofans

    A veces, incluso nosotros mismos nos olvidamos de esto. El mejor ejemplo fue el fenómeno que experimentó OT 2017, atrayendo a compositores como Rozalén. Quizás este sea el único éxito eurovisivo de Tinet Rubira en toda la década, pero permitió atraer a un sector del público que había perdido por completo el interés en el festival más allá del Sábado (sí, con mayúsculas).

    César Vallejo nos lo dijo claro, 2018 debía ser el año del giro. El año en el que la comunidad creciese porque no sólo se centrase en los eurofans. Ese crecimiento se notó incluso tras conocerse los resultados. Tras ver el festival, todo el mundo sabía que España no podía competir en igualdad de condiciones con los otros 25 participantes. Porque se veía a la legua que no se había hecho el trabajo necesario. No se escucha a nadie llorar por el resultado de Amaia, Alfred y Tu canción

    El problema es que el giro sólo duró un año. Al año siguiente, todo volvió a ser enfocado hacia los eurofans. Este siempre ha sido el principal fallo de España: no apostamos por mirar hacia adelante. Nos regodeamos en el pasado y la generación de falsas expectativas.

    En este sentido, los eurofans tenemos que ser conscientes de nuestra parte de responsabilidad. A veces parece que queremos ser el eje central de Eurovisión, cuando quizás es mucho más importante que seamos el motor detrás del festival.

    No es necesario que todo gire en torno a nosotros, ya vimos anoche lo que sucede por eso en el Shine a light. A fin de cuentas, no se trata de que los maratones se hubiesen retransmitido por La 2. Se trataba de celebrar Eurovisión como el evento que es, pensando qué hacer en este contexto tan característico, aunque sólo fuese un día. 

    En el caso de España en Eurovisión no se trata de pedir más, se trata de pedir mejor. 

    Open Up… ahora sí que sí

    Como era de esperar, Rotterdam ha sido confirmada como ciudad anfitriona para 2021. Ante este escenario, el festival necesita recuperar el terreno perdido durante esta edición fallida y tras la emisión del Europe shine a light. 

    Será la oportunidad perfecta para que el nuevo supervisor ejecutivo, Martin Österdahl, ponga en marcha una Eurovisión que mire hacia el futuro y deje de llorar por los meses pasados. Habrá que estar atentos al Junior de Polonia, confirmado durante la emisión del Europe Shine a Light y que seguro será banco de pruebas para la edición senior. 

    Por su parte, Blas Cantó ha compartido en los último días las experiencias que se lleva de este año y parece enfocar 2021 con las ideas más claras. El próximo año será fundamental para saber si RTVE también las tiene. Cosa que, a día de hoy, no parece tan claro.

  • Blas Cantó: “La puesta en escena de ‘Universo’ iba a ser la más ambiciosa de los últimos veinte años”

    Blas Cantó: “La puesta en escena de ‘Universo’ iba a ser la más ambiciosa de los últimos veinte años”

    El artista murciano pasó por el programa T4 en Radio Marca con Vicente Ortega y reveló algunas claves de cómo habría sido la puesta en escena de Universo en vísperas de la fecha en la que debía representar a España en Eurovisión 2020

    A pesar del delicado momento personal que está viviendo Blas Cantó en los últimos días, el artista murciano tuvo la amabilidad de atender ayer la llamada del programa T4 en Radio Marca con Vicente Ortega, junto a nuestro compañero Dani Fernández. Repasó algunos de los temas de actualidad en su carrera musical así como aspectos relacionados con la que debía ser, esta noche, su participación en el Festival de Eurovisión 2020 como abanderado español en Rotterdam.

    En primer lugar, Blas manifestó sentirse “bien, tranquilo y muy contento de lo que está pasando en mi carrera pero sobre todo de la gente que tengo alrededor que me manda sus mensajes de apoyo y cariño”. Acerca de la situación que actualmente estamos viviendo en relación al COVID-19, el cantante mostró su lado más cercano: “Soy una persona que siempre está dando abrazo que muestra su cariño por lo que está siendo difícil no tener el contacto físico con las personas que quieres sobre todo no poder interactuar con la gente que te sigue, echo de menos las firmas de discos, los conciertos… Es complicado”.

    A la par, sin embargo, también admitió no haber perdido el tiempo durante la cuarentena: «He escrito muchas canciones durante el confinamiento. Tengo muchas ganas de grabarlas y que la gente las pueda escucha. También he tenido la oportunidad de escribir un libro sobre mí que se titula Historia de una estrella sin nombre, que sale el 9 de junio. Echando la vista atrás son casi 20 años sobre los escenarios. Llevo toda mi vida delante de los focos y eso me ha hecho pensar de cierta manera y que todo en mi vida sea progresivo”.

    En vísperas de la que debía ser su participación en el Festival de Eurovisión, Blas habló de la canción que debía representar a España sobre el escenario del Ahoy de Rotterdam: “Universo se escribió para que la gente tuviera la libertad para soñar alto, para que la cantaran y la gritaran al universo. Y para que tuviéramos una segunda oportunidad. Creo que todos merecemos una segunda oportunidad y decir lo que pensamos en esta vida”. Debido a las circunstancias que le rodean durante los últimos días, para él: “Habría sido un día especial pero quiero pensar que todas las cosas pasan por algo. Si hubiera estado en Rotterdam hoy, habría sacado la fuerza pero no me habría podido despedir de mi padre. Todo pasa por alguna razón, espero que se pueda reubicar todo y nos podamos ver en 2021”.

    De esta forma, Blas Cantó volvió a reafirmar su posición de cara al próximo curso: “Voy a ser el representante de España en Eurovisión el año que viene. Tengo esa inmensa suerte y lo que nos queda es encontrar la canción, componer, inspirarnos y hacer algo nuevo. Ahí estaremos con la misma energía y la misma ilusión. Eso sigue intacto”. Además, también remarcó el camino hacia la búsqueda del nuevo tema. “Tenemos que seguir la línea en la que uno se sienta cómodo con lo que hace. Es fundamental. Pero sobre todo hacer algo totalmente distinto dentro del marco eurovisivo. Creo que es importante renovarse, no repetir la fórmula. Haremos un canción distinta con otra energía para que el 2021 sea nuestro año”, manifestó.

    A la pregunta de si con Universo habría conseguido alzar el micrófono de cristal, Blas Cantó dejó claro que su visión acerca de la participación en el Eurofestival va más allá del resultado y las votaciones: “No sé si podríamos haber ganado con Universo. Ya habían favoritas. En las apuestas todo cambia mucho. No tengo ni idea. Lo que sí sé es que nuestra apuesta iba a ser muy emocionante y probablemente no iba a dejar indiferente a nadie. Otra cosa es lo que pasara en la votación final. Pero realmente es lo que menos me importa. De Eurovisión, lo que más me importa, es formar parte de su historia”.

    Por último, incidiendo en la puesta en escena que lideraba la danesa Nicoline Refsing y que Blas Cantó junto a su equipo ya habían empezado a trazar los primeros ensayos con el beneplácito de TVE, el cantante español quiso matizar la intención que buscaban representar sobre el escenario: “Buscábamos representar la grandiosidad que llevamos dentro. Era impresionante. Dije una especie de volcán porque vi que podíamos sentir la lava en nuestros pies. Luego podíamos ver proyectadas unas tormentas maravillosas. Era una mezcla de cosas bastante complejas. Lo que más se me quedó fue la lava entre mis pies y la forma cónica que tenía alrededor de mi, gigante. Por eso dije que estaba como en una especie de volcán».

    La última petición que Blas reveló en los micrófonos de Radio Marca fue la intención de, como mínimo, «estar orgulloso de lo que hagamos el año que viene». «Era la puesta en escena más ambiciosa de los últimos veinte años de España en Eurovisión. Se habló mucho de eso en las reuniones, de la inversión. Tanto económica como humana. Creo que TVE estaba muy a la altura de su puesta en escena y el año que viene espero que no sea menos porque este prometía ser muy emocionante”, declaró para terminar.

    Aquí puedes volver a escuchar la entrevista a Blas Cantó en el programa T4 de Radio Marca con Vicente Ortega:

  • Eurovisión en tiempos de confinamiento: el gran descubrimiento (II)

    Eurovisión en tiempos de confinamiento: el gran descubrimiento (II)

    Desgranamos algunos detalles de los documentales domésticos del luxemburgués Philippe Schlesser, que emergieron hace varias semanas de la mano de su amigo irlandés Peter Henshaw para amenizar nuestra cuarentena

    Llevamos cerca de dos meses viviendo de recuerdos. Apenas ha pasado una semana desde que empezamos a asomarnos a la denominada nueva normalidad y, mientras unos ya disfrutan de su pasaporte a la siguiente fase de la desescalada, otros permanecemos en la casilla inicial. Pensando que a estas horas deberíamos estar en Rotterdam, aprovechamos para desgranar varias de las curiosidades que Phillipe Schlesser nos dejó tras la cámara y el micrófono.

    Hace apenas diez días se cumplieron 32 años del triunfo de Celine Dion en Dublín 1988 con su Ne partez pas sans moi. Fue el primer Festival que registró el luxemburgués como periodista acreditado, que no el de su debut en el evento. Este gira, casi por completo, en torno a la figura de la cantante de origen canadiense cuyo triunfo en Eurovisión le catapultó hacia la gran carrera internacional que todos conocemos.

    Celine Dion brindando junto a Johnny Logan tras su agónico triunfo en Dublín

    Un proyecto de desarrollo a largo plazo diseñado por su manager, René Angélil, con quien acabó uniéndose en matrimonio años después y cuya relación sentimental empezó a escribir sus páginas más especiales la noche del triunfo en Irlanda. En el reportaje se puede percibir que, por aquel entonces, la unión entre ellos era casi paternal. Máxima confianza y respeto por parte de una Celine siempre humilde, entregada y agradecida. Incluso le llega a pedir permiso para quitarse el abrigo antes de ser fotografiada en una entrevista por las frioleras calles de Dublín. Solo bastaba una mirada de complicidad.

    Durante una conferencia de prensa le llegan a preguntan por el significado de su canción y, presa de los nervios, nombra a los autores girando la mirada hacia René por si debía corregir algo. En el abrupto final del documental, solo eché en falta algo más de protagonismo alrededor de Scott Fitzgerald. Al fin y al cabo estuvo a punto de ser él quien ganara ese Eurofestival.

    El siguiente destino de Schlesser nos condujo a Malmö en 1992. La línea del documental es muy parecida a la de 1988. Éste, sin embargo, parece ser el más icónico para el luxemburgués, íntimo amigo y seguidor de Linda Martin, la gran triunfadora. A la que idolatra, idealiza y persigue con la cámara durante varios de los reportajes percibiéndose un feeling especial entre ambos.

    Schlesser entrevistando a Linda durante la previa del Eurofestival de Malmö

    Como encargado de abrir el certamen, Serafín Zubiri también fue el primer entrevistado, traductora mediante. No obstante, los grandes titulares los dejaron Mia Martini y, cómo no, Linda Martin. La italiana manifestaba su interés por conocer Suecia aprovechando el enlace entre su hermana menor Loredana Bertè y el tenista local Björn Borg en 1989. Mientras la irlandesa, cuestionada por la posibilidad de regresar a Dublín en caso de triunfo, se atrevió a pronosticar que llegados a ese punto sería en el condado de Cork donde se celebraría el evento. Dejando entrever que ya se cocinaba algo entre el opulento señor Noel C. Duggan y la RTÉ.

    En mayo de 1993, bajo un entorno rural y ecuestre, Millstreet acogió el Festival siendo a día de hoy todavía, la localidad anfitriona más pequeña y remota en organizarlo. Fue un auténtico reto para un país humilde y un pueblo de 1500 habitantes que vio mejoradas sus infraestructuras ante la magnitud del evento. El trajín hasta llegar al estadio se intuía de aúpa en mitad de la pradera verde. Aunque una vez allí, por lo que se puede ver en los ensayos, el Green Gleens Arena parecía mejor equipado de lo que aparentemente se podía sospechar.

    Entre la ironía del líder del grupo bosnio Fazla -debutantes junto a Eslovenia y Croacia- o la simpatía de nuestra Eva Santamaría, sobresalió en los ensayos Ruth Jacott. La cantante de los Países Bajos, acompañada por su entonces marido Humphrey Campbell, representante neerlandés un año antes en Malmö. En esta ocasión Campbell le devolvía el favor a Ruth, corista en 1992. Aplaudida en masa por los presentes tras cantar Vrede en los preliminares, se postuló como gran favorita al triunfo. De ahí que su sexto lugar supiera a poco, recibiendo sólo un doce en toda la noche, precisamente de una Irlanda que repitió como anfitriona merced a la victoria de Niamh Kavanagh.

    Logan luciendo un particular atuendo antes de recibir un regalo de una seguidora bajo la atenta mirada de su amigo Schlesser

    El documental más extenso y pesado coincide con, a mi juicio, uno de los mejores a nivel musical. Dura más el reportaje que el propio festival en sí. Y en muchos tramos existe un vaivén en los eventos previos que cansa hasta de verlo. Pero ahí radica el por qué hay tanta tela que cortar, amigos. Tanta que al propio Philippe parece que se le quema un poco la cinta. Fue el primer año tras el adiós de su Luxemburgo, así que se vería obligado a buscar otros alicientes. El regreso al Point Theatre de Dublín, con Linda y Johnny Logan, y el debut de algunos países con ganas de ejercer como revulsivos harían más sencilla la tarea.

    No obstante, todo hay que decirlo, al bueno de Schlesser se le fue la mano con tanta grabación intrascendente en un Euroclub donde, a diferencia de hoy, no sonaba música eurovisiva sino éxitos comerciales de la época como All that she wants o Samba de Janeiro, más tarde. Sin embargo, era un caladero de marchosos coristas y representantes del este, deseosos de liberar tensiones tras largas horas de ensayos y compromisos. Las debutantes Edyta Górniak o  Youddiph se lo pasaron en grande. Eran tiempos de menor presión. Un gran contraste con la exigente Eurovisión actual, en la que existen muchas más cosas en juego y en consecuencia, se dejan ver menos.

    Entre la llegada al aeropuerto de las Mekado, favoritas, con Ralph Siegel y su primera esposa al frente; Willeke Alberti, la representante neerlandesa y exmujer del productor John de Mol, poniendo cañas o Pepe Martín Santos al pie del cañón paseando entre la elegante corte, llamó la atención la presencia de varios seguidores catalanes pidiendo autógrafos a Evridiki. O el porte de un Alejandro Abad escoltado por Uribarri -entre bellísimas artistas y atildados representantes- antes del histórico gazapo televisivo fruto de la tensión del momento que casi nos priva de participar el año siguiente.

    El trío femenino alemán Mekado, formado por Melanie Bender, Kati Karney y Dorkas Kiefer, sabedoras de su cartel de favoritas

    En aquellos años no salían entradas a la venta para asistir al evento en directo. Todo eran invitaciones de patrocinadores y delegaciones. Estas, apenas contaban con dos o tres sobrantes a repartir a cara o cruz entre la corte de seguidores de dicha élite eurovisiva. Por lo que podemos intuir que tanto Philippe como sus amigos formaban parte de ella al codearse con artistas del calibre de la propia Linda Martin o el mismo Johnny Logan, en tiempos de vestido largo, traje y pajarita o corbata.

    Uribarri también se dejaba ver en las fiestas previas dando buena cuenta de su buffet

    A partir de 1995, la mítica edición 40 del Eurofestival, la RTÉ prohíbe la entrada a los ensayos, por lo que Schlesser deja de registrarlos. Continúa apostando por los garbeos en la ciudad, los actos, fiestas previas y el Euroclub, donde siempre hay algo que rascar, como ver a Elina Konstantopoulou y Johnny Logan sin guardar demasiada distancia de seguridad. Sin embargo, se trata de otro de los festivales con mayor nivel musical y no sólo por ser el último top5 español en 25 años, que también.

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    La legendaria estampa de la Welcome Party: Jan Johansen junto al descamisado Johnny Logan y Christer Björkman

    En él cobra mucho protagonismo nuestra delegación, a raíz del derroche de Anabel Conde en rueda de prensa cantando por Whitney Houston, que dejó boquiabierta a la prensa acreditada. Ahí empezó a labrarse su dark horse. España se colocó en séptimo lugar en las apuestas al empezar los ensayos. Justo por detrás de Noruega, como ocurriría al final.

    Eslovenia y Suecia lideraban unas apuestas donde España, séptima, ya seguía la estela de Noruega

    Philippe aprovechaba los pasillos del Point Theatre para cazar protagonistas y sacarles alguna declaración. También a Anabel Conde en la mañana de la final. Le acompañaban, entre otros, la jefa de la delegación Maite Segura, protagonista de una reveladora escena ante el micrófono de Schlesser. La malagueña, antes de ser entrevistada, y girando la mirada hacia la jefa, dice tajantemente: “quiero hacerlo yo”. Detrás, Segura respondió con un: “bueno, es que ellas tienen más tablas”, refiriéndose a Andrea Bronston y el resto de coristas. Una situación que demostraba, sin entrar en habladurías posteriores, que no existía la mejor relación con una Anabel infravalorada desde la propia delegación española.

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    Mientras firmaba autógrafos tras la gala, la malagueña fue aclamada por los seguidores presentes a grito de: “¡Anabel, Anabel!”.

    Entre aquel material que Peter pudo rescatar del hogar de Phillipe después de su fallecimiento, no se encontraba la cinta de 1996. El salto nos hizo regresar de nuevo al mítico Point Theatre de Dublín para una de las mejores ediciones que se recuerdan en el ámbito escenográfico. De nuevo Irlanda a la vanguardia y Reino Unido liderando las quinielas. El absoluto favoritismo de Katrina & The Waves se palpaba entre bastidores y en las declaraciones que Philippe sacaba del resto de contrincantes, salvo uno de los suecos de Blond, que iba por libre.

    La cámara se fijaba en un Ronan Keating presentador y componente del grupo pop Boyzone en pleno apogeo y, como no, en Linda Martin. La irlandesa sorprendería la noche del sábado -copa de champán en mano, que no falte- con un arriesgado vestido fluorescente. Why not? El protagonismo español lo acaparó fugazmente en la previa Víctor Escudero, que irrumpe de refilón mientras Alessandra de Jalisse es entrevistada por unos compañeros de ONA Girona. Fascinante. En el postpartido, Marcos Llunas radiante tras su merecidísimo sexto lugar, pese a ocupar el top5 durante gran parte de la votación.

    Alessandra, del dúo Jalisse, entrevistada por los compañeros de ONA Girona bajo la atenta mirada de Víctor Escudero

    El National Indoor Arena de Birmingham tomó el relevo en el que debía ser el último festival antes del debut de Jordania y la República Sudafricana. Bromas aparte, fue una edición donde la BBC puso de manifiesto su falta de entrenamiento en varios aspectos, como bien subrayó Uribarri en TVE. Y no sólo por cómo reconvirtieron un gran pabellón con capacidad para más de 12.000 espectadores, para reducirlo a apenas 4000 personas. Fue una apuesta a medias, una involución respecto a los avances del 97.

    El día a día con los actos publicitarios, las ruedas de prensa y hasta la Welcome, se llevaron a cabo en un Centro Comercial justo al lado del estadio. Mientras lo veía me recordó al Vasco da Gama de Lisboa, en frente del Altice Arena, donde muchos aprovechábamos en 2018 para comer y hacer alguna compra. A diferencia, en 1998 absolutamente todo transcurrió en esos grandes almacenes. Faltaron las rebajas.

    El interior del centro comercial donde se desarrollaron todos los actos previos al Eurofestival de 1998

    Las cámaras se centraban en las apariciones de Dana Internacional, la gran protagonista, pero Philippe fue más allá. Sin la aparición estelar del polémico Yiannis Valvis, el autor del tema griego, eso sí. Se dejaron ver caras conocidas como Nanne Grönvall, Paul Harrington -como corista de Dawn Martin- o hasta José Cid, formando parte de Alma Lusa, haciendo alarde de su amistad con Johnny Logan, al que se empeñaba en saludar como si de un programa de televisión se tratase. Otros focos apuntaban a Edsilia Rombley y Jill Johnson, radiante, con sus respectivas parejas.

    A Mikel Herzog también le tocaría pasar por el cuestionario. El cantautor guipuzcoano necesitó de la peculiar traducción simultánea del histórico José María Guzmán para comprender las preguntas del amigo de Philippe. “En unos cuantos años estaremos por la labor”, manifestó Herzog al ser preguntado por la importancia que «empezaba» a acaparar el Festival en nuestro país.

    Mikel Herzog, con la ayuda de José María Guzmán en la traducción, mandando un saludo a la cámara de Schlesser

    El error en el recuento de la votación por parte del notario español provocó una inaudita rueda de prensa el día después, a la que Philippe no podía faltar. Los cambios provocados por esa rectificación ajustaron más el triunfo de Israel con 172 puntos, en lugar de 174, e intercambió los puestos de Alemania, que acabaría séptima gracias a los 12 puntos que España no le había otorgado en el directo; y Noruega, relegada al octavo escalón.

    La rueda de prensa posterior al Festival donde se desgranan los cambios provocados por la rectificación en los votos de España

    El periplo de Schlesser como reportero de la Eurovision Week parece llegar a su fin en Jerusalén 1999. Se trata del documental más corto y directo. Sin tanta escena larga e intrascendente. De casi tres horas a apenas hora y cuarto de duración. Va al grano. Quién sabe si el desgaste de cargar cada año con la cámara empezaba a hacer mella, si el sacrificio carecía de sentido sin la presencia de Linda Martin o simplemente ya empezaba a percibir la transición hacia el evento que conocemos hoy en día. Un acontecimiento distinto del que Philippe había conocido inicialmente.

    Tal vez fuese el comienzo del desencanto para él. No sería el primero ni el último que cae en esas redes. Son preguntas sin respuesta, por desgracia. Lo que ya se distingue en las imágenes es un contraste en el propio contexto que proponen los hebreos. Por ejemplo, con una Welcome al aire libre y un Euroclub como gran discoteca. Ya era otro estilo, digamos, pese a que el Centro Internacional de Convenciones apenas albergaba capacidad para 3000 asistentes al gran evento.

    El luxemburgués siguió la pista a gran parte de los representantes, como por ejemplo a Linda Williams, representante de los Países Bajos en 1981 que acudía como corista de la belga Vanessa Chinitor. O a la gran Doris Dragovic, que regresaba al certamen bajo la bandera croata. Poco o nada se dejó ver Charlotte Nilsson. Algún fugaz plano de Lydia. Y protagonismo para Selma, que no sólo vendió muy bien su excelente producto en el escenario, sino también durante la semana en los actos promocionales.

    Selma durante el acto de promoción del videoclip de su candidatura en Jerusalén

    Como ya pasó en el primer documental de final abrupto, en el de 1999 se origina un salto brusco desde las entrevistas de la semana previa hasta el Hallelujah en conjunto del final de la gala. Ni rastro de cómo se produjo la llegada de los asistentes al certamen. A diferencia de cuando las señoras y señores en Irlanda subían y bajaban las escalinatas del Point Theatre con sus largos vestidos y chaqués.

    Otra muestra del cambio de identidad que se presumía en un Eurofestival decidido a mudar la piel. Del elitismo y la elegancia, en el buen sentido y por los motivos esgrimidos, hacia una apertura a todos los públicos. Un año más tarde en Estocolmo, Suecia acabó pulsando definitivamente el botón hacia el evento moderno y casual que conocemos hoy en día. Con esta clase de documentos impagables, gracias a la labor de gente como Philippe y Peter, podemos seguir indagando en los orígenes, el pasado y la evolución, tratando de entender el cómo y los porqués de las múltiples cuestiones que rodean al mayor espectáculo audiovisual. El confinamiento ha sido un gran aliado.

  • Eurovisión en tiempos de confinamiento: el gran descubrimiento (I)

    Eurovisión en tiempos de confinamiento: el gran descubrimiento (I)

    Imagen actual: Eurovisión en tiempos del confinamiento por el coronavirus

    Una serie de documentales domésticos ambientados en la semana previa de hasta ocho festivales emergieron hace pocas semanas para amenizar nuestra cuarentena

    Seguimos aprovechando esta cuarentena como excusa para echar la mirada atrás en la historia del festival con el fin de llenar este vacío existencial. Dicen que todo tiene un lado positivo, no nos queda otra que encajarlo con ánimo constructivo pese a la dificultad. El confinamiento nos ha cogido en fuera de juego y empieza a oxidarnos. Sin embargo, en días donde las certezas brillan por su ausencia y el carácter se nos torna cada vez más irascible, empezó a surgir algo con sabor añejo a lo que aferrarnos tras la cancelación de la edición de este 2020.

    Como agua de mayo entre marzo y abril. Hace cosa de tres semanas comenzaron a emerger una serie de documentales domésticos ambientados en la semana previa de hasta ocho festivales entre finales de los 80 y la década de los 90. Un behind the scenes, para que se hagan una idea si no los han visto ya. Los vídeos fueron subidos en el canal de un desconocido Peter Henshaw. Un tipo con pocos suscriptores que apenas contaba con puñado de vídeos musicales -con cierto denominador común- entre los 70 y los 90. Sin embargo, éstos llevaban la firma de alguien llamado Philippe Schlesser.

    Por (de)formación profesional a uno se le agolparon las preguntas. ¿Quién es Peter Henshaw? ¿Por qué sube estos vídeos con la firma de otra persona? ¿Por qué ahora estos documentales tan vintage? ¿Cómo habían llegado a él? ¿Cuántos había en total? ¿Y qué hay de Philippe? Se empezaba a fraguar la historia del momento, el gran descubrimiento de la cuarentena. Había tema y tiempo para ponerse manos a la obra

    Entre parte de la comunidad, a través de algunos hilos en las redes, el serial empezó a hacerse popular y el goteo diario de documentales subidos era cada vez mayor. Partiendo con la intención de NO spoilear sino de estimular el visionado de unos reportajes donde Phillippe Schlesser (and friends), con cámara y micrófono, se dedicaron a captar el ambiente de la semana previa al certamen día a día: el contexto, el salseo de las fiestas y el Euroclub, entrevistas a los artistas o incluso el seguimiento a algunos ensayos, por ejemplo. Café para muy cafeteros. Una gran contribución al eurofanato en tiempos de confinamiento, qué duda cabe.

    Johnny-Logan-Schlesser
    Schlesser entrevistando al ‘anfitrión’ Johnny Logan en la previa del festival de 1988

    Reconozco que mi orden de visionado fue asimétrico, ni siquiera según Peter los iba subiendo a su canal. Llegué cuando ya había subido dos o tres, y al día siguiente nos encontrábamos con otro más, hasta llegar a los ocho en total. Seguí mi propio orden, según me apetecía por el año y el nivel musical, especialmente, y dosificando para poder paladearlos como merecen junto a la Wikipedia.

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    La tarjeta de presentación de OGAE Luxemburgo en 1998 con Philippe Schlesser al frente

    Aquel que esté leyendo estas líneas sin haber caído en la tentación sospecho que, todavía a estas alturas se preguntará: ¿Pero quién era Philippe Schlesser? Una cuestión elemental que hasta después de ver el primer reportaje no intentamos descifrar. Y fue impactante. Porque al acabar, como sucede en varios de ellos también, Peter lanza un tributo a Philippe recordando su fallecimiento en 2015 con un mensaje en los créditos homenajeando su labor. Mi absoluto respeto y agradecimiento.

    Philippe Schlesser, la leyenda oculta del Gran Ducado

    Según la poca información que circula, Mr. Philippe Schlesser era un seguidor del Festival de Eurovisión desde tiempos inmemoriales. Nacido en 1968 en Luxemburgo, su nombre figura como presidente del club de fans de OGAE del Gran Ducado en el año 1998 junto a ilustres como, por ejemplo, José Juan Santana o el periodista luso Nuno Galopim, protagonista de la gran catarsis de la RTP desde que en 2016 trabajara como consultor para el Festival da Cançao y Eurovisión, siendo supervisor creativo del certamen en 2018. Una lectura recomendable, por cierto.

    Libro-Eurovision-Portugal
    El libro de Nuno Galopim donde relata especialmente el punto de inflexión de la RTP hasta su triunfo en 2017

    Cronológicamente el primer reportaje data del año 1988 en Dublín, una plaza archiconocida por Philippe a lo largo de su trayectoria. Echando cálculos apenas tenía 20 años y, ediciones más tarde, acabaría entablando amistad con Peter, también seguidor del eurofestival y heredero de las cintas VHS digitalizadas durante este confinamiento. El último vídeo, y el más breve, es el que realiza en Jerusalén 1999. Donde ya se empieza a percibir cierto cansancio del luxemburgués con el trajín de alternar la cámara y el micrófono en mitad de la transición hacia una nueva era, proyectada un año más tarde en Estocolmo.

    Esto es sólo un anticipo. De algunos entresijos y salseos varios de los diferentes capítulos, en los que España también cobra protagonismo, prometemos encargarnos en el siguiente episodio. Antes de que podamos salir en tromba a la calle como los ONE al escenario de Tallin en 2002 para cantar Gimme. Mientras podéis explicarnos si habéis tenido la misma curiosidad que nosotros durante esta cuarentena visionando estas reliquias y qué os han parecido, sin hacer spoiler.

    ¡Hasta la vista!

  • Menuda fiesta con Blas

    Menuda fiesta con Blas

    Blas no cantó, la gente se enfadó, unos singles presentó y todo el mundo se hartó; perdón en las redes pidió y a duras penas convenció.

    Tras la cancelación de Eurovisión 2020 por la crisis del coronavirus, han sido muchas las alternativas al certamen presentadas por las televisiones públicas de los distintos países participantes, así como por los organizadores de las fiestas eurovisivas anuales más importantes.

    Una de ellas, la #PrePartyESatHome, organizada por los compañeros de la web eurovision-spain.com, tuvo que realizarse de forma online por la imposibilidad de hacerlo de forma presencial. Una fiesta en la que estuvo presente Blas Cantó, nuestro representante este año en el festival, pero no como a todo el mundo le hubiese gustado.

    El primer no

    El artista murciano intervino apenas unos instantes en la emisión de la gala en línea para presentar un vídeo sobre la historia del concurso. Sin embargo, no interpretó ‘Universo’, la canción con la que iba a acudir a Róterdam, ni en ese momento, ni en ningún otro, algo que enfureció a los eurofans.

    Bien es cierto que en el cartel del evento web no aparecía el nombre de Blas como uno de los artistas ejecutantes, sino que su rol se limitaría única y exclusivamente a conducir la gala junto a otros cantantes como Barei y Krista Siegfrids, o Víctor Escudero, comentarista del festival para RTVE y miembro de eurovision.tv.

    A pesar de esto, fueron multitud de eurofans los que mostraron su descontento en redes sociales a la finalización de la velada, sorprendidos ante la no aparición del cantante de Ricote. Uno de los miembros del medio organizador publicó que el artista había alegado no tener los medios suficientes para llevar a cabo una actuación a la altura, algo que no pareció convencer a los seguidores más enfervorecidos del eurofestival. Mientras tanto, el principal protagonista de la historia parecía hacer oídos sordos a todo lo que se decía de él.

    Un nuevo golpe

    Lejos de calmarse, el enfado de los eurofans fue a más cuando Blas Cantó anunció un directo de Instagram junto a la también artista eurovisiva Pastora Soler (España 2012) para presentar por primera vez ante los medios su colaboración en el tema ‘Mi luz’ de la cantante sevillana. Si no tenía los medios suficientes para cantar en la #PrePartyESatHome… ¿cómo es que podía hacer un directo de Instagram para esta causa? ¡Bronca!

    Para rematar

    La reacción del eurofanato no se hizo esperar, pero la gota que colma el vaso cayó, y lo hizo después de que Blas volviese a recurrir a las redes sociales para presentar un nuevo single, esta vez junto a la estadounidense Kelly Clarkson. ‘I Dare You (Te reto a amar)’ es el título del tema que desató la ira de los fans de Eurovision, que no podían comprender cómo Blas podía estar haciendo promoción de colaboraciones en temas con otros artistas, pero nada de ‘Universo’, ni del festival, ni de su ausencia en la #PrePartyESatHome, ni de nada de nada.

    Después de anunciar en Twitter que lo que padecía realmente era un problema de ansiedad que no quería dar a conocer por tratarse de una situación difícil e incómoda por la que ya había pasado en ocasiones anteriores, Blas no pudo soportar los continuos ataques de un sector eurofan poco comedido y por qué no decirlo, con muy pocas luces también, que recurría constantemente a los insultos hacia el cantante para mostrar su disconformidad con la situación.

    Esto llevó a Blas Cantó, quien recordemos volverá a ser el representante de España en Eurovisión 2021 tras la aprobación del ente público, RTVE, a cerrar su perfil en la red social del pájaro azul, probablemente con el objetivo de no leer más mensajes dañinos en mitad del duro momento que parece estar atravesando.

    Y por fin se manifestó

    Instagram fue la red social elegida por el cantante murciano para expresar lo que realmente le estaba sucediendo. A través de unas capturas de la aplicación de notas de su teléfono, Blas explicaba por qué no se sentía con fuerzas de cantar ni de realizar ninguna otra actividad promocional relacionada con ‘Universo’ ni con el eurofestival.

    Por el contrario, el exmiembro del grupo Auryn aseguraba estar pensando en el futuro y mediante la frase «y cantaré, cantaré, cantaré», dejaba entrever que volverá con más fuerza para dejar bien alto el pabellón español el próximo año en Róterdam, sede de Eurovisión en 2021.

  • Eurovisión en tiempos de confinamiento (I): el inicio

    Eurovisión en tiempos de confinamiento (I): el inicio

    Tras el duro revés que supuso la cancelación del festival, nos aferramos a la nostalgia desempolvando reliquias para intentar hacer más llevadero el comienzo de la cuarentena.

    Más de un mes de obligado encierro da para mucho. Hasta ahora no éramos muy conscientes del significado de la palabra confinamiento ni de las consecuencias que acarrea. A veces la nula fuerza de voluntad, bajo la excusa de la rutina diaria, nos empuja a dejar para el día siguiente aquello que podríamos asumir de inmediato. Acumulando polvo en cajones o estanterías. Y como no hay mal que por bien no venga, tras la primera semana de cuarentena y por una cuestión casi de salud mental, había llegado el momento de afrontar, actualizar y ordenar toda esa pila de cosas almacenadas y aparcadas durante años. Un propósito que a día de hoy sigue en marcha, en sintonía con la duración del encierro.

    El gran revés, a modo de efecto, llegó el día en el que se cumplían 59 años del debut de España con la actuación de Conchita Bautista en Cannes. Se rompía una tradición de 64 años ininterrumpidos. La pandemia de la Covid-19 condujo a la UER a un hecho sin precedentes, que ni conflictos diplomáticos y enfrentamientos bélicos habían logrado. Y con ello se desvanecía la ilusión de cumplir un sueño en Rotterdam, que deberá posponerse tras remover Roma con Santiago en los últimos meses. Fue un día frustrante y muy triste. De un vacío interior absoluto.

    Sin embargo, la vida -más con la que está cayendo- nos obliga a mirar hacia adelante y quitarnos el luto más pronto que tarde. Por suerte. Pese a nuestros lógicos momentos de bajón. Así que, apenado entre cuatro paredes, se antojó imprescindible destapar alicientes. Encontrar una vía de escape que hiciera más llevadero el paso de las horas y los días. Descartando, al menos por el momento, la opción del balconing. Algunos prefirieron dejar de escuchar los temas seleccionados en este 2020. Otros se enzarzaban en encontrar a cualquier precio una solución justa para la situación más compleja y extraordinaria en la historia del festival. Cada cual a lo suyo y en su derecho. Opté por salir del bucle.

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    El disco de Alejandro Parreño entre los de Eurojunior 2003 o los recopilatorios caseros, como el Melodifestivalen 2006.

    Como muchas personas en esta cuarentena me abracé a la necesaria y profunda limpieza del hogar. Mi madre no se creía que por fin iba a reorganizar mi habitación. Ese movimiento iba a provocar que rememorara tiempos pasados rescatando todo tipo de CD’s, revistas, archivos, documentos o fotos de la última década, como poco. Y qué mejor forma de hacerlo llevadero que con el sonido y la locución del añorado maestro José Luis Uribarri. Lecciones de (juvenil) buen gusto mientras removía entre mis guantes recuerdos de la infancia y la adolescencia, bobinas con música de los 2000 o apuntes con pronósticos de preselecciones de la época. Nostalgija.

    Hasta seis festivales entre los 90 y los 00′ llegaron a caer. Con los que crecí y me aficioné. Mi época fetiche. Es lo que se llevaba, como el tractor amarillo. Mientras tanto, intenté archivar con cierto criterio viejas quinielas del Melodifestivalen 2006, letras del 2004 impresas de la antigua eurofestival.tk o algún concurso forero del momento como el Eurogame o el Forovision. De esas anotaciones surgieron algunos bopasos traspapelados para añadir a Spotify, como el Shanghain Valot de la finlandesa Annika Eklund en 2006, por ejemplo.

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    Los antiguos VHS, en paradero desconocido, volvieron a ser identificados.

    Entre cajones y armarios asomó el merchandising del viaje a Viena en 2015. El disco de Daniel Diges o Ramón. Los Absolute Schlager de mediados de los 2000, el original de Eurojunior 2003 o Eurovisión 2004, por ser el del cambio de imagen. De los pocos que he llegado a comprar, ya que por aquel entonces, se estilaba la grabación casera comprando bobinas de ‘X’ CD’s que después servían para almacenar. En uno de ellos residía el DVD donde mantengo una copia de los festivales desde 1990 hasta 2003. Salvo el 2000, el único que aún se me resiste (S.O.S). Incluso los VHS en paradero desconocido han vuelto a ser identificados. De igual forma que el disco de Marta Roure, finalmente sin firma en una Preparty reconvertida por las circunstancias a cargo de los compañeros de Eurovision-Spain.

    El objetivo real se cumplía. Mi cabeza no tenía tiempo para pensar en la maldita incertidumbre laboral, ni en el exceso de información al que nos someten entre tanta tristeza. Sólo tenía ganas aprovechar la nueva distribución. Con motivación y optimismo. La vida es dura y consiste, en pararse así que vamos ¡resiste! Dejando de lado las redes sociales. Únicamente el grupo del Euromovidas me mantenía al tanto por si teníamos que grabar alguna pieza en el ocaso de la primera temporada o concentrarnos para alguna terapia grupal recordando con humor antiguos temarraquens o bopasos.

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    El primer disco de Marta Roure, recuerdo del primer viaje de Andorra en 2004.

    A colación del hilo del amigo Luis Mesa, empezamos a elaborar un listado de Guilty Pleasures. Una fantástica idea y otro ingrediente más a añadir en mitad de mi desorden. Sobre la marcha, como nos gustan las cosas a nosotros. Así que al acabar cada jornada, escribía aquellas que consideraba que tenían cabida tras los festivales revisados durante el día. De forma cutre, a bolígrafo y en un bloc de notas, tachones incluidos. Made in Spain.

    Aquello no duró más de tres días, lógicamente. Tener la habitación empantanada de cajas y papeles no era lo más higiénico y saludable. Y menos en los tiempos que corren, recogiendo cable cada tarde noche para poder dormir. La limpieza del hogar llegó a buen puerto. Pero a día de hoy todavía quedan muchas carpetas por clasificar con curiosidades y anécdotas olvidadas con el tiempo. Una manera de aprovechar la Semana Santa, de cómo reforzar la fe eurovisiva ante la excepcionalidad de un curso tan delicado para todos. Llegados a este punto, ¿qué recuerdos guardáis entre los cajones? ¿A qué dedicáis vuestro tiempo libre en esta cuarentena?

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    Más reliquias desempolvadas durante el confinamiento: los discos de Daniel Diges y Ramón.

    Sólo con la idea de hacer más llevadera esta durísima etapa cargada de inseguridades para todos. E interactuar. A modo terapéutico. Con el deseo y la esperanza de poder estar en Rotterdam o allá donde quiera que sea la edición de 2021, según se decida en los próximos días. Tratamos de reinventarnos con este rincón para que os sigáis identificando, o no. Y como, desgraciadamente, todavía nos quedan algunas semanas de confinamiento por delante, es imprescindible dosificar. Por lo que os emplazo al siguiente capítulo para seguir divagando sobre un par de episodios de la época. Entre ellos, sin duda alguna, el descubrimiento por excelencia de esta cuarentena. Así que, agradeciendo a todos la acogida de antemano, me despido como adelantaba el primer embajador ucraniano Olexandr Ponomaryov: Hasta la vista.

  • ¿Te gustan estas canciones? A mí, no

    ¿Te gustan estas canciones? A mí, no

    Para abrir la serie de numerosos posts que iré publicando en este maravilloso nuevo espacio, he optado por derramar algo de odio sobre algunas canciones de Eurovisión que, por lo general, agradan a todo el mundo, pero oye, a mí no tanto.

    ¡Hola! ¡Bienvenidos a la recién estrenada web de ‘Eurovisión y esas movidas’! No podía comenzar esta nueva aventura sin dar un poquito de caña. Así soy yo. Así somos realmente todos en el programa.

    Sé que no os va a hacer ninguna gracia que empiece por un tema del 2020, edición que, muy a nuestro pesar, no se va a celebrar por la dichosa crisis del Coronavirus. «Fai rumore» de Diodato, la candidatura que debía portar Italia al Ahoy de Róterdam, es sencillamente un coñazo.

    Sinceramente, no puedo comprender cómo en un festival con una selección musical tan variada como es el de San Remo, pudo ganar semejante bazofia cuando había auténticas joyas. No estoy diciendo que tendría que haber ganado «Musica e il resto scompare» de Elettra Lamborghini, no penséis mal, pero «Andromeda» de Elodie… pues igual sí. Michelle Zarrillo también llevaba, bajo mi punto de vista, un auténtico temazo con «Nell’estasi o nel fango».

    No puede ser que, de 23/24 canciones en liza, entre las tres superfinalistas solo hubiese una decente, «Ringo Star» de Pinguini Tattici Nucleari. Porque «Viceversa» de Francesco Gabanni era otro bodrio… difícil de tragar, ¿eh?

    ¡Hala! Ya me he calentado. ¿Veis? Si es que no se me puede dejar escribir así como así, darme carta blanca a mí es un auténtico peligro.

    Continúo con una propuesta que consiguió cautivar a gran parte del público en el año 2015. «A Million Voices» de Polina Gagarina se convirtió, no sé por qué, en casi un himno. La gente riendo, llorando, todas las emociones habidas y por haber, por lo visto, se desataban cuando escuchaban la melodía y la letra de la candidatura rusa en Viena.

    A mí la sensación que me dio cuando vi a esa señora enfundada en un vestido blanco vaporoso de anuncio de compresas, fue que la pobrecilla lo estaba pasando mal, tenía cara de susto a la par que estreñimiento, no sé, un poco cuadro. ¡Pues con todo y con eso quedó segunda! Alucinante.

    Claramente Rusia se vio beneficiada ese año por lo polémico de su actuación el año anterior con las hermanas Tolmachevy, abucheadas y boicoteadas en cierto modo por el público presente en el astillero danés tras las políticas que acababa de aprobar Putin con respecto a la homosexualidad en el país. Ver a Polina junto a Conchita en la green room… supuso una imagen muy potente en ese momento.

    No digo que eso hiciese que la chavala, que canta como los ángeles, lograse un segundo puesto gracias a eso, pero la canción no tenía absolutamente nada que la hiciese destacar sobre otras muchas que sonaron en aquella edición y que fueron injustamente maltratadas como «I’m Alive» de Elhaida Dani.

    ¡Seguimos para bingo! Y lo hacemos con una canción que quedó tercera en 2011, «Popular» del celebérrimo Eric Saade. Este tema… ¿por qué? Es la basicada pop máxima. Lo peor es que uno busca en las propuestas del Melodifestivalen ese año y tampoco es capaz de encontrar una alternativa decente a esta cosa tan simple, porque el «In the Club» que quedó segundo, era horrible también. En fin, que Suecia ese año pasaba por momentos terribles en el terreno eurovisivo y sorprendió con tal hazaña, que precedería a la victoria de Loreen en 2012 con «Euphoria».

    ¿Qué pasa? Que esto sentó un precedente en el festival y en los años siguientes a la actuación de Saade tuvimos que aguantar a sus homólogos en otros países, tales como Tooji con «Stay» por Noruega en 2012 —de las peores actuaciones que uno puede recordar—, o Ryan Dolan con «Only Love Survives», otro cuadro de comedor.

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    Para culminar esta primera columna de opinión, un 2×1. Volvemos a viajar hasta la Rusia de mi amado Philip Kirkorov para hablar de un íntimo amigo suyo y de dos canciones producidas por su persona. Sergey Lazarev representó a la nación más grande del planeta con «You’re the Only One» en 2016 y con «Scream» en 2019, cosechando dos terceros puestos. Y demasiado me parece.

    Maravillados, atónitos, de pasta de boniato afirmaron haberse quedado los eurofans al escuchar la primera de las candidaturas de Lazarev, un tema que, si bien está construido de forma adecuada, se reprodujo en el Globen con una puesta en escena calcada a la de Bielorrusia 2007 con Koldun y «Work your Magic» —también de Kirkorov— mejorada gracias a las tecnologías existentes en aquel momento. Es decir, copiarse a uno mismo, ¡válgame!

    De la otra, poco más que decir que una auténtica decepción. Ver a Sergey cantando el tipo de canción que es «Scream» —por no hablar del videoclip que, aún a día de hoy, sigo sin entender qué relación guarda con el tema—, la puesta en escena de Tel Aviv con el cargamento de espejos de Ani Lorak que Tamara Todevska supo aprovechar —¡y sin espejos! —.

    No me gusta usar la palabra sobrevalorado, pero en este caso no me queda más remedio, pues un producto que veo inflado por el público y que no llega realmente a transmitir, es artificial, hecho para aniquilar al rival… sin éxito, afortunadamente.

    Hasta aquí mi primera incursión en esta, la nueva web del Movidas que de todo corazón espero y deseo que disfrutéis tanto o más como nosotros haciéndola. Un trabajo de muchos meses, alentado, todo hay que decirlo, por la gran acogida que ha tenido nuestro podcast en tan pocos meses.

    ¡Gracias!