En el programa del pasado viernes, que dedicamos a La Porra de Eurovisión Junior 2020, mi compañero Dani Fernández abría un pequeño debate sobre el bajón de audiencias en el regreso de España a Eurovisión Junior. Y hablábamos del elemento diferenciador entre las dos etapas de nuestro país en el certamen: Eurojunior. La muchas veces (generalmente de forma merecida) criticada Gestmusic dio con un formato que enganchó al público, que logró éxitos en todos los aspectos y que marcó a una generación.

Siguiendo la estela de Operación Triunfo

¿Qué era Eurojunior? Pues, a grandes rasgos, era un formato que recogía el testigo del exitoso Operación Triunfo, pero con variantes (lo que lo hacía mucho más interesante, me atrevería a decir) para el Junior. Los niños “componían” los temas con la “ayuda” de importantes productores de este país, compitiendo posteriormente de forma individual, en dúos o en grupos. Cada candidatura estaba compuesta por dos temas (al menos en las primeras ediciones, posteriormente cambió), y de las galas salía finalmente el tema que nos representaría en la versión más joven del Eurofestival.

El éxito del programa lo reflejan varios elementos. Por un lado, los resultados en el certamen: una victoria, dos subcampeonatos y un cuarto puesto en sus cuatro participaciones. A eso se le suma la audiencia, superando las tres primeras participaciones de España en el Junior el 39% de audiencia (compitiendo María Isabel contra un Madrid-Barça), y solo bajando en su cuarta edición (-tras el cambio de formato de Eurojunior) al 23%.

También habla muy bien del formato el recorrido de sus participantes (gente como Blas Cantó, Alba Gil, Antonio José, Rocío Cabrera, Dani Fernández o la propia María Isabel han tenido una trayectoria posterior, más o menos exitosa, tras su paso por el programa). Y, evidentemente, las canciones: “Antes muerta que sencilla”, “Chachi Piruli” o “Navegando por Internet” son temas que recordamos todos aquellos que vivimos la fiebre de Eurojunior.

Carlos Lozano y la ambición de triunfos

Y buena parte del éxito residía en su presentador. Sí, lo sé: si juzgamos con ojos del presente, su labor no se sostiene por ningún lado. Pero si lo entendemos en su contexto, Carlos Lozano era un auténtico animal televisivo. Un conductor carismático, cercano a los niños, que daba ritmo a los programas y te hacía estar pegado a la pantalla. Y para muestra, un botón: os invito a comparar la nula emoción de Fernando Argenta tras el triunfo de España con la euforia de Carlos Lozano.

En definitiva, era un concurso al que se iba a ganar, para lo que se realizaba una selección con productores de renombre para poder ganar. Porque Eurovisión era un auténtico fenómeno de masas que rivalizaba con los grandes eventos deportivos, y Eurovisión Junior estaba a la altura. Las canciones gustaban, los artistas caían en gracia… y qué narices, que a todos nos gusta ganar. Por eso Eurojunior también fue un éxito: porque, si no se ganaba, se quedaba segundo. Pero se estaba peleando siempre por el triunfo porque España iba a ganar, y Eurovisión Junior tenía casi la misma importancia que el senior. De ahí que Carlos Lozano insistiera tanto en que habíamos vuelto a ganar Eurovisión.

Lo que trajo Eurojunior: María Isabel y sus coristas tras la victoria en Noruega

Crónica de una muerte… ¿anunciada?

Pero RTVE, con su nuevo equipo tras el cambio de gobierno, rompió con Gestmusic. Así, OT pasó a Telecinco, y Eurojunior sufrió un cambio a partir de su tercera edición. Era el principio del fin: de emular a OT se pasó a una versión de Gente de Primera, reduciendo la duración de las dos últimas ediciones (a tres galas y una sola respectivamente). El público dejaba de fidelizar con los concursantes, las canciones no sonaban tanto… y el fin se acercaba. La nueva corporación (ente por aquel entonces) comenzó a repudiar todo aquello que sonaba a “Eurovisión”, y el joven programa lo pagó: tras un cuarto puesto, España abandonaba Eurovisión Junior. Con ello llegaba el fin de Eurojunior: entre todos lo mataron, y él… no, el tiempo ha demostrado que, a diferencia del certamen europeo, él solo no se murió.

Y lo ha demostrado porque los que lo vivimos seguimos recordando, con nostalgia, aquellas canciones y a aquellos entrañables niños con los que muchos nos identificábamos. Porque Eurojunior se comió a Eurovisión Junior, hasta el punto de que la gente sigue refiriéndose al concurso paneuropeo con el nombre de la preselección. Era una gran cantera (para otros, también cartera. Pero al final la música es un negocio, ¿no?): la última gran cantera de jóvenes cantantes que hemos tenido en este país.

Nuestra televisión pública ha optado por el modelo de la elección interna en sus dos participaciones. No es la única diferencia: la sensación de ir a ganar no está, la visibilidad es nula, y casi nadie se acuerda de Eurovisión Junior. Y no es porque a la gente se le haya perdido en la memoria: es que nadie se lo ha recordado. Eurovisión Junior es un cadáver andante; Eurojunior, en cambio, fue asesinado cuando estaba en su mejor momento. Cuando más lo necesitaba la imagen de Eurovisión en España.

Por todo ello, solo puedo decir una cosa: larga vida a Eurojunior.

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