No, perdone. Al habla el señor más fatiga de toda la esfera de creación de contenido sobre Eurovisión en España. De agosto hacia aquí, 67 vídeos, una docena de podcast, una veintena de directos, y más de 1500 tweets y publicaciones en redes sociales. Me dirijo hacia ustedes con un claro objetivo: dejar bien aclarado que la afirmación esa de que Eurovisión es 365 días al año, cada vez es más cierta y cada vez lo entiendo menos.
El eurofán en su ciclo de adicción a este vicio tan europeo y divertido, poco a poco va abrazando eventos para complementar su año. Lo que de inicio es ver la final, acaba siendo ver las semis, conocer los temas candidatos antes del festival, y acabar viendo preselecciones por encima de sus posibilidades. Me encantan las preselecciones. Vivirlas, disfrutarlas, reaccionarlas en bolitas y hasta contarlas en la tele. Lo que no puede ser, es que cada vez lleguen antes.
De toda la vida, tu madre ya tenía algún polvorón tonto en la mesa camilla cuando era el Këngës de Albania, y empezaba todo. Te ibas desperezando, llegaban las navidades, y entre peladillas, cava y pelar gambas a modo profesional, a la vuelta, ya sí teníamos Eurovisión. Y Eurovisión, para el heavy user, el que encima seguía Eurovisión Junior como si fuera el convencional para calmar su ‘mono’. Comprensible, pero siempre bajo elección y grado de adicción a este festival de festivales.
Lo que no es nada normal, es tener para diciembre tres preselecciones ya, que los países anuncien sus candidatos en agosto, o que tengamos nombres de Benidorm Fest a tres meses vista. Al final, entre preselecciones, prepares, resacas y eventos varios, Eurovisión acaba siendo todo el año, y esto genera al final rechazo.
No les voy a mentir, este año ha costado Dios y ayuda volver a crear en Euromovidas. Acabamos el año con agujetas hasta en las pestañas, y lo cierto es que parar, parar, no se pudo parar del todo. Toda la ola de Benidorm se unió al puestazo de Chanel, y el puestazo de Chanel a volver con Benidorm en agosto. Como el opositor que repasa a diario los folios sudados de los temas, volvía a empezar todo. Como CJ en GTA San Andreas con el ‘Oh, shit, here we go again’. La temporada no había acabado y teníamos otra.
Al final, el hype, el ‘se vienen cositas’ y que esto, para qué mentir, nos encanta, acaba enganchando y retomas el tono, pero cuesta. Y esto no ha pasado nunca jamás. Escribo esto en el tren camino a Madrid para una presentación de artistas de España a Eurovisión 2023 en noviembre de 2022. Ayer, Países Bajos anunciaba artistas, y esta misma semana, Albania desvelaba los suyos, Australia borraba su preselección y Amadeus corría con Gianni Morandi por Roma para anunciar Sanremo. Igual que Mariah Carey espera al 1 de noviembre para ver su nombre crecer y crecer en las búsquedas de Google, me da la sensación de que Eurovisión va camino de tener un proceso anual por completo, aderezado con adaptaciones en otros lugares, y con un goteo intenso de información 365 días.
¿Estamos preparados? ¿Es buena idea? Partiendo de que creo que poco poder de decisión tenemos en el asunto, lo cierto es que lo mucho, empacha, y o priorizamos, o la ola nos acabará comiendo. Que mayo, aunque parezca mentira, está lejísimos aún.
¡Bienvenidos a los EuroBops de Eurovisión Historia y Euromovidas! Una vez al mes, repasaremos los mejores temas de eurovisivos durante el mes anterior, dando una vuelta a Europa con esa música que normalmente seguimos poco: la de los representantes más allá del festival.
Para cerrar el verano, nos hemos quedado con siete temas de eurovisivos lanzados el pasado mes de agosto. Suecia, España, Chequia, Irlanda e Italia son las paradas de este interrail musical. ¡Vamos con el top!
5. Los feats de Benny Cristo
Hay vida más allá de los revamps. La figura de Benny Cristo no salió especialmente reforzada del camino a Eurovisión 2020, pero solo con seguirle un poco la pista queda claro que tendrá un camino muy interesante en 2021. El mes de agosto nos ha dejado dos muestra musicales suyas en dos featurings de lo más variopinto, pasando de un dubstep diferencial con Perfect Summer Nights junto a NFIX & Candance, al rollo más chill veraniego junto a HILLS 97 con Máma Rikala.
La música checa poco a poco va destapándose a nivel europeo, y es para seguirla de cerca.
4. La Emma más latina
La personalidad es un grado en la música, y la de Emma Marrone es arrolladora. Su timbre de voz e imagen son inconfundibles, y en el año donde la florentina nos deja su debut en el celuloide, tampoco olvida la música con este Latina, cuarto corte de su último trabajo, Fortuna.
Con su estreno esta misma semana en los SEAT Awards, la música transalpina, ya con Castrocaro en la mesa y Sanremo en el horizonte, empieza a desperezarse tras la pesadilla de la COVID. Y nosotros, deseando seguirla de cerca.
3. Edurne, madrina de lujo de Mantra
Must! los crea, y Must! los junta. Hace poco conocíamos del nacimiento de Mantra, la nueva banda del ex-Auryn Carlos Marco junto a Charly y Paula Pérez. Con una mezcla de voces magnífica, la banda ha sabido bien desde el inicio rodearse de colaboraciones para dar empaque al proyecto, y tras una primera con Yera, la última llega este agosto con Prefiero Olvidarte junto a la eurovisiva Edurne.
La madrileña, que afronta un final de 2020 copado con lanzamientos como el de Idol Kids, y mil y un anuncios en televisión, se une a la banda dejando un tema fresquito y que da gusto oírlo. ¡Checkéalo!
2. Carola se apunta a un giro de 180º con Zara Larsson
Carola y Zara Larsson se llevan 29 años. Sin embargo, en la música no hay edades, y menos en las factorías escandinavas. Este Säg mig var du står no es ni más ni menos que una canción que una joven Carola estrenaba allá por 1985 en los rankings suecos, y que ahora, junta a una de las caras más potentes de la escena escandinava para darle un lavado de cara.
Sin perder el toque disco, pero dándole esa esencia entre el pop y el EDM que ahora tan bien funciona, la canción parece otra, pero parece dispuesta a tener otra vida exitosa. De momento, en Suecia anda sonando por todos lados.
1. La reina del country sueco está de vuelta
Reconocemos que para el eurovisivo, tenemos a una Anna Bergendahl antes y después de su vuelta al Melodifestivalen hace dos años. La chica de los lloros en la Green Room de Oslo en 2010 volvió a la escena internacional pisando fuerte, y primero con Ashes to Ashes y luego con Kingdom Come, mostraron que la madurez es un grado.
Sin embargo, Anna no dejó la música ni mucho menos en esa etapa en la sombra, llevando consigo ese country tan peculiar consigo. Thelma & Louise es el último ejemplo, y como cada canción que saca nos encanta, la dejamos en nuestro top-1.
BONUS: Jedward, extraordinarios, una vez más
Los Jedward siguen en ese espacio-tiempo suyo donde las boyband siguen funcionando, e ir vestido de Power Rangers más. Mientras el resto no hacemos más que sumar años y años, ellos se apuntan en pleno 2020 de nuevo al estilo Waterline, y como si fuera Baku, nos traen este Extraordinary donde se ponen chorreando, y siguen sonando igual.
«Muchas gracias por no pedirme canciones de otras épocas. Esto es un concierto de boleros, no de canciones escritas en Portugal en 2017». Claro y directo. Salvador Sobral se enfrentaba a su primer concierto fuera de Portugal desde que estalló la pandemia en la Plaza de España de Sevilla, y acabó como de costumbre: dando un recital que no sabes nunca cómo puede acabar.
Para muchos el luso ha cambiado mucho desde aquella semana de 2017 en Kiev, y lo cierto es que Sobral puede presumir de haber sido siempre él mismo, cueste lo que cueste. En la capital andaluza, Salvador se presentaba con Alma Nuestra, una banda de jazz nacida allá por 2015 en Lisboa, y que estuvo en un cajón hasta ahora mismo. Bromeando el portugués, declaraba que «llegó un momento en el que había ganado la Eurovisión, y claro, tenía un estatus diferente al de sus compañeros«, y lo cierto es que 2020 no le ha podido sentar mejor al recuperar una delicia musical de otra época.
Frente a artistas que luego de ganar el Eurofestival se quedan enganchados al mismo de por vida, generando contenido por y para los eurofans sin perder comba del ruedo eurovisivo, Salvador Sobral ha sabido relativizar la victoria de Ucrania, y servirle como trampolín perfecto para su música, la que viaja entre el jazz, el bolero y el fado según le plazca. Es de esas personas que viven por y para la música, aunque levante ampollas por ello.
No todo en la vida de un artista son aciertos
Con separación estricta, no hubo pandemia que pararan los sones cubanos de Salvador y los suyos
Sí, sabemos lo que pensáis. Sobral no estuvo ni por asomo acertado desprestigiando a Netta en Lisboa, ni dándole el premio de refilón por cumplir, pero en definitiva un artista vive de su música, y a veces buscamos una afinidad a toda costa.
Salvador es así, capaz de encontrarse en plena Plaza de España, joya de la Exposición Iberoamericana de 1929, y decir que «es muy bonita pero pagada con todo el dinero de América del Sur». Es el mismo que visibilizaba a los refugiados en Kiev frente a delegaciones de naciones que invertían más que nunca en concertinas. Es una persona que no le escuece decir lo que piensa a cualquier precio.
En plena cultura de la cancelación, somos de los que pensamos que es momento de valorar a Salvador por sus sublimes interpretaciones de boleros de María Grever o Juan Carlos Lobián antes que acordarnos de un patinazo que ha cumplido ya dos años.
Los genios son genios por algo, y normalmente lo son en parte por su irreverencia. Salvador Sobral es de esos que llega a Sevilla y te canta ‘Todo es de color’ de Triana en medio de una canción, te rapea por Public Enemy en medio de un bolero de principios del siglo XX, e incluso parece renegar de la fama y ‘los fuegos artificiales’ asociados a Eurovisión. Sinceramente, mientras sigamos teniendo su música cerca, lo demás es secundario.
Esta es mi reflexión de una noche de verano post-pandemia, donde un portugués que habla castellano como un gaditano, trajo un trozo del Malecón de La Habana en un recinto dedicado a la América pre-colonial. Un juego fantasioso que hace perdonarte todo, señor Sobral.
Lo reconocemos, estábamos con la escopeta cargada ante la peli de Netflix sobre nuestro apreciado Festival de la Eurovisión. Promo tras promo, no hacíamos más que pensar que la estratagema de Will Ferrell y compañía iba a ser una mofa más a un evento que pese a ser considerado el espectáculo musical más grande del mundo, vivimos acostumbrados a que sea la risa en cualquier círculo de gente no seguidora del festival.
Sin embargo, también reconocemos que el sabor de boca al acabar la película ha sido más que bueno. Y es que pese a considerar que estamos ante una trama más que manida, y que esto del ‘sueño americano mal’ lo ha explotado Ferrell mil y una veces, The Story Of Fire Saga es el perfecto punto medio entre una película para el público general (sobre todo americano) y una peli que guste al eurofan, el que siempre es exigente con lo suyo.
Con todo esto, es momento de ir resumiendo las claves que creemos que han hecho de la peli un éxito, y han convertido un producto de nicho en un film que se ha colado en los más vistos de Netflix en medio mundo. ¡Vamos uno por uno!
1. Guiños al eurofan
Al igual que ahora se ha hecho una película de Eurovisión, hemos visto en los últimos años como se hacían pelis de fútbol, baloncesto, NASCAR (Will Ferrell hacía una de hecho), o del mundo del faranduleo jugando en esa fina línea de realidad y ficción. The Story Of Fire Saga no está lejos de estas, y han sabido jugar con el entorno perfectamente.
Aprovechando que a Ferrell el festival le ha caído en gracia, y que la UER ha visto un filón en promoción e imagen con el largometraje, que la peli cuente con estrellas de la talla de Anna Odobescu, coloque a un Jon Ola Sand ficticio o recree un Songvakeppnin inventado son cosas que al eurofan medio le vuelve loco.
Como contrapunto, en pos de la emoción, el guión se ha permitido otras licencias como las de colocar votos en semifinales o dejar a España participando en la misma y recibiendo doce puntos, algo que a todas luces tiene que ser ficción. Sin embargo, estos ‘errores’ son una raya en el agua frente a todas las licencias que se toma una película grabada milimétricamente en Tel Aviv mientras el festival de 2019 tenía lugar.
2. Guiños al espectador general
Lars y Sigrit no saben como acaban en Eurovisión, pero consiguen éxito
The Story Of Fire Saga es esa película que entraría genial en una tarde de domingo bien acompañado de sofá, manta y palomitas. Sin embargo, con una temática un tanto peliaguda como Eurovisión, no era tarea fácil en dos horas encontrar personajes que empatizaran con el público general y que al mismo tiempo explotaran los clichés del festival.
Sin embargo, lo han conseguido de lleno con los personajes de Rachel McAdams y Will Ferrell. Situando el inicio de la trama en la lejana Islandia de elfos y frío, Lars y Sigrit son dos personajes que caen bien solo de verlos, y que si bien son frikis del festival (sobre todo Lars), se les coge cariño pronto, deseando desde el primer momento que lleguen y ganen Eurovisión por la puerta grande.
Junto a ello, redondear el paradigma del éxito y el más que trillado ‘sueño americano’ con puntuaciones que se deciden al final, un amor que no llega a buen puerto, y un final agónico donde el resultado da igual, son la cuadratura del círculo a una película que sabes como va a acabar desde el principio, y que te hace sacar una sonrisa, seas fan o no de la Eurovisión. Ahí está el gran triunfo del film.
3. Música que podría funcionar perfectamente en el festival
Husavik sería muy competitiva en un festival real
Sabemos perfectamente que llevas una semana quemando Husavik o Double Trouble en Spotify, nosotros también. Y es que dejar la producción musical de la película en manos nórdicas es probablemente el mejor acierto de la misma.
Viendo nombres como los de Thomas G:Son o Molly Sandén detrás de las canciones, que todo fuera grabado en el aura del Centro de Convenciones de Tel Aviv hace que por momentos te creas que las canciones son del mismo festival. Desde el girito latino arrogante de Alexander Lemtov que recuerda al magnánimo Phillip Kirkorov, hasta ver a Demy Lovato enfundada en un midtempo que quedaría sexta en una semi del Melodifestivalen, todas las canciones están pensadas por algo.
¿Que esto reafirma la cantidad ingente de clichés que tenemos musicalmente hablando en el festival? Sí. ¿Que estos clichés nos dan la vida? Pues también.
4. Explotar la vía apasionada
La ilusión por el festival, el cliché que más une a fans y la película
Por último, hemos de asumir que todos más o menos somos un poco Lars Erickssong. El festival de la Eurovisión o se vive apasionadamente o no se vive, y la figura que encarna Will Ferrell lo deja más que claro. Quizá por su experiencia viviendo el festival en Lisboa un año antes, o porque directamente le gusta el certamen, Ferrell en la película termina nadando en aguas frías y metido en un coche con seis guiris para llegar al pabellón en Edimburgo, al igual que tú haces cuatro escalas y ahorras todo el año para ir al festival cada mes de mayo.
El paralelismo es claro, y si bien en el inicio el pequeño Lars es abochornado mientras baila al son de Waterloo en 1974, luego consigue convertir de su sueño su vida, y llegar donde siempre quiso. Una lección que le vale al eurofan, y al que no lo es, pero que quizá hace sentirse mucho más identificado al primero. Su speech justo antes de empezar con Husavik y ser descalificados de la final en Edimburgo, podría ser el tuyo o el mío, y ese, es el gran acierto de la película.
¿Y tú, qué opinas? ¡Déjanos en los comentarios qué te ha parecido la película!
Como os habrá pasado a todos, a mi el confinamiento me ha servido para ver todo lo posible en plataformas de streaming. Coincidiendo con los días eternos de encierro, Amazon Prime Video estrenaba Amaia, una vuelta al sol, un documental de Vampire Films y Universal, en el que desgranan el primer año de carrera musical de Amaia Romero. Con unos escasos cincuenta minutos de metraje, la pieza es la viva radiografía de lo que se espera de la navarra, una cara que entronca claramente con la que vemos meses antes del inicio de este documental en Lisboa con motivo de la Eurovisión de 2018.
El documental, siempre en primera persona, muestra la andanza de una artista joven e indecisa en su desembarco en la industria musical. Los primeros pasos nunca son sencillos, y en el caso de Amaia si algo queda claro es que necesitaba desconectar. Entre líos de filtraciones, cambios de productores, y desconexiones en latinoamérica que hacen formarse poco a poco su primer trabajo Pero no pasa nada, este documental de apenas una hora me ha hecho cambiar radicalmente la percepción que tenía hacia ella, sobre todo luego de ver ciertas actitudes en tierras lusas.
Una personalidad ajena a presiones
El ‘pero no pasa nada’ que da nombre a su primer trabajo nos suena de sobra. Es el mismo calcado al que oíamos una y otra vez en una de las escalinatas del Altice Arena al acabar Eurovisión 2018. Luego de obtener un muy frío vigésimotercer puesto, tanto a la pamplonica como al por aquel entonces su compañero Alfred se les notaba en la cara que el resultado era lo de menos frente a acabar con meses agotadores que nunca les acabaron de llenar.
Sí, algo pasaba algo con el resultado, y de hecho las caras de la troupe de TVE detrás de los Almaia eran otras radicalmente opuestas. En el año donde el fenómeno fan juvenil había vuelto a engancharse a Eurovisión, todo lo que pudo salir mal salió mal, y el bottom era el doble de doloroso al ver como el Altice Arena estaba poblado de banderas rojigualdas. Pero probablemente, a Amaia, esto le daba igual, y no hay por qué culparla por ello.
Con dos años de distancia, podemos ver a ciencia cierta como Tu Canción, pese a ser una balada más que decente, era un pack prediseñado para explotar el amor juvenil por vigésima vez en Eurovisión llegando a resultar hasta algo pretencioso. Luego de tres meses agotadores, la pareja se habían convertido de la noche a la mañana en la pareja de España, y con un verano de gira en el horizonte y unos proyectos profesionales muy ilusionantes, Eurovisión era la última piedra en el camino antes de ese objetivo. En Portugal vivieron un compromiso profesional que encima tuvo mal resultado. Como lo viviera Anouk hace años o probablemente los Hooverphonic este, pero con un bottom a la espalda. Algo, que se te queda para siempre.
No, a todos no les tiene que gustar Eurovisión (más que nos pese)
Como buen eurofan que seguro que eres, alguna vez se te ha llenado la boca de decir la oportunidad que es ir al festival para un artista, defendiéndolo como el evento musical más grande del mundo. Razón, no te falta, pero desgraciadamente la ilusión no puede ser nunca en la vida impostada.
Si bien allá por 2001 tras el éxito de David Civera en Eurocanción, nacía Operación Triunfo como una mera preselección al Festival de la Eurovisión (bien nos lo cuenta Alejandro Abad en nuestra última entrevista), en 2017 la cosa no era así, hasta el punto de dudar en los propios meses de si el formato de Gestmusic acabaría siendo vía a la Eurovisión o la corporación pública optaría por un dedazo para Lisboa.
De esta manera, no podemos culpar a nadie de que le haga más ilusión un concierto en su ciudad o salir en la tele que ir a Eurovisión. Partiendo de que hay que exigir un mínimo de profesionalidad ante el reto, y de que al firmar un contrato hay una serie de compromisos que cumplir, en España chocamos año tras año con la misma piedra: la de querer que el eurovisivo además de buen cantante y tener buena canción, tenga que ser una persona súper cercana y amigable.
En el caso de Alfred y Amaia lo vivimos como el que más. Recién salidos de la academia de Terrassa, quitando alguna firma de discos, el camino a Lisboa fue el primer gran envite profesional de dos chicos, que guste o no, no tenían ninguna cintura en el asunto. Bajo esta premisa, las entrevistas pueden hacerse bola, la canción te puede no gustar o puedes acabar hasta el moño de los ensayos. Todos somos humanos, y desgraciadamente todos no somos eurofans o conscientes de lo que supone el Eurofestival. 365 días después Miki Núñez nos haría reconciliarnos con el concepto OT asociado a Eurovisión, al igual que Ramón del Castillo nos quitó el mal sabor de que Beth no fuera tan motivada a Riga. Sin embargo, la catalana (con un temazo de Andermay) se vino con un top-10 en el bolsillo, y eso hizo que no doliera tanto que pasara por la experiencia de puntillas. El resultadismo de siempre.
Ya te entenderemos, Amaia
La sencillez e irreverencia de Amaia nunca casó con Eurovisión. Y no pasa nada.
Por ello, a modo de conclusión y quizá afectado por el influjo de positivismo y comprensibilidad de ir pasando fases en esta pandemia, creo que le debemos algo más de empatía a Amaia con su experiencia eurovisiva. Volviendo al documental, la pamplonica demuestra ser irreverente, relajada pero decidida con todo, algo que explica que con Eurovisión le pasara algo similar.
Una chica que en su primer disco se muestra tan perfeccionista y cuidadosa, y que se enclaustra en el indie más diferencial de todo lo que puede sonar en radiofórmula en España, quizá pudo sentirse saturada de una balada donde la vestían como una señora de cuarenta años y encima tenía a todo el país encima.
Como la primera cerveza a veces no gusta, la primera experiencia profesional a Amaia no le gustó, y dio la casualidad que resultó ser Eurovisión. Ahora, luego de recluirse prácticamente un año, por fin ha encontrado su sitio, en el que como en todo tendrá admiradores y detractores. El festival fue solo una raya en el agua más de una carrera que se intuye larga. Algún día lo comprenderemos.
Que la música es considerada para todos herramienta de unión, celebración y unidad, es algo más que sabido. De hecho el Festival de Eurovisión nace tras la huella sangrienta de dos Guerras Mundiales buscando unir y apaciguar en Europa con la televisión como buena nueva y la música como arma. En un certamen capacitado para juntar el año pasado hasta a 41 nacionalidades distintas y entremezclar una crisol de culturas en la ciudad de Tel Aviv abriendo fronteras, desde sus inicios allá por 1956 consiguió reunir a naciones enteras en torno a un televisor y una serie de canciones cada una con su idioma, escena y mensaje.
Sin embargo, no siempre toda Europa disfrutó del festival, pero toda Europa sí tuvo un festival similar. Y es que la Guerra Fría también tuvo su impacto en Eurovisión. Desde la construcción del Muro de Berlín en 1961, Europa quedaba dividida ya físicamente en dos bloques: un ala comunista al Este y la capitalista al Oeste, bandos que pudieron estar unidos para combatir el fascismo pero que una vez vieron capitular a la Alemania de Hitler se convirtieron en enemigos acérrimos.
En años de carreras en el espacio o el avance tecnológico y social todo bajo una fiel idea de mayor progreso en un lado que en el otro, la vieja Europa tenía consigo un festival musical que enamoraba a propios y extraños. Lys Assia inauguraba en Lugano una religión en torno a la música prácticamente, y dejando poco a poco los males de guerras pasadas, el ala oeste disfrutaba de marionetas en una cuerda, felicitaciones en inglés o monosílabos que alegraban el alma. En este aspecto el oeste se lo llevaba de calle.
En frente, se encontraba la Europa de la Unión Soviética. Bajo la idea de que frente a muros el lado contrario siempre era un espejo para llegar a superarlo, el ala este necesitaba de un festival similar, una noche donde la música fuera protagonista, y consigo se ensalzara la imagen de una vasta nación y una cultura sin igual. Así, aprovechando que precisamente la semana posterior a la creación del Muro de Berlín nacía la Red de Estaciones de Televisión de Europa del Este, el gobierno soviético se comenzaba a plantear una Eurovisión del Este.
La red, denominada Intervisión y con sede en Polonia, pronto encontró solución a esa necesidad de crear un Festival Soviético de la Canción gracias al Festival de la Canción de Sopot. Esta ciudad, una de las más industriales de la Polonia de la época, también era conocida por su gusto por la música y sobre todo por la fama de sus certámenes de piano. El festival, que comenzara en 1961 (ligeramente más joven que Eurovisión) y que ha tenido ediciones hasta hoy día, tuvo como mentor al pianista Wladyslaw Szpilman.
El pianista, que llegara a la fama mundial a posteriori al estrenarse en su memoria en 2002 la película de Roman Polanski “El Pianista”, a su vuelta de torturas durante la II Guerra Mundial por el bando nazi e incluso escapar de un campo de concentración, encontró en la música el mejor escondrijo para aliviar penas. Comenzando a reunir en Sopot a pianistas de prestigio de uno y otro lado del mundo, aprovechó su cargo de Director de la Radiodifusión Polaca para dar pie al Festival de la Canción de Sopot.
De Sopot a la Intervision
Finalmente en 1977 se celebraría el I Festival de la Intervisión, el que desde sus inicios contó con muchas más peculiaridades a diferencia de Eurovisión. Cuentan gentes del lugar que para el soviético medio esto de un festival de la canción no era nada nuevo, puesto que jugar con las antenas y violar los inhibidores de frecuencia soviéticos para ver Eurovisión desde el Este era algo más que común. De esta manera, Sopot sería la sede permanente de un festival que solo tuvo cinco ediciones, y que se mostró muy abierto a la participación de aliados de todo el mundo.
Aliados como Cuba, República Dominicana, Nigeria o Mongolia terminaron por ser habituales del festival, ofreciendo una mezcla curiosa a un festival muy encajado en ritmos caucásicos. Junto a ellos, siempre quedará la curiosidad de Finlandia, única nación como tal que pudo participar en mismos años tanto en Eurovisión como Intervisión, al ser miembro de ambas federaciones.
Finlandia, el éxito tras el telón
La polifacética Marion Rung fue toda una mujer de festivales.
Hablar de Finlandia y Eurovisión no es hablar precisamente de éxito. Los fineses, que acumulan 53 participaciones en el festival, hasta el Hard Rock Hallelujah de Lordi (2006) no sabían lo que era ganar, y solo un sexto puesto en 1973 con Marion Rung era su mejor puesto.
Precisamente, de Marion Rung queríamos hablar. Y es que el mito finés, que participara hasta en dos ocasiones en Eurovisión (una primera en su segundo año en liza, 1962, y otra en 1973), también decidió dar el salto a Intervisión en su última edición, la de 1980, venciendo con un tema llamado Hyvästi yo, algo así como “Noche de despedida”. El título parecía una profecía.
Así, Finlandia no solo presume de haber compaginado Intervisión y Eurovisión, sino también de haber conseguido ganar en el Este antes que en el continente capitalista, con una participante que ya había estado en dos festivales de Eurovisión previamente.
El método de votación, lo más comentado
Como saben, si hablamos de Eurovisión habría que esperar hasta 1998 para que el televoto llegara completamente al festival, sin embargo en Intervisión, la cosa parecía un poco más democrática. Partiendo de que no todas las casas soviéticas de la época disponían de un teléfono, el gobierno instaba a votar por la canción favorita a través de la corriente eléctrica.
¿Cómo es eso? Muy sencillo. Se avisaba de que el concurso se viera con todas las luces apagadas de la casa, y solo se encendieran en caso de que la canción que se estuviera emitiendo gustara en el hogar. Así, con posterioridad, se mirarían los picos de electricidad de toda la Unión Soviética por momentos, sabiendo así que canción había generado más luz. Esa, sería la ganadora.
Con mucha discordia ya que era un método de recuento tremendamente complicado para un uso como el de un festival de canción, esta medida si algo dejó claro es que el futuro de los festivales debían estar en el público, aunque hubiera que estar a oscuras.
Otras curiosidades del festival
También es interesante valorar otras curiosidades que diferenciaban Eurovisión de Intervisión. Vamos con ellas:
El tiempo de duración de las canciones: Si bien Eurovisión es tremendamente estricto con la duración de las canciones y nada se puede hacer para que una canción pase de tres minutos, en Intervisión la duración no fue problema. Llegando a darse hasta actuaciones de 25 minutos de duración, la gala podía hacerse eterna, ya que los bises estaban más que permitidos.
La sede, siempre Sopot: Otro de los hechos diferenciales de Intervisión es que no era un concurso itinerante. En sus cinco ediciones, Sopot siempre fue la ciudad que lo albergó, con la validez de una larga historia organizando el festival de la ciudad. Como curiosidad, en 2008 Intervisión volvió, en esta ocasión en Sochi y venciendo Tayikistán, en un ejercicio de fuerza orquestado por Rusia sin mucho éxito.
La última edición, países vs. discográficas: En la última edición, previa a la proclamación de la Ley Marcial en Polonia que acabó con el festival, Intervisión se centró en un duelo entre discográficas y países. En aquella velada, que acabaría ganando Finlandia y Marion Rung, quedó clara la diversidad del concurso, y ese matiz de innovación típico de la Guerra Fría. Intentar ir siempre un paso más hacia delante.
El final de Intervisión
Hablar de la década de los 80 unida a la Unión Soviética es hablar del inicio de la decadencia y final de la Europa Oriental. Algo parecido terminó acabando con Intervisión, Y es que la Ley Marcial fue proclamada en Polonia en 1981, fruto del nacimiento del movimiento Solidaridad, una federación sindical que comenzó a manifestarse en pos de mayores libertades en el bloque soviético. Esto, en una zona tremendamente industrial como la de Polonia, desembocó en ser considerados por el gobierno como contrarrevolucionarios, e iniciarse un estado de control policial que acabaría con el festival.
El certamen volvería en 1984, pero de nuevo bajo la nomenclatura de Festival de la Canción de Sopot, y sin ese elemento internacionalista que lo hizo tan famoso. Idas y venidas siguen habiendo con Intervisión, y entre ellas la ya comentada de una celebración en Sochi en 2008, o el intento de vuelta en 2014 por Vladimir Putin, tras la victoria de Conchita Wurst.
Pero pese a todo, hablar de Intervisión es hablar de una parte de la historia de los festivales musicales, y un episodio más de la Guerra Fría que tuvo como miembros dos festivales con un mismo objetivo: el de unir bajo la música, y con un mismo anhelo, el de la supremacía en un mundo que estaba dividido en dos.
Ha llegado el mes de mayo y ya sí que no hay vuelta atrás. El calendario del móvil te lo recuerda a cada paso que das: que en nada era Eurovisión 2020.
Si de por sí es duro mirar como tu hotel, vuelo y entradas se han convertido en papel mojado, mucho más duro es el pensar en los resultados que podrían haberse dado en el Ahoy Arena con unas canciones que pasarán a la historia por no haber competido jamás. Pese a ello, desde Eurovisión y Esas Movidas nos hemos propuesto encontrar algunos sucesos que podrían haber pasado a la historia en Países Bajos. Esos datos que hubiesen sido un récord, y que ya no sabremos si hubiesen sido posibles o no. ¡Vamos con ello!
1. Máxima puntuación histórica de Lituania
Es fácil ser irreverente en Eurovisión, aunque es algo más complicado llegar a la irreverencia de la mano de una genialidad. Somos de los que pensamos que The Roop tenía esa mezcla magnífica de excentricidad unida a una gran canción, un cóctel que prometía mucho éxito a los bálticos en Rotterdam.
Solo con ver como la banda encabezó apuestas durante bastante tiempo antes de la fatídica cancelación del festival, todo nos hace pensar que los lituanos podrían haber superado a tres mastodontes eurovisivos como Donny Montell (200 puntos), Ieva Zasimaskauté (181 puntos) y LT United (162 puntos), y obtener la máxima puntuación histórica del país desde su llegada a la Eurovisión en 1994.
Pensar en colocarse encima de las dos centenas de puntos en el festival prácticamente hubiera hecho soñar a The Roop con arañar un top-5, o incluso firmar un podio en Rotterdam, un hecho triunfal que desgraciadamente nunca podremos saber si hubiera sido posible.
2. Posible primera victoria de Bulgaria
La propuesta de Victoria para Rotterdam era un caballo ganador
Esta primera reconocemos que es algo ambiciosa, pero lo cierto es que la vuelta de Bulgaria a Eurovisión tenía materia prima para ser todo un éxito. El Tears Getting Sober de Victoria era una maravilla como canción y creemos que como pack, y por ello no nos parecía nada descabellado ver a los búlgaros ganando el festival y pulverizando otros grandes resultados como los de Poli Genova en 2016 con un excelso cuarto puesto y sobre todo el de Kristian Kostov en 2017, un segundo puesto con una barbaridad de puntos como muestra de poder (403).
Hablamos de una delegación que antes de tomarse un año sabático podía presumir de dos top-5 y ganar una semifinal entre 2016 y 2018, pero creemos que con Victoria se podía optar haciendo honor a su nombre, a llevarse el micrófono de cristal.
3. ¿Un ganador en francés?
Suiza llevaba desde 2010 sin apostar por una canción en francés. En un país como el helvético, donde se puede presumir de tener hasta cuatro lenguas oficiales (francés, italiano, alemán y romance), la diversidad lingüística de cara a la Eurovisión puede ser total, sin embargo desde la participación de Michael von der Heide en Oslo, la SRG y SSR se habían centrado en el inglés y en las propuestas foráneas.
Sin embargo, de cara a 2020, el pack volvía a tomar el francés como emblema, con el picante de ver como la propia Francia se quedaba en una balada en inglés firmada por un sueco, John Lundvik. Gjon’s Tears, de ascendencia albanesa, nos traía Repondez-Moi, una balada sublime con una interpretación de quilates, que hizo a más de uno pensar en una victoria francófona en Rotterdam.
Junto a ello, es curioso coger el Delorean, y observar como desde 1988, con Céline Dion y su Ne Partez Pas Sans Moi, el francés no consigue ganar el festival, pese a haber sido una lengua muy potente en él, con hasta catorce victorias en el mismo hasta aquella edición de Dublín.
¿Hubiera vuelto a reinar el francés? Podría haber sido más que probable, visto que además la actuación de Gjon’s Tears es de esas que en directo supone un punto más. El inicio de los ensayos hubiera catapultado a Suiza a un nuevo éxito, tras el cosechado el año pasado con Luca Hanni en Tel Aviv.
4. Un anfitrión fuera del bottom
Cláudia Pascoal tuvo que conformarse con un top bottom en Lisboa
Ahora me toca a mi plantearos una pregunta: ¿Son los anfitriones maltratados en Eurovisión? Luego de ver los puestos de últimos anfitriones como Kobi Marimi o Cláudia Pascoal, parece que el bottom está firmado para el país que organiza la Eurovisión, sea cual sea la canción que presente.
Sin embargo, también hay quien piensa que los organizadores suficiente tienen con albergar el festival, y que al menos que seas irlandés, más te vale ir con cautela el año que lo organizas, y llevar canciones poco competitivas. De cara a 2020, creo que Países Bajos no ha pensado en esa fórmula, trayendo al surinamés Jeangu McRooy, y su magnífica balada Grow.
Se me hace complicado ver a los holandeses fuera de un top-10 en Rotterdam, visto el directo de Jeangu. Es el prototipo perfecto de canción predilecta de jurado, la que a poco que fuera adornada con una puesta en escena elegante (al estilo de la de Arcade) hubiera sido un caladero de puntos para los profesionales.
Nunca lo sabremos, aunque parece evidente que en 2020 los tiempos de colocar al anfitrión entre los cinco últimos se iban a acabar.
5. La llegada del japonés a Eurovisión
Más vale que nos vayamos olvidando de Eurovisión Asia. Pese a ello, no hay que cerrar la puerta a los detallitos orientales en el festival, y tras ver a Dami Im lucirse de lo lindo en Estocolmo con raíces coreanas, o ver a Netta rodeada de gatos de la suerte chinos, 2020 iba a ser el año de escuchar al menos un par de frases en japonés en el festival.
Todo, gracias a la Cleopatra de Samira Efendi, la que traía consigo esos versos tan extraños del puente (Nam Myōhō Renge Kyō), los que no son más que un proverbio oriental, el que significa algo así como ‘abraza la naturaleza’. No sabemos muy bien que tiene que ver con el tema, pero sinceramente la canción tampoco destaca por sus lyrics. Sea como sea, es una curiosidad estrambótica que no veremos desgraciadamente en Rotterdam.
¿Sabes tú alguna efeméride más que nos vayamos a perder en el Ahoy Arena? Es tu turno, déjanosla en los comentarios.
El coronavirus nos ha dejado sin Feria de Abril, pero eso no quita hacer un tributo a Sevilla y a todos esos sevillanos que fueron a Eurovisión.
No es nada complicado descubrir que soy nacido en la ciudad de Sevilla. Pese a llevar fuera de ella por motivos laborales unos tres años, habiéndola cambiado por otras urbes como Granada primero, y Barcelona después, la tierra tira, y si hay un evento por el cual ‘bajar’ año tras año es la casi siempre mal llamada Feria de Abril.
A pesar del albero, la alergia al polen y el calor, el recinto ferial del barrio de los Los Remedios es el punto neurálgico para por una semana volver a socializar en la ciudad que me vio nacer. Siempre maridado con buena manzanilla, y con la mala costumbre de colocarte un traje de chaqueta a 35 grados, esa semana de farolillos, mantones y flores rojas es un oasis en mi año.
Pues bien, ni que decir, que de cara a 2020 eso se me ha acabado. Primero, se nos iba a septiembre, y ahora, se nos va a 2021, de manera que quería rendir homenaje a mi tierra en esta cuarentena, y como no, darle un toque eurovisivo.
Y es que Sevilla, puede presumir de haber llevado al festival a un total de seis artistas, teniendo el mayúsculo honor a su vez de estrenarse en él con Conchita Bautista, una sevillana de raza del barrio del Arenal. De esta forma, permítanme engalanar esta web de un poco de jamón y buen vino fino (parezco Bertín Osborne), y hacer un repaso de la historia hispalense en la Eurovisión. Vamos poco a poco y con compás.
Conchita Bautista 1961-1965
Hablar de Conchita Bautista es hablar de toda una festivalera durante toda su vida. De familia humilde, hija de un agente comercial, desde muy pequeña se le intuyen maneras, agarrando un tablao a las primeras que pudo. Ganadora de la Copa de Europa de la Canción años después, así como de otros certámenes de talla internacional, su llegada a Cannes en 1961 supuso el estreno de España en la Eurovisión.
De la mano de Estando Contigo, un tema del célebre Augusto Algueró, Conchita llegaría a Francia acompañada tan solo de Federico Gallo, locutor para la retransmisión, y del director de orquesta. Con semejante plana tan corta España se estrenaba en el festival. Algueró, que en esa misma fecha de marzo se casaba con Carmen Sevilla, no estuvo en la cita, aunque el vestido de Conchita, sería prestado por la propia Carmen, cerrando un círculo que acabaría con ocho puntos y una novena posición para una canción muy cañí que abrió el festival en aquel año. El tema, sería todo un éxito en España, más aún al versionarla una malagueña poco después, Marisol, en su película Un rayo de luz.
Cuatro años después, el tren del festival volvería a Conchita, en esta ocasión con parada en Nápoles. En 1965, el billete a tierras transalpinas se cobraba caro, teniendo que superar la hispalense una preselección con nombres de la talla de El Dúo Dinámico (la fama eurovisiva les llegaría poco después con Massiel en Londres), Raphael o Jaime Morey. Ya en el festival, el resultado fue aún menos provechoso que cuatro años antes, quedando en última posición con cero puntos, empatando en el farolillo rojo con Finlandia, Alemania Occidental y Bélgica. Eran otros tiempos…
Lucia 1982
Nunca un tango estuvo en tal mal momento. De cara a Harrogate, TVE apostaba por una joven sevillana, María Isabel Lineros, la que optaba por llamarse Lucía de manera más comercial. Eligiendo la pública su canción frente a otras en una preselección interna, Él supondría la tercera canción interpretada por una sevillana en el festival.
Los problemas llegarían conforme se acercaba el evento, ya que el tango compuesto por Ignacio Román y acompañada a la guitarra por Paco Cepero sería una ofensa para un Reino Unido que albergaba Eurovisión y que 22 días antes de la cita iniciaba la Guerra de las Malvinas.
España, que se posicionaría en el conflicto a favor de los argentinos, se encontraban sin quererlo en Harrogate con un tango muy español, que para colmo hablaba de infidelidades en una España que acaba de legalizar el divorcio. Un desastre completo que no pudo cambiarse y que acabó con un meritorio décimo puesto y un número uno en ventas en España, éxitos impensables para una chiquilla de diecisiete años que meses antes solo tenía la preocupación de acabar COU. Una historia rocambolesca a más no poder.
Remedios Amaya 1983
Un año después, TVE apostaría por otra cara sevillana para el festival. El runrún de que el gobierno, de marcado carácter sevillano con Felipe González y Alfonso Guerra, apostara por caras de su tierra, comenzaba a sonar. Y es que la llegada de José María Calviño, primer director socialista de RTVE, traía una nueva preselección interna, donde una nueva joven hispalense vencía: Remedios Amaya.
Amaya, con 21 años, afrontaría en Munich no solo su presentación musical a nivel europeo, sino también su primer viaje fuera de España. Quién maneja mi Barca, una buena muestra del flamenco remozado que vivía la Andalucía de los ochenta, sería la apuesta española, la que quedaría en el recuerdo por los pies descalzos de Remedios y por el cero compartido con Turquía.
Sin embargo, el resultado en Munich no supuso un contratiempo en la carrera de la cantaora, la que llegaría a vender 150.000 copias de su disco Turai Turai, siendo hoy día aún una referencia del cante en el país. Como curiosidad, la actuación de Amaya también supuso un antes y un después, el de ser la primera gitana en participar en el festival.
Son de Sol 2005
La resaca del fenómeno Operación Triunfo en TVE fue muy grande. Tras tres años donde el formato de Endemol había garantizado tres top-10, y un resurgimiento eurofan nunca visto gracias al año de Rosa López en Tallinn, en 2005 le tocaba a la pública un lavado de cara, creando una preselección larga y con muchos nombres pero de un nivel cuestionable:Eurovisión 2005: Elige nuestra canción.
Con dos galas televisadas y manteniendo a Carlos Lozano de cara visible, doce nombres lucharon por una plaza en Kiev que acabaron llevándose tres bailaoras de Écija: Son de Sol. Provenientes de la sartén de Andalucía, las hermanas se impusieron a Las Supremas de Móstoles en un duelo de estilos donde ambas apostaban bien fuerte por lo patrio y cañí.
Soledad, Lola y Esperanza eran conocidas en el mundo del flamenco por haber sido destacadas en el arte de la danza, y de cara a 2005, planteaban a TVE su último single, Brujería, una creación de un nombre que nos empezará a sonar familiar un año después también, Manuel Ruiz, Queco (el de la canción del paraguas).
Gracias al fuerte impulso de un pueblo volcado, y a una preselección de dudoso nivel, nos introduciríamos en una Brujería camino a Ucrania, la que no conseguiría envenenar a casi nadie, acabando con un vigésimo primer puesto. Las hermanas Soria, serían las cuartas sevillanas en pisar Eurovisión.
Javi Soleil (D’Nash) 2007
Si la preselección de 2005 ya fue particular, la de 2007 se lleva la palma. Misión Eurovisión, de la mano de Paula Vázquez, fue la preselección más caótica jamás contada. Con un proceso de selección de artista y canción separados, y seis interminables galas, el proceso tuvo resbalones, playbacks que no entraban, eurofans enfervorecidos y un ganador: la banda Nash con la canción I Love You Mi Vida, obra de Rebeca Pous (la de Duro de Pelar), junto a los casi siempre presentes Tony Sánchez-Ohlsson y Thomas G:Son.
Teniendo que cambiar el nombre por motivos comerciales, a Helsinki marcharían los D’Nash, una boyband en tiempos donde las boyband ya no tiraban tanto. Formado por un valenciano, un canario, un gaditano y un sevillano, de cara a este artículo nos interesa Javi Soleil, el hispalense.
D’Nash afrontaría el reto de Eurovisión pasando por la temida segunda posición, y acabando en un vigésimo puesto que más o menos hacía justicia a lo visto. Si bien el staging supuso quizá lo más moderno de España en los 2000, que no fuera el mejor pase de la boyband en lo vocal les pesó mucho para la clasificación final.
Respecto a Javi Soleil, le recordamos otra aventura eurovisiva justo diez años después. Y es que el sevillano probó fortuna en el magnífico Eurocasting organizado por el área digital de RTVE de camino a Kiev. Con el tema Alas Mojadas, Soleil no pudo colarse en el concierto final, donde también hubo un sevillano en liza, el ex-triunfito Javián.
Pastora Soler 2012
Reconocemos que nos hace ilusión contar un éxito de una sevillana en el festival. Tras recordar más calamidades que glorias, con Pastora Soler en Bakú vivimos una resurrección. Luego de pasarse TVE unos interminables ocho años sin pisar el top-10 (desde el de Ramón en Turquía), en Azerbaiyán encontraríamos la mayor exhibición vocal de un artista español desde aquella de Anabel Conde en Irlanda.
María Pilar Sánchez, natural de Coria del Río, era el ejemplo perfecto de ‘artista consagrada que llegaba a la Eurovisión’. Luego de cumplir 15 años en la industria y con un disco bajo el brazo, Una Mujer como Yo, con el que se codeaba de algunas caras eurovisivas años atrás como David Santisteban o Pablo Pinilla, TVE la confirmaba como su abanderada para 2012, preparando una preselección de tres canciones donde curiosamente, ganaría la menos afín a ella.
Acostumbrada a ver a Pastora en telas de flamenco fusión o al menos baladas con un marcado toque de su tierra, Quédate Conmigo era una canción eurovisiva de manual, una balada clásica y machacona firmada por un fijo en esto, Thomas G:Son. Si bien el staging y el videoclip resultaron elegantes, la baza de la pública era clara: explotar el directo de Pastora en pos de un buen resultado.
Finalmente en Bakú, el pack funcionó. Alcanzando un meritorio top-5 de los jurados internacionales, sería el televoto el que la apartaría de las opciones de victoria con un frío puesto 18. La conjunción de ambos dejaría un excelso décimo puesto de un tema que si lo hubiera cantado otra artista, no hubiera conseguido tanto.
El cierre no puede ser más random, y seguro que no os lo esperáis. Si bien los seis artistas anteriores habían nacido en Sevilla o su provincia, ahora os voy a hablar de un grupo natural de Riga, Letonia.
Y es que Triana Park, luego de ganar el Supernova de aquel año, se plantaron en Kiev con Line, una apuesta arriesgada que de tan excéntrica que fue, se quedó en la semifinal. Sin embargo eso no nos interesa, nos interesa el origen de su nombre.
No hay nada más sevillano que Triana, y ver ese nombre en un grupo letón sorprende, aunque tiene una razón: una canción de El Bicho, Parque Triana.
Resulta que los componentes de Triana Park se aficionaron al tema del grupo español (nada sevillano, mitad de Elche y mitad de Madrid), y decidieron hacerlo algo más anglosajón, dejándolo en Triana Park. Una buena muestra de la globalización, y de que Sevilla en Eurovisión, está más que presente. Buena feria confinada, ya queda un día menos para la de 2021.
NOTA: Los vídeos están hipervinculados de YouTube. Tan solo pincha en el año y accederás a YouTube y al festival que busques.
Esto del confinamiento nos ha agarrado con fuerza de nuevo a una costumbre muy propia del eurofan: recordar la historia pasada. Bola tras bola, seguro que estos de días de quedarse en casa te has comido algún festival añejo junto a colegas, o simplemente has tenido a tu gente de Twitter como mejor aliado para reverdecer viejos tiempos.
Pues bien, en todos los casos nos hemos encontrado con el mismo problema: el de encontrar el enlace indicado. Por una cosa u otra, cada enlace tiene sus problemas. Entre canciones chapadas por copyright, locuciones insoportables de Terry Wogan o definiciones del demonio, ver una Eurovisión es un quebradero de cabeza por encontrar un buen enlace.
Para evitar ese ‘efecto Netflix’ que te lleve a buscar tanto como para cansarte y al final no ver nada, desde Eurovisión Y Esas Movidas nos hemos propuesto agruparte todos los festivales en un solo post. Bien directo y bien sencillo. Si en alguno encontramos algún problema, te lo notificaremos. Vamos década por década hasta llegar a nuestros días. ¡Vamos con ello!
Eurovision Song Contest
Años 50
1956 – (Solo se encuentra el audio del evento, no fue televisado íntegro).
1957 – (Primer festival televisado, señal alemana)
1958 – El año de Domenico Modugno y su Nel Blu Dipinto Di Blu. Señal de la televisión holandesa.
1959 – Desde Cannes, señal de la televisión francesa.
1961 – Debuta España con Conchita Bautista (Min.8). Señal de la NOS.
1962 – España apuesta por Víctor Balaguer (Minuto 10). Señal de nuevo de la NOS.
1963 – Eurovisión llega a Londres con la mítica Katie Boyle. José Guardiola actúa en el minuto 45.14.
1964 – El festival perdido por el incendio (o no). Audio íntegro, los TNT actúan en el minuto 62.
1965 – La magia de France Gall en el primer festival en Italia. Conchita Bautista vuelve en el minuto 12.35.
1966 – El primer año de Raphael. Señal francesa, lo vemos en el minuto 34.31.
1967 – El último festival en blanco y negro. Raphael vuelve a escena en el minuto 45.07.
1968 – La hazaña de Massiel en el Royal Albert Hall. Señal del Canal Nostalgia con los míticos comentarios de Federico Gallo. Massiel aparece en el minuto 52.10. Preferimos el blanco y negro con comentario español que un color extranjero.
1969 – El festival llega al Teatro Real de Madrid. Cuatro ganadores, entre ellos Salomé, que actúa en el 11.40.
Años 70
1970 – Sin comentarios, todo en color menos la intro, en blanco y negro. Julio Iglesias actúa en el minuto 34.10.
1971 – Desde el Gaiety Theatre de Dublín, y con Karina excelsa. Actúa en el minuto 24.
1972 – Festival celebrado en Edimburgo, señal francesa. Jaime Morey aparece en el minuto 17.53.
1973 – Luxemburgo es sede del debut israelita y del éxito de Mocedades. Nos lo encontramos en el minuto 22.52.
1974 – El Canal Nostalgia nos permite esta copia con comentarios de Uribarri. Veremos a Peret en el 14.41.
1975 – Sorprendente buena copia sin comentarios y en excelente resolución. En Estocolmo, aparecen Sergio y Estíbaliz en el minuto 1.12.45.
1976 – La Haya vivió un festival donde el que abrió, venció. Braulio aparece en escena en el minuto 56,36.
1977 – Señal de la NRK de la última victoria francesa hasta la fecha. Micky aparece en escena en el 1,02,28.
1978 – El festival llega a Francia, versión BBC con comentarios de Terry Wogan. José Vélez aparece en el minuto 36,16.
1979 – Israel albergaba, y ganaría, en el año del excelente resultado de Betty Missiego. Ella aparece en el minuto 1.34.45. Copia sin comentarios.
Años 80
1980 – Primera joya del archivo maravilloso del gran Iván Iñarra. Versión TVE con comentarios de Uribarri. Trigo Limpio actúa en el minuto 1.17.02, justo después de un Johny Logan que empezaría esa noche su leyenda.
1981 – El festival visita por primera vez Dublín, algo que será muy común en estas fechas. Bachelli aparece en el minuto 46.49.
1982 – El año del tango de Lucía en Harrogate. La sevillana aparece en escena en el minuto 56.33.
1983 – De nuevo otra joya del archivo de Iván. Con comentarios de José Miguel Ullán, Remedios Amaya hace acto de presencia descalza en el minuto 39.
1984 – Exitazo de Bravo, que aparecen en el minuto 14. El año que se pasó el festival a La 2 por una final de Copa del Rey, e hizo más audiencia que el fútbol.
1985 – Paloma San Basilio representa maravillosamente bien a España en Suecia. Señal local de la SVT. Paloma aparecerá en el minuto 30.40.
1986 – El festival visita la ciudad noruega de Bergen. Cadillac actuará en el minuto 46.41. De nuevo copia de TVE del magnífico archivo de Iván Iñarra.
1987 – El festival visita Bruselas y Beatriz Pecker pone los comentarios. Patricia Kraus actúa en el minuto 50.
1988 – El festival vuelve a Dublín y se rinde a Céline Dion. La Década Prodigiosa aparece en el minuto 33.
1989 – El festival llega a Lausana, y Nina actuará en el minuto 1.35.30.
Años 90
1990 – Zagreb recibe un controvertido festival comentado en TVE por el poco dicho en estos lares Luis Cobos. En el minuto diez empieza el show de Azúcar Moreno y su error en la claqueta.
1991 – Los estudios Cinecittá de Roma albergan un festival de urgencia en el que Sergio Dalma enamora y Carola se corona. El de Sabadell aparece en el minuto 1.43.00.
1992 – Malmö recibe el festival donde Uribarri volvió a los comentarios. Serafín Zubiri abrirá el festival en el minuto 16.45.
1993 – Niamh Kavanagh triunfa en un festival donde Eva Santamaría trae el ‘sexo’. La vemos actuar en el minuto 1,39,00.
1994 – El año que casi descendimos. En el cuarenta aniversario del festival, Alejandro Abad actúa en el 1.28.20. Por cierto, ¿Escuchaste nuestro último podcast en Eurovisión Historia? Es sobre este año, aquí lo tienes.
1995 – Anabel Conde sorprende a Europa en Dublín. Su actuación la tenemos en el minuto 36.15.
1996 – El festival llega a Oslo y a España le representa Antonio Carbonell. Aparece en el minuto 20.45.
1997 – El Point Theatre ejercerá de escenario por última vez. Marcos Llunas actúa en el minuto 49.40. Señal alemana.
1998 – Eurovisión comienza a cambiar en Birmingham con la victoria de Dana International. Mikel Herzog representa a España en el minuto 23.12. De nuevo, archivo del gran Iván Iñarra.
1999 – El último festival ‘de los de antes’ en Israel. Lydiay su controvertido vestido actúan en el minuto 24.44.
Años 2000
2000 – El primer festival moderno. Serafín Zubiri repite en el Friends Arena. Su actuación, en el minuto 59.13.
2001 – David Civera rozará el top-5 en Copenhague. Su actuación, en el minuto 55.
2002 – El año donde Rosa López hizo eurofan a una generación. Su actuación rodeada de triunfitos en el minuto 22.43. Adjuntamos también la versión TVE, eso sí con la actuación de España sin audio.
2003 – En Riga nos volvimos a ilusionar. Beth canta ‘Dime’ en el minuto 50.34.
2004 – Como echamos de menos a Turquía en el festival. Este fue el último que organizaron, donde Ramón abrió la gala en el minuto 10.10.
2005 – El festival visita Kiev por primera vez, y España cae presa de una ‘Brujería‘. La podéis ver en el minuto 43.21.
2006 – En Atenas, vivimos el Bloody Mary de Las Ketchup. Semejante cuadro de comedor, en el minuto 30.40. Señal BBC.
2007 – Helsinki fue sede de un festival donde D’Nash actuaron segundos en el minuto 12.18. Recomendable la mejor intro de la historia de un festival. Todo efecto especial para estrenar el HD. Señal BBC de nuevo con Terry Wogan.
2008 – El año del Chikilicuatre bien merece la locución de TVE. Rodolfo actúa en el 1.28.37.
2009 – Una bola inglesa nos dio el festival en HD con señal nativa de la UER hace poco. Soraya actúa en Moscú en el 1.47.47.
Años 2010
2010 – La década comienza con un festival en Oslo y con Jimmy Jump de invitado especial. La primera de las actuaciones de Daniel Diges la tienes en el minuto 13.52. Señal oficial de la EBU.
2011 – Düsseldorf es testigo del Bailao de Lucía Pérez, la vuelta de Lena y el ganador más discutido de la historia. Lucía y el avioncito aparecen en el minuto 1:41:00.
2012 – Bakú nos deja la victoria apoteósica de Loreen y el orgullo de ver a Pastora Soler volviendo al top-10. Revívela en el minuto 1:27:10.
2013 – Poco a poco nos vamos acercando Contigo Hasta el Final. Vuelve a ver a ESDM en el minuto 30.25.
2014 – Copenhague marca un antes y un después con Conchita, y una muy digna participación española con Ruth Lorenzo. Recuerda el Dancing In The Rain en el minuto 1:28:16.
2015 – Sesenta años no se cumplen todos los días y se hicieron en Viena. Edurne apareció en escena en el minuto 1:45:34.
2016 – Jamala se llevó la victoria en Estocolmo, y Barei fue tercera en apuestas. Su actuación, en el minuto 1:31:38.
2017 – El año de Manel Navarro, la primera gran Guerra Civil eurofan y la magia de Salvador Sobral. Manel actúa en el minuto 1:17:39.
2018 – Lisboa es un año especial para todos, e intentamos enamorar a Europa sin éxito. Alfred y Amaia actúan en el minuto 20.43 (aviso, no llevan mucha luz).
2019 – Nos quitamos todos La Venda y le dijimos adiós a Eurovisión sin saber que no volvería al año siguiente. Miki actúa en el minuto 2:04:10 cerrando la gala y la década.
¿Quieres más?
Si con todos los festivales de la historia no has terminado de quedarte satisfecho, solo tienes que pedirnos alguna recopilación más. ¿Eurovisión Junior? ¿Preselecciones? ¡Déjanos en comentarios tus preferencias para próximos posts!
La historia habla de prácticamente sesenta años ininterrumpidos de España en el Festival de Eurovisión. RTVE desde 1961 es uno de los grandes de la esfera europea de radiodifusión, y con sus sombras y menos luces, su presencia en el festival ha sido un mantra inacabable, una cita ineludible.
Sin embargo, en 1994 la cosa pudo acabar con una desaparición al año siguiente y lo que es peor, anulando toda posibilidad de un gratísimo segundo puesto un año después también en Dublín. Esta es la historia del año de Alejandro Abad en Irlanda y de una salvación sobre la bocina.