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  • EuroBops: Agosto acaba con una vuelta por todo lo alto de Anna Bergendahl

    EuroBops: Agosto acaba con una vuelta por todo lo alto de Anna Bergendahl

    ¡Bienvenidos a los EuroBops de Eurovisión Historia y Euromovidas! Una vez al mes, repasaremos los mejores temas de eurovisivos durante el mes anterior, dando una vuelta a Europa con esa música que normalmente seguimos poco: la de los representantes más allá del festival.

    Para cerrar el verano, nos hemos quedado con siete temas de eurovisivos lanzados el pasado mes de agosto. Suecia, España, Chequia, Irlanda e Italia son las paradas de este interrail musical. ¡Vamos con el top!

    5. Los feats de Benny Cristo

    Hay vida más allá de los revamps. La figura de Benny Cristo no salió especialmente reforzada del camino a Eurovisión 2020, pero solo con seguirle un poco la pista queda claro que tendrá un camino muy interesante en 2021. El mes de agosto nos ha dejado dos muestra musicales suyas en dos featurings de lo más variopinto, pasando de un dubstep diferencial con Perfect Summer Nights junto a NFIX & Candance, al rollo más chill veraniego junto a HILLS 97 con Máma Rikala.

    La música checa poco a poco va destapándose a nivel europeo, y es para seguirla de cerca.

    4. La Emma más latina

    La personalidad es un grado en la música, y la de Emma Marrone es arrolladora. Su timbre de voz e imagen son inconfundibles, y en el año donde la florentina nos deja su debut en el celuloide, tampoco olvida la música con este Latina, cuarto corte de su último trabajo, Fortuna.

    Con su estreno esta misma semana en los SEAT Awards, la música transalpina, ya con Castrocaro en la mesa y Sanremo en el horizonte, empieza a desperezarse tras la pesadilla de la COVID. Y nosotros, deseando seguirla de cerca.

    3. Edurne, madrina de lujo de Mantra

    Must! los crea, y Must! los junta. Hace poco conocíamos del nacimiento de Mantra, la nueva banda del ex-Auryn Carlos Marco junto a Charly y Paula Pérez. Con una mezcla de voces magnífica, la banda ha sabido bien desde el inicio rodearse de colaboraciones para dar empaque al proyecto, y tras una primera con Yera, la última llega este agosto con Prefiero Olvidarte junto a la eurovisiva Edurne.

    La madrileña, que afronta un final de 2020 copado con lanzamientos como el de Idol Kids, y mil y un anuncios en televisión, se une a la banda dejando un tema fresquito y que da gusto oírlo. ¡Checkéalo!

    2. Carola se apunta a un giro de 180º con Zara Larsson

    Carola y Zara Larsson se llevan 29 años. Sin embargo, en la música no hay edades, y menos en las factorías escandinavas. Este Säg mig var du står no es ni más ni menos que una canción que una joven Carola estrenaba allá por 1985 en los rankings suecos, y que ahora, junta a una de las caras más potentes de la escena escandinava para darle un lavado de cara.

    Sin perder el toque disco, pero dándole esa esencia entre el pop y el EDM que ahora tan bien funciona, la canción parece otra, pero parece dispuesta a tener otra vida exitosa. De momento, en Suecia anda sonando por todos lados.

    1. La reina del country sueco está de vuelta

    Reconocemos que para el eurovisivo, tenemos a una Anna Bergendahl antes y después de su vuelta al Melodifestivalen hace dos años. La chica de los lloros en la Green Room de Oslo en 2010 volvió a la escena internacional pisando fuerte, y primero con Ashes to Ashes y luego con Kingdom Come, mostraron que la madurez es un grado.

    Sin embargo, Anna no dejó la música ni mucho menos en esa etapa en la sombra, llevando consigo ese country tan peculiar consigo. Thelma & Louise es el último ejemplo, y como cada canción que saca nos encanta, la dejamos en nuestro top-1.

    BONUS: Jedward, extraordinarios, una vez más

    Los Jedward siguen en ese espacio-tiempo suyo donde las boyband siguen funcionando, e ir vestido de Power Rangers más. Mientras el resto no hacemos más que sumar años y años, ellos se apuntan en pleno 2020 de nuevo al estilo Waterline, y como si fuera Baku, nos traen este Extraordinary donde se ponen chorreando, y siguen sonando igual.

    ¡Seamos eternamente jóvenes! Volvemos con más música el mes que viene. Nuestra la lista, tuyos los bopazos.

  • Canciones eurovisivas que podrían sonar en un chiringuito de playa

    Canciones eurovisivas que podrían sonar en un chiringuito de playa

    Que digo yo, estamos casi a finales de agosto, y… ¿este año ha habido canción del verano? Si casi no ha habido verano, ¿no? ¡Cómo va a haber canción estival! Lo cierto es que ni siquiera sé si sigue existiendo una «canción del verano» como tal.

    No pasa nada, para eso he vuelto yo a la web del Movidas después de no sé cuánto tiempo, para traeros unos temitas eurovisivos que bien podrían sonar en un chiringuito de playa. Antes de eso, he de refrescaros (aprovechando que estamos en época de calorazo), en este caso la mente, con mi última entrada.

    Estaréis pensando que a qué viene este artículo tan sumamente tarde. Lo sé. El caso es que tenía en mente hacerlo para el inicio real del verano, pero las cosas estaban tan de aquella manera con la dichosa COVID-19 que… en fin. ¡Pero nunca es tarde si la dicha es buena! O eso dicen.

    Vamos a meternos en harina. Voy a presentar las canciones por orden cronológico. ¿Por qué? No hay una razón que suene convincente, pero justo antes de escribir estas líneas he pensado en lo curioso que es que, a pesar de que pasen los años, estos temas valgan todos para acompañar a un tinto de verano con limón. No sé, chorradas mías.

    ‘Fly on the Wings of Love’ – The Olsen Brothers – Dinamarca 2000

    Sí, la ganadora del Festival de Eurovisión del año 2000 abre mi lista de canciones veraniegas. No es especialmente fresquita para esta época, más allá de que su origen es Dinamarca, jeje, pero ¿quién no ha escuchado el summer remix bacalao version de esta canción? Yo creo que todos, y todos lo hemos dado absolutamente todo cuando ha sonado. Y por eso está aquí, básicamente.

    ‘Another Summer Night’ – Fabrizio Faniello – Malta 2001

    ¿Os digo la verdad? Esta canción está en la lista porque si no mis compañeros del equipo me matan. Yo no le veo ninguna relación con el verano más allá de que lleve esa palabra en el título, pero he de reconocer que tengo un cierto «cariño» a Fabrizio Faniello por una anécdota que me ocurrió votando en Eurovisión 2006, sí, mis tiempos mozos.

    ‘Loca’ – Arsenium y Natalia Gordienko – Moldavia 2006

    Algo parecido me ocurre con esta canción. Está, como podría no estar. El caso es que la vela de barco (o lo que quiera que fuese esa cosa) que metieron en la puesta en escena me ha dado vibes de verano, así como Natalia Gordienko vestida de azafata del Grand Prix, algo muy veraniego también. Por cierto, ¿habéis visto el Movidas Grand Prix?

    ‘La La Love’ – Ivi Adamou – Chipre 2012

    Vale, no me digáis que no habéis escuchado esta canción en algún garito/discoteca durante el verano porque si no lo habéis hecho… ese sitio merece echar el cierre para siempre. La de Bakú fue una edición de Eurovisión que trajo un montón de temazos veraniegos, tantos que me ha sido difícil escoger uno, y por eso he escogido dos. Sigue leyendo, sigue…

    ‘Zaleilah’ – Mandinga – Rumanía 2012

    ¡Ea! Este es el segundo. ¡Qué temarraquen! ¿Sí o no? ‘Euphoria’, ‘Aphrodisiac’… hay muchos, como he mencionado anteriormente, pero que de verdad suenen a verano y a calorcito, los que aquí recojo. Qué me gusta a mí una buena rumanada…

    ‘Fuego’ – Eleni Foureira – Chipre 2018

    ¿Estabais ya con la denuncia en la mano como Pilar Rubio? ¿De camino a los juzgados de Plaza Castilla, quizás? Que sí, hombre, que sí. ¿Cómo me iba a olvidar de la Foureira en esta lista? ¡Con la cantidad de temazos veraniegos que nos ha dado! ‘Fuego’ es el último de ellos, lo petó en Eurovisión 2018 y nos hartamos de escucharlo ese verano. He de meterlo aquí porque es el que guarda relación directa con el festival, pero tiene muchos más que recomiendo que escuchéis: ‘PSR’, ‘Άσε Με’, ‘Ραντεβού στη παραλία’

    Bonus track: ‘La venda’ – Miki – España 2020

    ¡ESPAÑITA! ¡UEEEEEEEEE! ¡CHARANGA! ¡VERBENA! Obviamente no podía cerrar este listado de canciones eurovisivas veraniegas sin meter algún tema patrio, y si me tengo que quedar con uno, escojo el de Miki escrito por Adrià Salas. Algunos diréis: «¿por qué no has metido ‘Dime’?». Pues muy sencillo, porque la veo atemporal, no solo en años, sino en estaciones y periodos. ‘La venda’, sin embargo, me evoca inevitablemente un fiestón de pueblo en verano, con los chavales, desfasando, y eso.

    Hasta aquí una nueva lista más, parezco Los40 Principales o Belén Esteban y sus famosos tops en Sálvame. ¿Cuál será la siguiente temática? Prefiero no pensarlo, la verdad. Me gusta sorprender, y que os sorprendáis.

    Y otra cosa. No sé si sabéis que en esta web podéis dejar comentarios. Que no somos unos censores. De verdad. Podéis dejar vuestras opiniones. ¿Os animáis a compartir las canciones eurovisivas que consideráis también veraniegas? Os leo.

    ¡A disfrutar de lo que queda de verano, gente!

  • Salvador Sobral y la fuerza de la irreverencia

    Salvador Sobral y la fuerza de la irreverencia

    «Muchas gracias por no pedirme canciones de otras épocas. Esto es un concierto de boleros, no de canciones escritas en Portugal en 2017». Claro y directo. Salvador Sobral se enfrentaba a su primer concierto fuera de Portugal desde que estalló la pandemia en la Plaza de España de Sevilla, y acabó como de costumbre: dando un recital que no sabes nunca cómo puede acabar.

    Para muchos el luso ha cambiado mucho desde aquella semana de 2017 en Kiev, y lo cierto es que Sobral puede presumir de haber sido siempre él mismo, cueste lo que cueste. En la capital andaluza, Salvador se presentaba con Alma Nuestra, una banda de jazz nacida allá por 2015 en Lisboa, y que estuvo en un cajón hasta ahora mismo. Bromeando el portugués, declaraba que «llegó un momento en el que había ganado la Eurovisión, y claro, tenía un estatus diferente al de sus compañeros«, y lo cierto es que 2020 no le ha podido sentar mejor al recuperar una delicia musical de otra época.

    Frente a artistas que luego de ganar el Eurofestival se quedan enganchados al mismo de por vida, generando contenido por y para los eurofans sin perder comba del ruedo eurovisivo, Salvador Sobral ha sabido relativizar la victoria de Ucrania, y servirle como trampolín perfecto para su música, la que viaja entre el jazz, el bolero y el fado según le plazca. Es de esas personas que viven por y para la música, aunque levante ampollas por ello.

    No todo en la vida de un artista son aciertos

    Con separación estricta, no hubo pandemia que pararan los sones cubanos de Salvador y los suyos

    Sí, sabemos lo que pensáis. Sobral no estuvo ni por asomo acertado desprestigiando a Netta en Lisboa, ni dándole el premio de refilón por cumplir, pero en definitiva un artista vive de su música, y a veces buscamos una afinidad a toda costa.

    Salvador es así, capaz de encontrarse en plena Plaza de España, joya de la Exposición Iberoamericana de 1929, y decir que «es muy bonita pero pagada con todo el dinero de América del Sur». Es el mismo que visibilizaba a los refugiados en Kiev frente a delegaciones de naciones que invertían más que nunca en concertinas. Es una persona que no le escuece decir lo que piensa a cualquier precio.

    En plena cultura de la cancelación, somos de los que pensamos que es momento de valorar a Salvador por sus sublimes interpretaciones de boleros de María Grever o Juan Carlos Lobián antes que acordarnos de un patinazo que ha cumplido ya dos años.

    Los genios son genios por algo, y normalmente lo son en parte por su irreverencia. Salvador Sobral es de esos que llega a Sevilla y te canta ‘Todo es de color’ de Triana en medio de una canción, te rapea por Public Enemy en medio de un bolero de principios del siglo XX, e incluso parece renegar de la fama y ‘los fuegos artificiales’ asociados a Eurovisión. Sinceramente, mientras sigamos teniendo su música cerca, lo demás es secundario.

    Esta es mi reflexión de una noche de verano post-pandemia, donde un portugués que habla castellano como un gaditano, trajo un trozo del Malecón de La Habana en un recinto dedicado a la América pre-colonial. Un juego fantasioso que hace perdonarte todo, señor Sobral.

  • ¿Qué pasa con España y Eurovisión Junior?

    ¿Qué pasa con España y Eurovisión Junior?

    Hace unos días (el 25 del pasado mes) se cumplía un año del anuncio del regreso de España a Eurovisión Junior. Y casi un mes después (el 24 de julio) se anunció que la joven Melani García, amiga de Abracitos, nos iba a representar en Gliwice. Estamos, por tanto, en fechas en las que se debería anunciar, al menos, la continuidad de España en el certamen. Sin embargo, y excluyendo rumores inventados (y desmentidos), de momento no sabemos nada.

    Es cierto que el pasado año había una gran necesidad de generar la cortina de humo que iniciara una huida hacia el frente ante la lluvia de críticas que estaba recibiendo RTVE. Y otra muestra de ello fue la (acertadamente) temprana elección de Blas Cantó como representante en la edición senior del Eurofestival. Con un (¿decepcionante?) tercer puesto, un batacazo en audiencias, una pandemia que anuló Eurovisión 2020 y una crisis interna en RTVE de por medio, queda claro que, de seguir en el certamen, ha de darse un giro.

    Aciertos de la primera etapa

    En su primera etapa, Eurovisión Junior fue un auténtico fenómeno en España. Y gran parte del éxito reside en el formato de selección: Eurojunior. Un formato que incluso eclipsó al propio Festival, sirviendo además como cantera para la industria musical. Grandes compositores implicándose en las canciones, candidaturas pensadas por y para los niños, programas diseñados para el disfrute de los más pequeños de la casa… es decir, que las candidaturas giraban alrededor del “Junior”, y no de “Eurovisión”. Y todo ello se veía reflejado en el éxito comercial (el disco de Eurojunior se vendía como churros), social (tener a toda una generación recordando aún las canciones del programa) y, por supuesto, televisivo.

    A ello hay que añadir cómo desde la cadena se hacía ver que Eurovisión Junior era todo un acontecimiento, con presencia en buena parte de los programas de la corporación. Y si a todo esto le sumamos detalles como el poner a Fernando Argenta a comentar o a Lucho de Los Lunnis como portavoz de los votos, se generaban los suficientes elementos como para que cualquier niño no se perdiera la gala de aquella noche.

    Los errores de la segunda etapa

    ¿Qué falló, entonces, en el regreso de España? Todo. En primer lugar, que la decisión de emitirlo por La 1 en vez de en Clan te aleja totalmente de tu supuesto público potencial (los niños). La televisión ha cambiado, y los pequeños han abandonado La 1 o La 2, donde antaño se emitía la programación infantil (y que ahora tienen un perfil más… anciano), para refugiarse en Clan. Esa desconexión con La 1 se podría recuperar si se emitiera algún programa de enganche, como en su momento fue Eurojunior, pero al realizar una elección interna se pierde todo tipo de atractivo.

    Melani García representó a España en Gliwice – Fuente: Eurovision.tv

    Tampoco hubo una representante reconocida por el público infantil porque, no nos engañemos, “un conocido concurso de talentos” (a.k.a. La Voz Kids) no es precisamente un fenómeno de masas. La elección del tema tampoco fue lo que se definiría como “infantil” (otra cosa es el mensaje de la misma), y quienes principalmente consumieron la canción fueron los eurofans.

    Y ni siquiera la cadena se volcó con el evento. El “volver por volver” se manifestó en la no existencia ni tan siquiera de un previo o un post (caramba, ¡que sabíamos que íbamos a quedar bien! ¡Monta algo!), y el tercer puesto se vivió casi como un velatorio. A ello hay que sumar que no se hizo promoción adecuada de la posibilidad del autovoto (como sí que pasó en Polonia), y en la práctica solamente votó el público eurofan.

    El formato tampoco ayuda

    Por último, hablemos de lo que no depende de RTVE: el propio Festival. Fue una gala terrible en lo televisivo y en lo musical, con candidaturas a medio camino entre lo que debería ser el Junior y la edición de adultos. El sistema de votación es terrorífico, el horario es terrorífico (perfecto para competir con las películas suecas de Antena 3) y el concepto del certamen en sí es terrorífico (¿por qué narices quitaron el 12 de regalo para todo el mundo?). La EBU debe replantearse todo si pretende que el programa sobreviva con decencia.

    A día de hoy, tan solo 10 países han confirmado su presencia en el Plató de Leganés Varsovia, incluyendo el debut de Alemania. ¿Se unirá España a la próxima edición de Eurovisión Junior? Es probable. Pero, si quieren hacerlo bien, han de tomar nota de todos aquellos errores que han cometido. Servicio público no es contentar a tal o a Pascual: es hacer una programación para todos. Y eso incluye a los más jóvenes.

    También en Euromovidas.com: «El futuro de España en el Festival de Eurovisión».

  • The Story Of Fire Saga: la nave nodriza de Eurovisión al público general

    The Story Of Fire Saga: la nave nodriza de Eurovisión al público general

    Lo reconocemos, estábamos con la escopeta cargada ante la peli de Netflix sobre nuestro apreciado Festival de la Eurovisión. Promo tras promo, no hacíamos más que pensar que la estratagema de Will Ferrell y compañía iba a ser una mofa más a un evento que pese a ser considerado el espectáculo musical más grande del mundo, vivimos acostumbrados a que sea la risa en cualquier círculo de gente no seguidora del festival.

    Sin embargo, también reconocemos que el sabor de boca al acabar la película ha sido más que bueno. Y es que pese a considerar que estamos ante una trama más que manida, y que esto del ‘sueño americano mal’ lo ha explotado Ferrell mil y una veces, The Story Of Fire Saga es el perfecto punto medio entre una película para el público general (sobre todo americano) y una peli que guste al eurofan, el que siempre es exigente con lo suyo.

    Con todo esto, es momento de ir resumiendo las claves que creemos que han hecho de la peli un éxito, y han convertido un producto de nicho en un film que se ha colado en los más vistos de Netflix en medio mundo. ¡Vamos uno por uno!

    1. Guiños al eurofan

    Al igual que ahora se ha hecho una película de Eurovisión, hemos visto en los últimos años como se hacían pelis de fútbol, baloncesto, NASCAR (Will Ferrell hacía una de hecho), o del mundo del faranduleo jugando en esa fina línea de realidad y ficción. The Story Of Fire Saga no está lejos de estas, y han sabido jugar con el entorno perfectamente.

    Aprovechando que a Ferrell el festival le ha caído en gracia, y que la UER ha visto un filón en promoción e imagen con el largometraje, que la peli cuente con estrellas de la talla de Anna Odobescu, coloque a un Jon Ola Sand ficticio o recree un Songvakeppnin inventado son cosas que al eurofan medio le vuelve loco.

    Como contrapunto, en pos de la emoción, el guión se ha permitido otras licencias como las de colocar votos en semifinales o dejar a España participando en la misma y recibiendo doce puntos, algo que a todas luces tiene que ser ficción. Sin embargo, estos ‘errores’ son una raya en el agua frente a todas las licencias que se toma una película grabada milimétricamente en Tel Aviv mientras el festival de 2019 tenía lugar.

    2. Guiños al espectador general

    Lars y Sigrit no saben como acaban en Eurovisión, pero consiguen éxito

    The Story Of Fire Saga es esa película que entraría genial en una tarde de domingo bien acompañado de sofá, manta y palomitas. Sin embargo, con una temática un tanto peliaguda como Eurovisión, no era tarea fácil en dos horas encontrar personajes que empatizaran con el público general y que al mismo tiempo explotaran los clichés del festival.

    Sin embargo, lo han conseguido de lleno con los personajes de Rachel McAdams y Will Ferrell. Situando el inicio de la trama en la lejana Islandia de elfos y frío, Lars y Sigrit son dos personajes que caen bien solo de verlos, y que si bien son frikis del festival (sobre todo Lars), se les coge cariño pronto, deseando desde el primer momento que lleguen y ganen Eurovisión por la puerta grande.

    Junto a ello, redondear el paradigma del éxito y el más que trillado ‘sueño americano’ con puntuaciones que se deciden al final, un amor que no llega a buen puerto, y un final agónico donde el resultado da igual, son la cuadratura del círculo a una película que sabes como va a acabar desde el principio, y que te hace sacar una sonrisa, seas fan o no de la Eurovisión. Ahí está el gran triunfo del film.

    3. Música que podría funcionar perfectamente en el festival

    Husavik sería muy competitiva en un festival real

    Sabemos perfectamente que llevas una semana quemando Husavik o Double Trouble en Spotify, nosotros también. Y es que dejar la producción musical de la película en manos nórdicas es probablemente el mejor acierto de la misma.

    Viendo nombres como los de Thomas G:Son o Molly Sandén detrás de las canciones, que todo fuera grabado en el aura del Centro de Convenciones de Tel Aviv hace que por momentos te creas que las canciones son del mismo festival. Desde el girito latino arrogante de Alexander Lemtov que recuerda al magnánimo Phillip Kirkorov, hasta ver a Demy Lovato enfundada en un midtempo que quedaría sexta en una semi del Melodifestivalen, todas las canciones están pensadas por algo.

    ¿Que esto reafirma la cantidad ingente de clichés que tenemos musicalmente hablando en el festival? Sí. ¿Que estos clichés nos dan la vida? Pues también.

    4. Explotar la vía apasionada

    La ilusión por el festival, el cliché que más une a fans y la película

    Por último, hemos de asumir que todos más o menos somos un poco Lars Erickssong. El festival de la Eurovisión o se vive apasionadamente o no se vive, y la figura que encarna Will Ferrell lo deja más que claro. Quizá por su experiencia viviendo el festival en Lisboa un año antes, o porque directamente le gusta el certamen, Ferrell en la película termina nadando en aguas frías y metido en un coche con seis guiris para llegar al pabellón en Edimburgo, al igual que tú haces cuatro escalas y ahorras todo el año para ir al festival cada mes de mayo.

    El paralelismo es claro, y si bien en el inicio el pequeño Lars es abochornado mientras baila al son de Waterloo en 1974, luego consigue convertir de su sueño su vida, y llegar donde siempre quiso. Una lección que le vale al eurofan, y al que no lo es, pero que quizá hace sentirse mucho más identificado al primero. Su speech justo antes de empezar con Husavik y ser descalificados de la final en Edimburgo, podría ser el tuyo o el mío, y ese, es el gran acierto de la película.

    ¿Y tú, qué opinas? ¡Déjanos en los comentarios qué te ha parecido la película!

  • Supervisores de barra de bar: coros pregrabados en Eurovisión

    Supervisores de barra de bar: coros pregrabados en Eurovisión

    Todo eurofan se considera digno de ser representado por Paquita Salas. ¿Por qué? Porque cree que es un “perfil 360”. De hecho, nosotros mismos también lo pensamos muchas veces: nos creemos grandes compositores, productores, coreógrafos, estilistas… y la lista de cosas sobre las que “sabemos” no tiene fin. Por eso cuando ha saltado la noticia de la introducción de los coros pregrabados, no era de extrañar que sacáramos a relucir el supervisor ejecutivo que llevamos dentro.

    Aprovechando que el estado de alarma está a punto de terminar, abrimos nuestro bar particular. Y como abuelos que saben más de fútbol que el entrenador de un equipo, iniciamos esta nueva sección para comentar las noticias que vayan surgiendo.

    ¿Qué será: caña o vino? La tapa la pone la casa.

    Miguel Heras: Seamos sinceros, no deberíamos sorprendernos porque la UER haya decidido incorporar coros pregrabados en Eurovisión. El último gran cambio que el festival ha vivido para intentar elevar la calidad musical fue la vuelta del jurado. Desde entonces, todos los cambios han ido orientados a incrementar el impacto en el factor “espectáculo” del festival.

    Quizás lo que no esperábamos era que fuese justo cuando el nuevo Supervisor Ejecutivo ha tomado posesión del cargo. Menos aún como una solución para la situación generada por el coronavirus. Como otros cambios que ha vivido el festival durante las últimas décadas, incluida la libertad idiomática, esta nueva norma tiene el peligro de convertirse en una imposición no escrita. Es lo que sucede en la mayoría de candidaturas del Melodifestivalen. Entiendo casos concretos de matices que no pasaría nada por estar pregrabados, pero más allá de eso… La idea en principio mucha gracia no me hace. Máxime cuando tiene pinta de que usan la excusa para implementar algo con lo que no se habían atrevido hasta el momento, el tiempo dirá.

    Alberto Temprano: Llegó el «pogreso» (como diría Paco Martínez Soria) a la Eurovisión… si entendemos como progreso una cosa que ya introdujo Croacia hace 20 años. La excusa es lamentable: usar la pandemia para cumplir el sueño húmedo de Christer Björkman, con justificaciones ridículas del tipo «es para ahorrar costes» (como si fuera más caro llevar a dos coristas que montar un armatoste de medio millón de euros) o «es para que haya menos gente en el escenario» (como si no fueran a sustituir los coristas por bailarines, o no vaya a haber 10.000 personas entre la platea y el graderío). No cuela, queridos amigos de la EBU: primer año con un Supervisor Ejecutivo sueco, primera decisión para favorecer a Suecia.

    Como tampoco cuela la excusa de «es solo por un año». También era «solo por un año» la introducción de Australia como país participante… y ahí sigue. Al igual que previsiblemente seguirán los coros pregrabados, y al igual que es previsible que, dentro de unos años, se aumente el número de personas en el escenario de seis a ocho (esta decisión no es necesariamente negativa). Estamos ante la «melodifestivalización» de Eurovisión, un festival cada vez más alejado del concepto musical (sin música ni coros, tan solo quedan las voces principales en directo) y más próximo al fenómeno de show que algunos intentan vender como el camino del éxito. ¿Quién sabe? Lo mismo el último paso es cambiar las canciones originales por covers de hits internacionales.

    Luis Mesa: Al igual que la Covid-19 nos va a dejar sin poder pagar en los autobuses o sin dar abrazos durante mucho tiempo, nos ha quitado también los coros en la Eurovisión. O ha sido el coronavirus, o ha sido Martin Österdahl, el que se ha estrenado como Supervisor Ejecutivo con una bomba que hace tambalear cualquier cosa. Tomando como referencia siempre al totipotente Melodifestivalen y haciendo gala de su nacionalidad, en pos de la seguridad (de momento), 2021 será el primer año donde no será necesario el apoyo vocal, cambiando los coros por pistas .mp3, algo que parece que trae solo ventajas pero es todo lo contrario.

    Con los coros pregrabados, el festival se quita de un plumazo los car crushes, los gallos prácticamente y genera una corriente donde las versiones de estudio serán calcadas en escena. Pudiendo maquillar cualquier desatino del abanderado, si en 2019 Milli Vanilli se hubiera quedado en semis en Tel Aviv, en Rotterdam podrá optar a un top-5 si sabe ocultar sus vergüenzas. Sinceramente, a cambio de bopasos, bases electrónicas y coros gospel de cincuenta personas, no cambio el festival de siempre, el que cada vez se parece más a un talent show y menos a un festival de la canción al uso.

    Carlos Pecharromán: No me gusta la idea. No me gusta nada. De entrada, considero que es enmarañar innecesariamente las reglas a las que están sujetos los compositores de las canciones del festival, quienes van a presentar algo que por X razón luego no será válido pensando que sí, y vendrán los lloros. Y todo con una justificación pobre haciendo alusión a algo tan serio como es la crisis del coronavirus, vendiéndonos la moto con el desmesurado gasto que le supone a las delegaciones llevar coristas. Lo siento, no cuela.

    Con la aparición de los coros pregrabados en escena —medida que en principio será vigente únicamente en 2021 aunque cualquier eurofan es consciente de que que si llega, lo hace para quedarse— se pierde totalmente la esencia de Eurovisión, la música en directo. Para bien, los gorgoritos; para mal, los gallos. En definitiva, el derroche vocal de los artistas en ese preciso instante en el que se están jugando todo, ese factor riesgo que al fin y al cabo tiene defender cada propuesta en el certamen. Adiós magia.

    Dani Fernández: Se estrenó el nuevo supervisor de la UER emergiendo cual elefante en una cacharrería. Todavía no sé qué me parece más grotesco, si la inclusión de la nueva regla en sí o utilizar una pandemia y su contexto de crisis para justificarla. Tratándonos como imbéciles, cuando todos sabemos que esto viene para quedarse, como ya lo hiciera Australia en 2015. Una rastrera artimaña propia de la política gubernamental que mezcla el tocino con la velocidad, ya que para mayor contradicción, a su vez, se trabaja para que el Ahoy Rotterdam pueda estar lleno hasta la bandera. Perfecto.

    Como ya sucediera con otras modificaciones en el pasado, el Festival de Eurovisión da otro paso más en su desnaturalización. Pierde la música y con ello, se desmorona parte de su identidad, esencia e historia. Y no es drama, permítanme el derecho, con respeto, de sentirme cada vez menos identificado con aquel certamen que empecé a seguir hace casi veinte años. Mantener la fe entre tanta resignación empieza a convertirse en un ejercicio de superación. Tiempo habrá de analizar el peligro de esta barra libre y sus consecuencias, a medio o largo plazo. Mucha suerte, Martin Österdahl.

    ¿Y tú qué opinas sobre la decisión? Puedes compartirlo con nosotros en los comentarios.

  • Ibai Llanos monta su propio Eurovisión

    Ibai Llanos monta su propio Eurovisión

    Amenazó con hacerlo y lo ha cumplido: Ibai Llanos, popular narrador de League of Legends y creador de contenido para G2 eSports, ha montado su propio Festival de Eurovisión. Bueno, más o menos. La verdad es que lo que han montado Ibai y su network tiene más bien poco parecido con Eurovisión. Pero, ¿exactamente qué ha organizado?

    Lejos de querer imitar la idea de Stefan Raab de montar un Eurovisión como tal (es decir, el Free ESC), Ibai ha optado por imitar la otra idea de Stefan Raab para montar una especie de Bundesvisión a la española (su idea era llamarlo Españavisión) pero con variaciones que lo alejan bastante de Eurovisión. Por ejemplo, abandona el sistema de puntuación del eurofestival para tomar como máximo el 11 en vez del 12; no habrá votación dividida por regiones, sino que será un televoto único; y el mayor peso de la votación no lo tendrá el público, sino que la audiencia en su conjunto actuará como un miembro más del jurado.

    Más Ibainidorm que Ibaivisión

    Tampoco tiene mucho que ver con Eurovisión el premio, mucho más cercano a lo que podíamos encontrar en certámenes como el ya extinto Festival de Benidorm: la grabación de un sencillo con Sony Music (en condiciones, según las bases del certamen, “habituales en la industria para un artista novel” -guiño, guiño-), con posibilidad de firmar un contrato discográfico. Un premio muy jugoso para un montón de artistas. Esos que, sin apenas oportunidades, pueden encontrar una forma interesante de abrirse un hueco en el panorama musical.

    Lamentablemente, una idea tan interesante con un formato tan caótico se viene abajo en cuanto leemos el perfil del jurado: “profesionales destacados del mundo de la música, del gaming y/o del entretenimiento en general”. En esta vaga definición cabe desde DjMariio hasta JPelirrojo, pasando por Vegetta777 y Gisela by Gisela, y llegando hasta David Broncano o Sonia Monroy. Quiero pensar que en vez de eso nos encontraremos gente más seria, pero conociendo el público al que está destinado el evento…

    Es tu momento, Coral

    No obstante, y viendo que Ibai “Stefan Raab vasco” Llanos ha montado su propio Festival de Benidorm, creo que es justo que alguna de sus leyendas participe en esto. ¿Raphael? ¿Julio Iglesias? ¿Dyango? No: evidentemente hablo de estrellas de la música como Frank Bravo, Esmeralda Grao o Coral Segovia. Incluso eurovisivos de la talla de Brequette, Mirela o Jorge González.

    Es más: ¿se atreverán los genios Rafaah y Antonio Juan Sánchez Vega a colar alguno de sus ciento cuarenta mil descartes en Ibaivisión? Con esto se abre la ventana a que en el show de Llanos tengamos un “ritmito sensual” o un “ieieo”. O, puestos a pedir, unas galletas sonrientes a cargo del sensacional Juan Magan (sin tilde, como JaviAn). En tiempos de confinamiento, sabiendo que el próximo año tampoco tendremos preselección ni en España, ni en muchos países de Europa, nuestros genios compositores han de colar sus genialidades a alguien. ¿Qué mejor que a un chaval de Ceuta? ¿Alguien disponible en Melilla? ¡Talentosos compositores están disponibles!

    Estoy seguro de que muchos pagaríamos por ver a DjMariio dando su opinión sobre una joya de Rafaah. O a Maika Barbero alabando la participación de Maika Barbero, con una canción de Maika Barbero que se llame “Maika Barbero”, con una puesta en escena diseñada por Maika Barbero. O mejor aún: ver a L Mesa participando. Todo es posible en Ibaivisión.

    Bromas al margen, Ibaivisión sí que demuestra una cosa: la necesidad de un festival fuerte que potencie el talento joven y otorgue una oportunidad de entrar en la industria a aquellos talentos artísticos que tenemos en nuestro país. Algo que existe en Suecia o en Italia… y que, en España, durante muchos años, tuvimos hasta la fiebre de los OT, La voz y derivados. Pero de ello hablaremos en otra ocasión…

  • Amaia, no te entendimos del todo bien

    Amaia, no te entendimos del todo bien

    Como os habrá pasado a todos, a mi el confinamiento me ha servido para ver todo lo posible en plataformas de streaming. Coincidiendo con los días eternos de encierro, Amazon Prime Video estrenaba Amaia, una vuelta al sol, un documental de Vampire Films y Universal, en el que desgranan el primer año de carrera musical de Amaia Romero. Con unos escasos cincuenta minutos de metraje, la pieza es la viva radiografía de lo que se espera de la navarra, una cara que entronca claramente con la que vemos meses antes del inicio de este documental en Lisboa con motivo de la Eurovisión de 2018.

    El documental, siempre en primera persona, muestra la andanza de una artista joven e indecisa en su desembarco en la industria musical. Los primeros pasos nunca son sencillos, y en el caso de Amaia si algo queda claro es que necesitaba desconectar. Entre líos de filtraciones, cambios de productores, y desconexiones en latinoamérica que hacen formarse poco a poco su primer trabajo Pero no pasa nada, este documental de apenas una hora me ha hecho cambiar radicalmente la percepción que tenía hacia ella, sobre todo luego de ver ciertas actitudes en tierras lusas.

    Una personalidad ajena a presiones

    El ‘pero no pasa nada’ que da nombre a su primer trabajo nos suena de sobra. Es el mismo calcado al que oíamos una y otra vez en una de las escalinatas del Altice Arena al acabar Eurovisión 2018. Luego de obtener un muy frío vigésimotercer puesto, tanto a la pamplonica como al por aquel entonces su compañero Alfred se les notaba en la cara que el resultado era lo de menos frente a acabar con meses agotadores que nunca les acabaron de llenar.

    Sí, algo pasaba algo con el resultado, y de hecho las caras de la troupe de TVE detrás de los Almaia eran otras radicalmente opuestas. En el año donde el fenómeno fan juvenil había vuelto a engancharse a Eurovisión, todo lo que pudo salir mal salió mal, y el bottom era el doble de doloroso al ver como el Altice Arena estaba poblado de banderas rojigualdas. Pero probablemente, a Amaia, esto le daba igual, y no hay por qué culparla por ello.

    Con dos años de distancia, podemos ver a ciencia cierta como Tu Canción, pese a ser una balada más que decente, era un pack prediseñado para explotar el amor juvenil por vigésima vez en Eurovisión llegando a resultar hasta algo pretencioso. Luego de tres meses agotadores, la pareja se habían convertido de la noche a la mañana en la pareja de España, y con un verano de gira en el horizonte y unos proyectos profesionales muy ilusionantes, Eurovisión era la última piedra en el camino antes de ese objetivo. En Portugal vivieron un compromiso profesional que encima tuvo mal resultado. Como lo viviera Anouk hace años o probablemente los Hooverphonic este, pero con un bottom a la espalda. Algo, que se te queda para siempre.

    No, a todos no les tiene que gustar Eurovisión (más que nos pese)

    Como buen eurofan que seguro que eres, alguna vez se te ha llenado la boca de decir la oportunidad que es ir al festival para un artista, defendiéndolo como el evento musical más grande del mundo. Razón, no te falta, pero desgraciadamente la ilusión no puede ser nunca en la vida impostada.

    Si bien allá por 2001 tras el éxito de David Civera en Eurocanción, nacía Operación Triunfo como una mera preselección al Festival de la Eurovisión (bien nos lo cuenta Alejandro Abad en nuestra última entrevista), en 2017 la cosa no era así, hasta el punto de dudar en los propios meses de si el formato de Gestmusic acabaría siendo vía a la Eurovisión o la corporación pública optaría por un dedazo para Lisboa.

    De esta manera, no podemos culpar a nadie de que le haga más ilusión un concierto en su ciudad o salir en la tele que ir a Eurovisión. Partiendo de que hay que exigir un mínimo de profesionalidad ante el reto, y de que al firmar un contrato hay una serie de compromisos que cumplir, en España chocamos año tras año con la misma piedra: la de querer que el eurovisivo además de buen cantante y tener buena canción, tenga que ser una persona súper cercana y amigable.

    En el caso de Alfred y Amaia lo vivimos como el que más. Recién salidos de la academia de Terrassa, quitando alguna firma de discos, el camino a Lisboa fue el primer gran envite profesional de dos chicos, que guste o no, no tenían ninguna cintura en el asunto. Bajo esta premisa, las entrevistas pueden hacerse bola, la canción te puede no gustar o puedes acabar hasta el moño de los ensayos. Todos somos humanos, y desgraciadamente todos no somos eurofans o conscientes de lo que supone el Eurofestival. 365 días después Miki Núñez nos haría reconciliarnos con el concepto OT asociado a Eurovisión, al igual que Ramón del Castillo nos quitó el mal sabor de que Beth no fuera tan motivada a Riga. Sin embargo, la catalana (con un temazo de Andermay) se vino con un top-10 en el bolsillo, y eso hizo que no doliera tanto que pasara por la experiencia de puntillas. El resultadismo de siempre.

    Ya te entenderemos, Amaia

    La sencillez e irreverencia de Amaia nunca casó con Eurovisión. Y no pasa nada.

    Por ello, a modo de conclusión y quizá afectado por el influjo de positivismo y comprensibilidad de ir pasando fases en esta pandemia, creo que le debemos algo más de empatía a Amaia con su experiencia eurovisiva. Volviendo al documental, la pamplonica demuestra ser irreverente, relajada pero decidida con todo, algo que explica que con Eurovisión le pasara algo similar.

    Una chica que en su primer disco se muestra tan perfeccionista y cuidadosa, y que se enclaustra en el indie más diferencial de todo lo que puede sonar en radiofórmula en España, quizá pudo sentirse saturada de una balada donde la vestían como una señora de cuarenta años y encima tenía a todo el país encima.

    Como la primera cerveza a veces no gusta, la primera experiencia profesional a Amaia no le gustó, y dio la casualidad que resultó ser Eurovisión. Ahora, luego de recluirse prácticamente un año, por fin ha encontrado su sitio, en el que como en todo tendrá admiradores y detractores. El festival fue solo una raya en el agua más de una carrera que se intuye larga. Algún día lo comprenderemos.

  • Temazos que habrían salvado a sus países del fracaso en Eurovisión

    Temazos que habrían salvado a sus países del fracaso en Eurovisión

    A continuación, encontrarás una lista de candidaturas que, desafortunada e injustamente, cayeron derrotadas ante propuestas infinitamente peores que ellas en preselecciones nacionales, cuando podrían haberlo hecho mucho mejor en Eurovisión (o al menos, pasar a la final…)

    Sí, soy yo, Carlos Pecharromán. No estás soñando, he vuelto a la web del Movidas. Tampoco he extorsionado a ninguno de mis compañeros para que sean ellos quienes escriban estas líneas, soy yo de verdad, te lo prometo. Han sido bastantes días de ausencia, pero toda espera tiene su recompensa, dicen.

    El caso es que he regresado, cómo no, para derramar un poquito de odio, lo tradicional en mí. ¿Cómo? Os estaréis preguntando. Lo cierto es que me ha costado bastante —los chavales del Movidas no me han ayudado ni soplado nada— elegir un tema del que hablar.

    Viendo el Festival de Eurovisión, todos hemos pensado alguna vez: «otra vez eliminados en la semifinal, si es que tendrían que haber ido con ese otro que estaba en la preselección y que quedó segundo, no saben elegir». Estoy convencido de que a todos nos ha ocurrido, y si no, ya os digo que a mí muchísimas veces. ¡Y os voy a contar algunas de ellas!

    ‘Safari’ – Serena – Rumanía, 2018

    Empiezo fuertecito. Vamos a ver. Como gran conocedor de la música y tendencias rumanas que me considero a mí mismo —viví en Cluj-Napoca allá por los años 2015 y 2016—, me es imposible no iniciar mi lista de injusticias de preselección con la que se dio en el Selectia Nationala en 2008.

    La canción ‘Safari’ de Serena quedó novena y, por tanto, eliminada en la segunda de las semifinales de la preselección rumana. Si bien es cierto que la actuación en directo fue un tanto cuadro y ella no estuvo acertada vocalmente, es un auténtico temazo que podría haber quedado muy bien en Lisboa o al menos, haber pasado a la final. Adjunto el videoclip, con el que se queda uno con mejor sabor de boca.

    ¿Alguien me explica como pudieron ser elegidos The Humans para acudir a la capital portuguesa? ‘Goodbye’ es una canción sosísima, triste, cuya puesta en escena… no sé, no sabría describirla. Undécimos con 107 puntos, quedaron fuera de la final. Nada más que añadir, señoría.

    ‘In or Out’ – Elina Born – Estonia, 2017

    Otra desgracia. E incomprensible, además. Elina Born regresaba en 2017 al Eesti Laul después de haber protagonizado una de las actuaciones más míticas (si no la más) de Estonia en Eurovisión, junto a Stig Rästa en Viena en 2015 con ‘Goodbye to Yesterday’.

    La cantante interpretaba ‘In or Out’, un auténtico temazo que en la primera semifinal de la preselección pasó directamente al clasificar como tercera de diez entre el jurado. Y en la final… ¡boom! ¡Décima y última! Vamos a ver, gente de Estonia, ¿qué pasa? Descartar de forma tan cruel a lo que posiblemente podría haber sido un nuevo éxito del país báltico en el certamen.

    Pues no, Kooit Tome y Laura Põldvere con ‘Verona’, una de las peores canciones que probablemente hayan pasado por Eurovisión. Una auténtica basura. Y claro, decimocuartos en su semifinal, fuera otra vez —como en 2016—, y los lloros. ¡Anda! ¡Moñas, que sois unos moñas!

    ‘Asaj’ – Nilsa Hysi – Albania, 2016

    Vale, aquí traigo un combo porque esta me toca especialmente la moral. El Festivali i Këngës es una de las preselecciones nacionales más esperadas por todos los eurofans ya que se trata de la primera de la temporada eurovisiva. En el año 2016, la ganadora fue Eneda Tarifa con la canción ‘Përrallë’, que posteriormente sería ‘Fairytale’. La misma bazofia, básicamente.

    No puede ser que el país que por tradición selecciona la primera canción de Eurovisión, se decante por una propuesta que, por todos es sabido, va a tener un revamp con el que no va a conseguir absolutamente nada. Todos los años igual, pero este en concreto, terrible. Así la gente no demuestra interés por lo que se viene. Y decimosexta en la semi, pa’ su casa.

    Ese año en el FiK hubo dos candidaturas que claramente lo habrían hecho mejor en el Globen de Estocolmo, y esas son ‘Mermë që sot’ de Aslajdon Zaimaj (de la cual no he encontrado vídeo, lo siento), que quedó en segundo lugar en la gran final, y la maravillosa ‘Asaj’ de Nilsa Hysi, que finalizó en sexta posición en la tabla, y primera en mi corazón, porque menudo temazo.

    ‘Crossroads’ – Satin Circus – Finlandia, 2015

    Momento crítico, que diría Maika Barbero. Lo del UMK finlandés de 2015 es sencillamente inexplicable. ¡Un tema bueno! ¡Uno! ‘Crossroads’ de Satin Circus era lo único que el país de Papá Noel necesitaba para plantarse en la final de Viena. Pero no, a la gente se le fue la pinza y, sobre todo, la mano con el móvil. Y la lio parda.

    Cinco doces del jurado para Satin Circus por solo uno de los Pertti Kurikan Nimipäivät y su ‘Aina mun pitää’ se tradujeron en 2,1% del total de la votación, que de nada sirvió cuando la banda recibió un 36,2% de los televidentes para llevarse el triunfo y acudir al certamen con la canción más corta de toda su historia, y la más horrorosa. ¿El resultado? No digo nada.

    ‘I Don’t Wanna Dance’ – Nikki Ponte – Grecia, 2011

    Probablemente, uno de los reveses más duros que haya recibido en mi vida como eurofan en cuanto a preselecciones. Quizás porque fue el primero, no sé. Yo comencé a ver finales nacionales en 2011, y el Ellinikós Telikós de ese año fue una de ellas. Qué duro.

    Nikki Ponte, con ‘I Don’t Wanna Dance’, tenía todas las de ganar la final… con la primera versión, la del vídeo de presentación de candidaturas. La cantante, muy al estilo Lena Meyer-Landrut —que había ganado el año anterior—, se dedicaba a cantar y bailar sola, con bastante desparpajo.

    Pero lo de la gala fue terrible. ¿Esa versión? ¿Esos atuendos? Virgen santa, qué espanto todo. Y así pasó, que ganaron Loukas Giorkas y Stereo Mike con… esa cosa llamada ‘Watch my Dance’ que no hay por donde cogerla. Folklore malo y rap aún peor, todo junto. 22 puntos por delante de los 19 de Trimitonio con ‘Hamogela’, que también estaba bastante bien y podría haberlo petado en Düsseldorf, y 18 de Nikki. Lo peor es que pasaron a la final y encima quedaron séptimos. Aún no me explico cómo.

    ‘Imperija’ – Esma & Lozano – Macedonia del Norte, 2013

    Lo mejor tiene que ir siempre al final. En este caso, lo más injusto. Y es que para concluir no he escogido precisamente una canción de preselección que es mejor que la que realmente fue a Eurovisión, sino una elección interna que aún a día de hoy duele, y mucho.

    La televisión pública de Macedonia del Norte (por aquel entonces Antigua República Yugoslava…), MRT, presentó a Esma y Lozano con la canción ‘Imperija’. Un temazo. Un señor temazo. Bajo mi punto de vista, no podía reflejar mejor al país balcánico, su música, su forma de ser, no sé. Mira que se poco yo de música macedonia, pero la escuchaba y decía: «son ellos».

    Bueno, pues a los pocos días la cambiaban. ¡La cambiaban por un tema horrible! Al parecer la canción no había causado demasiada satisfacción entre el público local y había habido quejas. ¿Y no hubo quejas de la otra? Venga, hombre, eso no se lo cree nadie.

    ‘Pred da se razdeni’, nombre de la que finalmente viajó a Malmó, era espantosa. Un circo. Yo llego a ser ellos y me niego a interpretar algo así. Penúltima de su semifinal fue, claro, y demasiado bien quedó. Todavía lloro cuando pienso en semejante sacrilegio. No te lo perdonaré jamás, Macedonia del Norte, ¡jamás!

    ¡Hala, para que luego os quejéis de Manel Navarro los que ibais con Mirela! Al menos España tiene su puesto garantizado en la final, pero estos países perdieron una oportunidad de oro para poder pasar a la gran noche del sábado por sus malas elecciones. Con esto, concluyo el primer post de la que sin duda va a ser una serie maravillosa de piezas. ¡Nos vemos!

  • Intervisión: la Eurovisión soviética que quizá no conocías

    Intervisión: la Eurovisión soviética que quizá no conocías

    Que la música es considerada para todos herramienta de unión, celebración y unidad, es algo más que sabido. De hecho el Festival de Eurovisión nace tras la huella sangrienta de dos Guerras Mundiales buscando unir y apaciguar en Europa con la televisión como buena nueva y la música como arma. En un certamen capacitado para juntar el año pasado hasta a 41 nacionalidades distintas y entremezclar una crisol de culturas en la ciudad de Tel Aviv abriendo fronteras, desde sus inicios allá por 1956 consiguió reunir a naciones enteras en torno a un televisor y una serie de canciones cada una con su idioma, escena y mensaje.

    Sin embargo, no siempre toda Europa disfrutó del festival, pero toda Europa sí tuvo un festival similar. Y es que la Guerra Fría también tuvo su impacto en Eurovisión. Desde la construcción del Muro de Berlín en 1961, Europa quedaba dividida ya físicamente en dos bloques: un ala comunista al Este y la capitalista al Oeste, bandos que pudieron estar unidos para combatir el fascismo pero que una vez vieron capitular a la Alemania de Hitler se convirtieron en enemigos acérrimos.

    En años de carreras en el espacio o el avance tecnológico y social todo bajo una fiel idea de mayor progreso en un lado que en el otro, la vieja Europa tenía consigo un festival musical que enamoraba a propios y extraños. Lys Assia inauguraba en Lugano una religión en torno a la música prácticamente, y dejando poco a poco los males de guerras pasadas, el ala oeste disfrutaba de marionetas en una cuerda, felicitaciones en inglés o monosílabos que alegraban el alma. En este aspecto el oeste se lo llevaba de calle.

    En frente, se encontraba la Europa de la Unión Soviética. Bajo la idea de que frente a muros el lado contrario siempre era un espejo para llegar a superarlo, el ala este necesitaba de un festival similar, una noche donde la música fuera protagonista, y consigo se ensalzara la imagen de una vasta nación y una cultura sin igual. Así, aprovechando que precisamente la semana posterior a la creación del Muro de Berlín nacía la Red de Estaciones de Televisión de Europa del Este, el gobierno soviético se comenzaba a plantear una Eurovisión del Este.

    La red, denominada Intervisión y con sede en Polonia, pronto encontró solución a esa necesidad de crear un Festival Soviético de la Canción gracias al Festival de la Canción de Sopot. Esta ciudad, una de las más industriales de la Polonia de la época, también era conocida por su gusto por la música y sobre todo por la fama de sus certámenes de piano. El festival, que comenzara en 1961 (ligeramente más joven que Eurovisión) y que ha tenido ediciones hasta hoy día, tuvo como mentor al pianista Wladyslaw Szpilman.

    El pianista, que llegara a la fama mundial a posteriori al estrenarse en su memoria en 2002 la película de Roman Polanski “El Pianista”, a su vuelta de torturas durante la II Guerra Mundial por el bando nazi e incluso escapar de un campo de concentración, encontró en la música el mejor escondrijo para aliviar penas. Comenzando a reunir en Sopot a pianistas de prestigio de uno y otro lado del mundo, aprovechó su cargo de Director de la Radiodifusión Polaca para dar pie al Festival de la Canción de Sopot.

    De Sopot a la Intervision

    Finalmente en 1977 se celebraría el I Festival de la Intervisión, el que desde sus inicios contó con muchas más peculiaridades a diferencia de Eurovisión. Cuentan gentes del lugar que para el soviético medio esto de un festival de la canción no era nada nuevo, puesto que jugar con las antenas y violar los inhibidores de frecuencia soviéticos para ver Eurovisión desde el Este era algo más que común. De esta manera, Sopot sería la sede permanente de un festival que solo tuvo cinco ediciones, y que se mostró muy abierto a la participación de aliados de todo el mundo.

    Aliados como Cuba, República Dominicana, Nigeria o Mongolia terminaron por ser habituales del festival, ofreciendo una mezcla curiosa a un festival muy encajado en ritmos caucásicos. Junto a ellos, siempre quedará la curiosidad de Finlandia, única nación como tal que pudo participar en mismos años tanto en Eurovisión como Intervisión, al ser miembro de ambas federaciones.

    Finlandia, el éxito tras el telón

    Marion-Rung-Euromovidas
    La polifacética Marion Rung fue toda una mujer de festivales.

    Hablar de Finlandia y Eurovisión no es hablar precisamente de éxito. Los fineses, que acumulan 53 participaciones en el festival, hasta el Hard Rock Hallelujah de Lordi (2006) no sabían lo que era ganar, y solo un sexto puesto en 1973 con Marion Rung era su mejor puesto.

    Precisamente, de Marion Rung queríamos hablar. Y es que el mito finés, que participara hasta en dos ocasiones en Eurovisión (una primera en su segundo año en liza, 1962, y otra en 1973), también decidió dar el salto a Intervisión en su última edición, la de 1980, venciendo con un tema llamado Hyvästi yo, algo así como “Noche de despedida”. El título parecía una profecía.

    Así, Finlandia no solo presume de haber compaginado Intervisión y Eurovisión, sino también de haber conseguido ganar en el Este antes que en el continente capitalista, con una participante que ya había estado en dos festivales de Eurovisión previamente.

    El método de votación, lo más comentado

    Como saben, si hablamos de Eurovisión habría que esperar hasta 1998 para que el televoto llegara completamente al festival, sin embargo en Intervisión, la cosa parecía un poco más democrática. Partiendo de que no todas las casas soviéticas de la época disponían de un teléfono, el gobierno instaba a votar por la canción favorita a través de la corriente eléctrica.

    ¿Cómo es eso? Muy sencillo. Se avisaba de que el concurso se viera con todas las luces apagadas de la casa, y solo se encendieran en caso de que la canción que se estuviera emitiendo gustara en el hogar. Así, con posterioridad, se mirarían los picos de electricidad de toda la Unión Soviética por momentos, sabiendo así que canción había generado más luz. Esa, sería la ganadora.

    Con mucha discordia ya que era un método de recuento tremendamente complicado para un uso como el de un festival de canción, esta medida si algo dejó claro es que el futuro de los festivales debían estar en el público, aunque hubiera que estar a oscuras.

    Otras curiosidades del festival

    También es interesante valorar otras curiosidades que diferenciaban Eurovisión de Intervisión. Vamos con ellas:

    • El tiempo de duración de las canciones: Si bien Eurovisión es tremendamente estricto con la duración de las canciones y nada se puede hacer para que una canción pase de tres minutos, en Intervisión la duración no fue problema. Llegando a darse hasta actuaciones de 25 minutos de duración, la gala podía hacerse eterna, ya que los bises estaban más que permitidos.
    • La sede, siempre Sopot: Otro de los hechos diferenciales de Intervisión es que no era un concurso itinerante. En sus cinco ediciones, Sopot siempre fue la ciudad que lo albergó, con la validez de una larga historia organizando el festival de la ciudad. Como curiosidad, en 2008 Intervisión volvió, en esta ocasión en Sochi y venciendo Tayikistán, en un ejercicio de fuerza orquestado por Rusia sin mucho éxito.
    • La última edición, países vs. discográficas: En la última edición, previa a la proclamación de la Ley Marcial en Polonia que acabó con el festival, Intervisión se centró en un duelo entre discográficas y países. En aquella velada, que acabaría ganando Finlandia y Marion Rung, quedó clara la diversidad del concurso, y ese matiz de innovación típico de la Guerra Fría. Intentar ir siempre un paso más hacia delante.

    El final de Intervisión

    Hablar de la década de los 80 unida a la Unión Soviética es hablar del inicio de la decadencia y final de la Europa Oriental. Algo parecido terminó acabando con Intervisión, Y es que la Ley Marcial fue proclamada en Polonia en 1981, fruto del nacimiento del movimiento Solidaridad, una federación sindical que comenzó a manifestarse en pos de mayores libertades en el bloque soviético. Esto, en una zona tremendamente industrial como la de Polonia, desembocó en ser considerados por el gobierno como contrarrevolucionarios, e iniciarse un estado de control policial que acabaría con el festival.

    El certamen volvería en 1984, pero de nuevo bajo la nomenclatura de Festival de la Canción de Sopot, y sin ese elemento internacionalista que lo hizo tan famoso. Idas y venidas siguen habiendo con Intervisión, y entre ellas la ya comentada de una celebración en Sochi en 2008, o el intento de vuelta en 2014 por Vladimir Putin, tras la victoria de Conchita Wurst.

    Pero pese a todo, hablar de Intervisión es hablar de una parte de la historia de los festivales musicales, y un episodio más de la Guerra Fría que tuvo como miembros dos festivales con un mismo objetivo: el de unir bajo la música, y con un mismo anhelo, el de la supremacía en un mundo que estaba dividido en dos.