Los cinco grandes retos para Eurovisión de la RTVE que quieres

10 Sep, 2021

Poco a poco, y a pequeños gestos, van creciendo los brotes verdes en la nueva Radio Televisión Española. Desde la llegada de José Manuel Pérez Tornero como Presidente de la corporación, es indudable que se han notado movimiento y cambios en todos los niveles en una pública que los necesitaba, los reclamaba, y que tenía que mirar hacia el futuro próximo de otra forma. 

Nosotros, como seguidores exacerbados de Eurovisión, hemos aprendido durante años al dedillo el organigrama de RTVE, ansiando una serie de cambios que a veces hasta se nos escapaban de nuestro conocimiento. En búsqueda de obtener un mejor resultado en el festival, nos torturábamos sobre la Dirección de Entretenimiento, los realizadores de las preselecciones que realizaba la pública, o incluso valorábamos los presupuestos sobre el festival que año a año aparecían en el Congreso a petición de fuerzas políticas que consideraban que Eurovisión era un gasto superfluo. 

Sin embargo, en todo este proceso donde el eurofan medio hacía cábalas mil para encontrar un resquicio de luz en una década calamitosa en el festival, faltaba algo que siempre funciona, cuesta poco, y hace cambiar las opiniones de la gente al momento: escuchar y hacer partícipe a la audiencia de los procesos. La nueva RTVE ha llegado preguntando, creando incluso ‘La Gran Consulta‘, de la que ayer se reconocía que la mayoría de preguntas eran sobre Eurovisión. Habían ganas de proponer cambios.

Año tras año, el método de selección del festival cambiaba por sorpresa, jugando al ensayo y error y dejando en manos de la audiencia la votación, pero nunca la opinión sobre el formato. Como si fuera cíclico, España conseguía un pobre resultado en el festival, la corporación lo reconocía a regañadientes, y el eurofan acaba yendo al Defensor del Espectador, donde calmaba su desazón esperando una respuesta. 

Esto, podemos decir a boca llena, que en 2021 parece haber acabado. La presentación de la temporada de RTVE en Callao tuvo la obsesión de repetir como un mantra que quería hacer partícipe al espectador. Recurriendo a una campaña de marketing afinada, y a llevar a esos personajes de la televisión y la radio a la calle misma, para sorpresa de propios y extraños se repetía una y otra vez que “Eurovisión era la gran apuesta del grupo para 2021”. Como el niño al que luego de años de carbón esperaba su regalo la noche de antes de Reyes, el eurofan poco a poco se va ilusionando, porque la confianza, se la están dando de partida. Pero, ¿qué esperamos nosotros de esa RTVE que promete un giro de 180 grados respecto al festival? Vamos por puntos:

Un Benidorm longevo y en proyección

No es lo mismo ser experimental probando formatos que ser creativos y experimentales en un formato fijo. La vuelta del Festival de Benidorm (o como se acabe llamando) es una respuesta clara a un grito de los fanáticos de Eurovisión: el de encontrar un formato perenne de preselección. 

El cambio de dirección, los cantos de sirena de Ximo Puig y la Generalitat Valenciana y la victoria de Måneskin, que confirma el éxito de Sanremo, han traído a España de vuelta un festival que tuvo un ocaso muy oscuro a mediados de los 2000, pero que aún conserva un prestigio en la retina de muchos. 

Considerando la casa a Benidorm como un proyecto a largo plazo (Se deslizaba que mínimo cinco años estarían unidos al formato), RTVE se enfrenta al reto de ir creciendo con el festival al mismo tiempo de tener que conseguir una primera edición rompedora. 

Benidorm lo marcarán tanto los artistas interesados en ir así como su realización y disposición escénica. Asumiendo que ni el Benidorm Palace ni el Auditorio Julio Iglesias son recintos top a nivel español, el reto residirá en hacer un producto limpio, cuidado y medido al milímetro. España, RTVE, y la marca Eurovisión necesita un formato sin fallos de sonido, sin conceptos estrambóticos que no salgan bien, y que dé gusto verlo. Si a esto le sumamos que las discográficas acaben colocando buenos caballos de batalla, y que la candidatura abierta te deje sorpresas, Benidorm se estrenaría por la puerta grande. 

En definitiva, como todo en la vida, el segundo será mejor que el primero, y seguramente el tercero mejor que el segundo. Pero hay que evitar los fantasmas de que el primero no sea atractivo. Hay tiempo y trabajo por delante. 

Un giro en los resultados a medio plazo

Ayer mismo sin ir más lejos, en la previa de la gala en Callao, Fernando Macías entrevistaba a Skone y Sara Socas, dos de las figuras del freestyle en España, y les preguntaba directamente si irían a Eurovisión. Tras la cara de estupefacción, Skone decía que “al menos en España últimamente no hay mucha expectativa con el festival”, quitándose presión por si le tocara ir. 

Esta concepción, es generalizada en la sociedad, y solo los buenos resultados harán cambiar el parecer general. No es que RTVE necesite cinco top-3 consecutivos para reenganchar al usuario poco habitual que ve el festival año a año pero no espera nada, es que un simple buen resultado sería suficiente. 

En el momento en el que España medio luche por el festival, los fantasmas del Chikilicuatre serán cosa del pasado, y ese quizá es el gran reto de la pública para 2021. Es difícil empezar con éxito (a menos que seas Ucrania o Serbia en los primeros 2000), y ejemplos como la delegación búlgara o la ucraniana atestiguan que solo el trabajo día a día trae resultados. Pero solo ese cambio de chip enganchará de nuevo al poco habitual e incluso al hater, porque al final, la plata siempre atrae. 

Encontrar esa ‘Playz’ musical

Otra de las grandes apuestas de la nueva RTVE es atraer de nuevo al público joven, y bien se sabe en la casa que Eurovisión es uno de los filones. 

Playz es otro de los ejemplos de esa RTVE diferente y joven que atrae a los menos habituales, y que crea formatos en plataformas inhóspitas para la pública aglutinando talento recién llegado. 

Ese tipo de perfil, sería muy interesante también en Eurovisión. Al final, el festival es un fiel heredero de la Cultura Popular de los 2000, la que llena todos los formatos de entretenimiento. Conseguir llegar a ese músico joven e irreverente sería una baza fundamental para la riqueza de Benidorm y de la marca Eurovisión. 

España es a día de hoy también música de barrio, el indie más indie o la vuelta del pop de los 2010. Tener registros así harían que el festival tuviera reflejo de la música actual. Tras años enclaustrados en el ‘registro Cadena Dial’ (que ojo, no es malo, pero tampoco el único), en la variedad estará el éxito. 

Mantener el nivel en el Junior como carta de presentación

La vuelta de España a Eurovisión Junior ha sido uno de los grandes aciertos de los últimos tiempos de la ‘antigua’ RTVE. El festival, que parecía hace unos años que iba abocado a su desaparición, ha encontrado en los miembros del Big-5 un salvavidas estupendo, y a España le ha supuesto un caladero de buenos resultados que no obtenían en el senior. 

Las elecciones de Melani y Soleá fueron ejemplos perfectos de entender el festival y llevar talento. Los terceros puestos fueron grandes resultados, pero nos dejaron con ganas de algo más, buena muestra de la ambición de la pública en el certamen infantil.

Por ello, a sabiendas de que París será la primera cita para la nueva delegación de Eva Mora, Amalia Martínez de Velasco y Ana María Bordas, volver a cosechar un buen resultado o incluso ganar sería un golpe sobre la mesa. 

Sin ir más lejos, la France Telévision entendió que en su nueva etapa más ambiciosa tenía que empezar por ser competitivo en el Junior, y de la mano de Valentina y de Barbara Pravi en la composición, se llevaron un festival que fue el aperitivo a la ‘casi’ victoria en Róterdam. 

Sabiendo que Valencia está más que preparada para albergar un evento así, ¿por qué no ir a por todas a La Seine Musicale? Si consigues el trofeo, la imagen de Eurovisión cambiará por completo a semanas de Benidorm. Es un win-win. 

El diseño y la imagen capital

La vanguardia se ve, se escucha, y se disfruta. La propia Eva Mora decía en el photocall de la gala de Callao que “hay que prestar atención a otras televisiones extranjeras que lo hacen muy bien”, y más razón no puede llevar. 

En los últimos años, hemos visto como televisiones públicas de todo tipo de signo y presupuesto han elaborado conceptos trabajados y vistosos que han encandilado a Europa. Modelos como los del Festival da Cançao portugués o el UMK finés demuestran que el presupuesto no lo es todo para hacer un formato limpio, escenográficamente intachable y de calidad de imagen y sonido. 

Más que nos pese, los últimos productos de RTVE han estado muy lejos de esos perfiles. La gala de Blas Cantó, sin ir más lejos, intentó tener atadas dos puestas en escena con un escenógrafo contratado de fuera, y no se alcanzaron los objetivos. Tu primera actuación es tu carta a Europa, y si organizas un festival lloverán las VPN y señales internacionales que te verán en medio mundo. 

Por ello, partir de una imagen cuidada, un naming atractivo y sobre todo una propuesta escénica, sonora y visual a la altura serán otro de los grandes retos de la pública, la que además ha de pensar que no trabaja para una edición, trabaja en poner las primeras piedras de una imagen que perdurará años. 

En conclusión…

De esta forma, el primer paso se ha dado: el de ir recuperando la ilusión. Tras la elección del comité de expertos quedó claro que desde la pública buscan retomar Eurovisión desde el trabajo y la dedicación, y colocarlo en el centro del tablero de la programación en RTVE. 

Ahora, quedará esperar, apoyar y disfrutar del resultado. El fanático de Eurovisión en España es ese seguidor fiel que sigue al pie del cañón a pesar de los resultados y las decepciones. Es un fan en el mayor sentido de la palabra, un enamorado de una pasión con la que sueña algún día celebrar una victoria. Y en el festival, (casi) nada es casualidad. Todo es trabajo y dedicación, y eso, lo tendremos por seguro. 

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