Lo reconocemos, estábamos con la escopeta cargada ante la peli de Netflix sobre nuestro apreciado Festival de la Eurovisión. Promo tras promo, no hacíamos más que pensar que la estratagema de Will Ferrell y compañía iba a ser una mofa más a un evento que pese a ser considerado el espectáculo musical más grande del mundo, vivimos acostumbrados a que sea la risa en cualquier círculo de gente no seguidora del festival.

Sin embargo, también reconocemos que el sabor de boca al acabar la película ha sido más que bueno. Y es que pese a considerar que estamos ante una trama más que manida, y que esto del ‘sueño americano mal’ lo ha explotado Ferrell mil y una veces, The Story Of Fire Saga es el perfecto punto medio entre una película para el público general (sobre todo americano) y una peli que guste al eurofan, el que siempre es exigente con lo suyo.

Con todo esto, es momento de ir resumiendo las claves que creemos que han hecho de la peli un éxito, y han convertido un producto de nicho en un film que se ha colado en los más vistos de Netflix en medio mundo. ¡Vamos uno por uno!

1. Guiños al eurofan

Al igual que ahora se ha hecho una película de Eurovisión, hemos visto en los últimos años como se hacían pelis de fútbol, baloncesto, NASCAR (Will Ferrell hacía una de hecho), o del mundo del faranduleo jugando en esa fina línea de realidad y ficción. The Story Of Fire Saga no está lejos de estas, y han sabido jugar con el entorno perfectamente.

Aprovechando que a Ferrell el festival le ha caído en gracia, y que la UER ha visto un filón en promoción e imagen con el largometraje, que la peli cuente con estrellas de la talla de Anna Odobescu, coloque a un Jon Ola Sand ficticio o recree un Songvakeppnin inventado son cosas que al eurofan medio le vuelve loco.

Como contrapunto, en pos de la emoción, el guión se ha permitido otras licencias como las de colocar votos en semifinales o dejar a España participando en la misma y recibiendo doce puntos, algo que a todas luces tiene que ser ficción. Sin embargo, estos ‘errores’ son una raya en el agua frente a todas las licencias que se toma una película grabada milimétricamente en Tel Aviv mientras el festival de 2019 tenía lugar.

2. Guiños al espectador general

Lars y Sigrit no saben como acaban en Eurovisión, pero consiguen éxito

The Story Of Fire Saga es esa película que entraría genial en una tarde de domingo bien acompañado de sofá, manta y palomitas. Sin embargo, con una temática un tanto peliaguda como Eurovisión, no era tarea fácil en dos horas encontrar personajes que empatizaran con el público general y que al mismo tiempo explotaran los clichés del festival.

Sin embargo, lo han conseguido de lleno con los personajes de Rachel McAdams y Will Ferrell. Situando el inicio de la trama en la lejana Islandia de elfos y frío, Lars y Sigrit son dos personajes que caen bien solo de verlos, y que si bien son frikis del festival (sobre todo Lars), se les coge cariño pronto, deseando desde el primer momento que lleguen y ganen Eurovisión por la puerta grande.

Junto a ello, redondear el paradigma del éxito y el más que trillado ‘sueño americano’ con puntuaciones que se deciden al final, un amor que no llega a buen puerto, y un final agónico donde el resultado da igual, son la cuadratura del círculo a una película que sabes como va a acabar desde el principio, y que te hace sacar una sonrisa, seas fan o no de la Eurovisión. Ahí está el gran triunfo del film.

3. Música que podría funcionar perfectamente en el festival

Husavik sería muy competitiva en un festival real

Sabemos perfectamente que llevas una semana quemando Husavik o Double Trouble en Spotify, nosotros también. Y es que dejar la producción musical de la película en manos nórdicas es probablemente el mejor acierto de la misma.

Viendo nombres como los de Thomas G:Son o Molly Sandén detrás de las canciones, que todo fuera grabado en el aura del Centro de Convenciones de Tel Aviv hace que por momentos te creas que las canciones son del mismo festival. Desde el girito latino arrogante de Alexander Lemtov que recuerda al magnánimo Phillip Kirkorov, hasta ver a Demy Lovato enfundada en un midtempo que quedaría sexta en una semi del Melodifestivalen, todas las canciones están pensadas por algo.

¿Que esto reafirma la cantidad ingente de clichés que tenemos musicalmente hablando en el festival? Sí. ¿Que estos clichés nos dan la vida? Pues también.

4. Explotar la vía apasionada

La ilusión por el festival, el cliché que más une a fans y la película

Por último, hemos de asumir que todos más o menos somos un poco Lars Erickssong. El festival de la Eurovisión o se vive apasionadamente o no se vive, y la figura que encarna Will Ferrell lo deja más que claro. Quizá por su experiencia viviendo el festival en Lisboa un año antes, o porque directamente le gusta el certamen, Ferrell en la película termina nadando en aguas frías y metido en un coche con seis guiris para llegar al pabellón en Edimburgo, al igual que tú haces cuatro escalas y ahorras todo el año para ir al festival cada mes de mayo.

El paralelismo es claro, y si bien en el inicio el pequeño Lars es abochornado mientras baila al son de Waterloo en 1974, luego consigue convertir de su sueño su vida, y llegar donde siempre quiso. Una lección que le vale al eurofan, y al que no lo es, pero que quizá hace sentirse mucho más identificado al primero. Su speech justo antes de empezar con Husavik y ser descalificados de la final en Edimburgo, podría ser el tuyo o el mío, y ese, es el gran acierto de la película.

¿Y tú, qué opinas? ¡Déjanos en los comentarios qué te ha parecido la película!

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