En la rueda de prensa posterior a Eurovisión Junior, mi compañero Dani Fernández le preguntó a la directora de entretenimiento de TVE, Toñi Prieto, por la posibilidad de organizar una preselección para el Junior en el futuro. Ella, dejando la puerta abierta, respondió con una afirmación: “no suelen funcionar muy bien todos los programas previos donde hay una preselección para Eurovisión”.

Sí, es una afirmación que es cierta: las preselecciones españolas no han funcionado en términos de audiencia. Pero la pregunta es otra: ¿alguien en la corporación se ha preguntado por qué esos programas nunca han funcionado? O, dicho de otra forma, ¿alguien ha pensado cómo podrían hacerse preselecciones públicas que sí que funcionen en términos de audiencia y repercusión?

El buen ejemplo de OT 2017

Segundo artículo consecutivo en el que alabo a Gestmusic. ¿Qué me pasa? Pues que hay cosas que desde Can Tinet han hecho bien (muy, muy bien). Y el ejemplo perfecto lo encontramos en la preselección que realizaron en Operación Triunfo 2017 de cara a Eurovisión 2018. Algo que hace que prácticamente sea, en cuanto a canciones, la mejor selección desde Eurocanción 2001. ¿La clave del éxito? Que se basaron en algo muy sencillo: si quieres buenos temas, a quien has de llamar es a los creadores de las mismas. ¿Quieres buena limonada? La clave está en el limón, no en el vaso.

Tal y como han reconocido desde la corporación pública, a la hora de hacer selecciones no buscan ni compositores, ni canciones: buscan intérpretes. Algo que sorprende, porque somos uno de los pocos países que construyen la casa por el tejado. Más aún cuando ves que los países con mayor éxito reciente en el Festival (los países nórdicos, Italia, Portugal…) han centrado sus esfuerzos en encontrar grandes temas, ya sea mediante la recepción directa de canciones o llamando a los compositores más destacados de sus países.

Y es un mal que también tenemos dentro del mundo eurofán: no podemos pretender de buenas a primeras que nombres como Álvaro Soler o Pablo Alborán se presten a participar en una preselección. ¿Qué tal si en vez de como participantes, aparecen como compositores?

Aprendiendo de San Remo… y de Mask Singer

Sí, ya sé que el Festival de San Remo lleva 7599 años y bla, bla, bla. Pero algo harán bien para mantenerse tantos años en plena forma, más aún viendo las espectaculares audiencias que ha conseguido Amadeus. Uno de los pilares está claramente en el concepto de tradición que ha generado en los espectadores; otro, en el sentimiento de programa clásico de entretenimiento italiano; pero el último, tal y como demuestran año tras año las audiencias, y es el sentimiento de curiosidad.

El girasol que emocionó al Ariston

En España, ese sentimiento se ha reflejado mediante un programa: Mask Singer. ¿Quién se esconde detrás de las máscaras? El efecto sorpresa, las teorías… es algo que también se logra en el Festival de San Remo: ¿qué tema destrozará este año Marco Masini? ¿Qué canción perpetrará Arisa? ¿Con qué vestuario nos sorprenderá Achille Lauro? Son elementos que no son sencillos de encontrar, pero que sí parten de dos premisas: una selección variada de candidaturas, y mantener hasta el final la emoción de escuchar por primera vez cada una de las canciones.

¿Quién va a tragarse Objetivo Eurovisión?

Si vemos las preselecciones españolas, en absolutamente todas hemos tenido alguna canción favoritísima antes de la propia gala. Incluso en algún caso sabíamos de antemano qué canción iba a ganar (¿verdad, Pastora?). Si el nivel de los temas es terrible, los cantantes son conocidos en su casa, la gala es infumable y el resultado es predecible, ¿qué aliciente hay para ver la gala? Y tampoco son galas para el gran público: son programas pensados para el nicho eurofán y para los señores que no saben que hay más canales además de La 1. ¿Un medley con Mirela como gancho? ¿Esto va en serio?

Vamos a darle la vuelta a la tortilla: tenemos una gala con compositores reconocibles por el gran público, de todas las edades (desde José Luis Perales hasta Ladilla Rusa, ¡qué sé yo!), intérpretes avalados por esos mismos compositores, una promoción a la altura (hay que crear un evento en torno a la preselección) y un gancho para la audiencia (que las canciones se revelarán en la propia gala), así como un ritmo adecuado de programa (las valoraciones del jurado en plató, en 2020, son antitelevisión) y un presentador que permita conducir un buen show… ¡y ya tenemos la materia prima! Así, y solo así, se podrá decir que las preselecciones en audiencia no funcionan.

En conclusión, si un alumno hace 3 exámenes para los que no ha estudiado, y en los 3 saca un 1, no es que ese alumno sea malo examinándose: es que no ha estudiado para aprobar. Pues eso ha pasado con las preselecciones españolas: se ha ido sin estudiar… y ahí están los suspensos en audiencia, en repercusión y en resultados. ¿Qué tal si, en vez de sacar conclusiones precipitadas, probamos a estudiar una vez? Lo mismo hasta nos sorprendemos…

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